• Facebook
  • Twitter
  • Rss
Radio Progreso
Melissa Cardoza

Melissa Cardoza

Escritora feminista hondureña.

Email: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
Martes, 22 Septiembre 2015 15:12

¿Y ahora?

Para anarella

 

Acariñar el mundo talvez

No  sé si para eso aún hay tiempo

Los hipócritas celebran la inmolación ajena

durmiendo a salvo en camas propias con delirios bélicos

ahí donde la lluvia no los lastima

porque es buena el agua del cielo fuera de una celda

su valentía alcanza para putear choferes en marcha

asustar mujeres en la oscuridad de la noche

usar palabras grandilocuentes, estúpidas y vacías

propias de coleccionables  héroes de agachón

 

Hacer que desagonice la esperanza talvez

No sé si hay viento bueno para animarla

Los que soplan sobre el odio maldicen con terror

una y otra vez tu nombre después del padre nuestro y antes del  ave maría

van a buscar ese rostro  en las esquinas de los nuestros

y matarán como es su ley y mandamiento

como lo vienen haciendo

nombrando palabras feroces para la gente

que no es su gente,  pero es la tuya, la mía

 

Desandar el tiempo, talvez

marcha la muerte desde atrás hace tanto en esta geografía

amarrarte ese trágico  día a tu propia cama a punta de risas

tornar el destino, tejer con las moiras otro camino

y darte chocolate, semitas recién hechas,

leerte un cuento o tres

desalambrar las palabras que para ustedes son ridículas

decirte amor,  tiernito de mi corazón, consentido mío

zurcir, con muchas manos, las hojas al árbol pelón sin que se noten los remiendos

para que no sintieras el sol que asesina a la milpa sin piedad, sin querer

para que toda la rabia-país no te cayera  encima

sólo a vos

no te cayera encima con toda su sequía

 

No sé, qué hacer, es que yo no lo sé

en este tiempo  en que se envilece la ternura

es tan fácil traicionar la vida, decir cualquier cosa y abandonar la poesía.

 

 

 

 

Melissa Cardoza

Escritora feminista hondureña

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

Lunes, 07 Septiembre 2015 13:43

Yo es que la tierra, la necesito

Doña Melesia tiene más de setenta años, trae un pañuelo amarrado sobre su cabeza, y mira con una muy limpia mirada, habla con el lenguaje directo de quienes hablan para ser escuchadas y ojalá entendidas. Ha sido víctima de las detenciones que en los últimos años en el departamento de La Paz y por el conflicto de la tierra, suman 168 mujeres, según datos de la CNTC, a la cual pertenecen estas compañeras. 

La acompañaba un nieto cuando desalojaron la toma, un niño de nueve años. Le pidió al policía que lo dejara, que ella era la culpable de tomar tierra porque ella la necesita, y explica que no es un asunto de querer arriesgarse por gusto, o que no es que quieren molestar a nadie, es que sin la tierra no hay comida, y no sólo eso, “se necesita tierra aunque sea para poner una macetera con flores”. También se llevaron al niño.

Doña Melesia no está luchando por nada que no aspiremos el resto de nosotras. Comida, flores, un lugar donde vivir con el nieto. Pero igual que las se acumulan en la historia de este país, las que ocupan la tierra por necesidad vital son desalojadas y tratadas como criminales, mientras los criminales se organizan para mantener la corte suprema de justicia a su favor, lo cual logran con las bendiciones de las iglesias enemigas de la gente que les paga el diezmo para mantenerlas.  Pocas veces se ha visto un sistema tan funcional para los amos, tan eficiente, tan malvado, ni siquiera la esclavitud fue de esta perversión tan grande.  

Al igual que ella, Emérita cuenta que después de estar 20 días presa en un lugar que era al mismo tiempo el servicio sanitario, durmiendo en el suelo, abortó su bebé, que ella sí deseaba, sus ojos parecen cansados de las lágrimas. ¿Dónde están los paladines de la vida que impiden que mujeres dueñas de sus cuerpos decidan sobre sus destinos maternales cuando mujeres que quieren tener hijos son obligadas a abortar por la fuerza policial y la brutalidad jurídica? Nos cuentan que la mayoría de la policía del desalojo, eran mujeres. 

Las campesinas e indígenas del departamento de La Paz, se suman a las cientos de criminalizadas por la lucha por la tierra y la defensa de los bienes comunes;  dicen las compas de CNTC que ellas han registrado al menos 864, del golpe de estado a la fecha. Ellas y sus compañeros campesinos viven y enfrentan la democracia hondureña ensañada sobre las mujeres pobres, ellas, otras y Sonia Isabel Gáleas, Gerardina Santos Hernández, Norma Suyapa Herrera quienes están detenidas en la cárcel de Marcala, son acusadas de sedición, usurpación de tierras. Igual sucede con las compañeras del COPINH que han sido echadas a la fuerza de la recuperación en el municipio de Ceguaca, Santa Bárbara arrasando con su trabajo de meses, sus yucas, maíz, casas.

Quién necesita más datos para entender que esta democracia está en contra de cualquier legítimo deseo de vida buena para las mujeres, que no es sólo  llevar algunos corruptos tras esas cárceles llenas de campesinas,  que no basta con que  se nombren los millones y las casas de los millonarios hechas con la falta de salud de la gente. Importante, pero no basta ni siquiera con que un presidente dimita por la presión de un pueblo valiente y persistente como el chapín, porque ellos son capaces de simular cambios para que no cambie nada.

Esta democracia patriarcal es basura y no sirve para reciclarla, es veneno para la tierra, para la vida de las mujeres, para la salud de la cabeza y los cuerpos. Vemos como nos roba la alegría de amigas que se ahogan en la ira, la vida de hijos que no nacieron o son ahogados en los mares europeos, la tranquilidad de una mujer que sólo quiere sembrar maíz y flores para vivir. 

Podemos hacer mucho con dejarla caer, con no sostenerla, abandonar la complicidad con ellos,  serrucharla desde adentro, de fondo, con todos nuestros poderes, con relaciones libertarias, desobediencia creativa, justicia para cada una y con las otras, buenos modos entre nosotras, música, denuncia, palabras, comidas compartidas y gestos firmes. 

Podemos hacerlo. 

 

 

 

 

Melissa Cardoza

Escritora feminista hondureña

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

Lunes, 20 Julio 2015 10:38

Helicópteros contra estudiantes

Al igual que su jefe en el ejecutivo, la rectora ha mostrado tener poca imaginación y ninguna disposición para el diálogo auténtico, cero habilidad en la resolución de los conflictos y las crisis planteadas por las personas que se atreven a nombrarlas, aunque todo el mundo las vivimos en carne propia y optamos por hacer de la queja el deporte nacional.  

Como lo habían anunciado, entre sonrisas televisadas y las fanfarrias de sus órganos de publicidad tan bien escritos e igualmente vacíos,  la rectora envío a sus fuerzas policiales, cobras, antimotines, tanqueta y jueza  incluida -nadie vaya a dudar de su legalidad- para sacar a la movilización estudiantil que se tomó las instalaciones de la Universidad de Tegucigalpa con planteamientos sólidos y urgentes. 

Bien asesorada por aquellos que conocieron estas luchas y hoy van andando su despreciable y nueva ruta, construyó un invaluable escenario frente a sus  nuevos edificios para que no se nos olvide cuál es su propuesta fundamental: la fuerza armada contra jóvenes y movimientos pacíficos, la incapacidad profesionalizada de escuchar y  respetar voces disidentes, el desprecio por la vida y lucha de las mujeres y hombres que se han hartado de los autoritarismos y sus manejos, su inclaudicable compromiso con la educación neoliberal. 

Entre estos personajes hábiles para el golpe y el terror, que representan la lógica del régimen, la rebelde juventud indignada que madura sus objetivos y formas de organización salió custodiada por la gente que entiende como propia la necesaria recuperación de la universidad como faro de educación pública, laica, comprometida con la vida, con la gente de este país que compra cada maldito clavo que ponen en sus paredes. 

Pues que así sea: que reboten las pelotas en el magno y flamante polideportivo, que se cante el himno nacional en sus actos protocolarios con siervos y bufones danzarines, que se pudra el silencio del miedo entre las pensantes cuestionadas y los incómodos profesores que no logran agruparse, que golpee la lluvia los cristales de sus edificios nuevos donde archivan informes en perfecto inglés para la cooperación.

Así como se levanta por todos lados la indignación con rumbos y palabras nuevas, como otra juventud se toma otros colegios, las carreteras los pueblos indígenas y campesinos, así como se acrecienta el hambre de justicia junto a la guarida del mal, y  se le ponen más piernas y consignas a las nuevas movilizaciones antorchadas en todo el país.  Así, igualito, el bullicio de la rebelión juvenil volverá a su alma mater, no puede ser de otro modo.

 

 

Melissa Cardoza

Escritora feminista hondureña

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

Martes, 23 Junio 2015 15:59

Yo iba para donde mi abuelita

¡Ay, esta jodida juventud indignada nos tiene a todas patas arriba!  Me levanté temprano, me bañé y me iba para donde mi abuelita. ¡¿Cómo  fui a parar bajo la preciosa luna juniana enjaulada con unos muchachos en huelga de hambre de un movimiento que hasta ayer no era mi movimiento?

Tan nos tienen dando tumbos estas chavas y chavos que a JOH le hacen sacar  todos los chepos posibles, ejércitos y policías de civil para ver qué traman un montón de jóvenes que lo dicen todo por internet y lo que no, se lo cuentan al que pasa y pregunta, pues están más que convencidas que lo que hacen no sólo es legítimo sino urgente. Tanto han revuelto que mucha gente del pensamiento crítico se pasa horas deshojando margaritas: voy a la huelga, no voy a la huelga, un ratito, un ratote..nada…. mientras ellas y ellos suman simpatías de las que son escabrosas en los análisis de coyuntura.

Mire, oficial, le decía una de las compas a un apertrechado robocop hondureño que parecía botella de chile tabasco, usted cree que yo no quisiera estar en mi casa, acostada en mi cama con mi niña, usted cree que me gusta estar aquí mirándolos con esas armas, pero ahora ya nos metimos a esto y no nos vamos a salir,  yo sé que usted es hondureño como nosotros, que también sufre lo que nos pasa.

Sí, yo la comprendo decía aquel otro, que se levantó el casco para que se le entendiera, pero y como,  es que este es mi trabajo, pero yo la comprendo, nosotros también pagamos seguro, viera yo fui un día por una fractura y una venda fue lo que me pusieron.

¡Ay indignación tan poderosa la que nos junta y rejunta! Los huelguistas hablan con tanta pasión que se les llenan los ojos de lágrimas, dicen amar a esta Honduras como solo hablan los enamorados auténticos. Sus hermanos se disfrazan para parecer mayores y manejan las redes virtuales como quien juega naipe y así van poniendo su ritmo a los pasos de estos días.

Sus maneras y sus estilos, sus propuestas a medio hacer o haciéndose, pero sobre todo esa osadía, esa rebeldía tan inclaudicable recuerda esos enamoramientos que nos voltean al revés, nos hacen hacer lo inusitado e ininteligible, pensar en lo que no se nos había ocurrido, inventar todo lo necesario aunque no sepamos como va a terminar el romance.

Será por eso que también a todas y todos los veteranos de los movimientos y de la vida nos tienen así, como que no sabemos para donde agarrar, donde ponernos, qué decir,  como actuar, porque esas rebeldías y los amores nos sacan del control, porque tenemos miedo a volvernos a equivocar, y sentimos  que solo se puede actuar con certezas o medio certezas, que es mejor jubilarse del corazón a perderse en sus enredos.

El movimiento por la indignación está sacudiendo este sistema y las disidencias del sistema y mucho más allá, de fondo, de fondo.

Yo, que iba para donde mi abuelita, me quedé en una calle donde las cipotas hablan con  los lobos feroces que no están perdidas en el bosque, que tienen un ánimo tan poderoso como su indignación empalabrada y sus horizontes para esta tierra son la dignidad y alegría para ellas, para nosotras, para sus niñas.

Qué va a pasar quién sabe, lo cierto es que el aroma del amor, como el de la rebeldía nunca se olvida, y suma, siempre suma.

 

 

Melissa Cardoza, en este junio en rebeldía, 2015.

Martes, 09 Junio 2015 10:27

Y llegaron

Por fin llegaron las lluvias, jodido. ¡Qué bien! Que crezca la milpa, que se mojen las tierras donde se agobian los frijoles, que corran los ríos, que llueva, que llueva. Que florezca otra vez la esperanza que salta cada que encuentra una grieta en el asfalto. 

Los pronosticadores del tiempo como los analistas de los movimientos sociales, saben mucho y le atinan poco. Mientras unos tenían semanas anunciando tormentas que no llegaban, los otros nos elaboran complejos análisis de pueblos durmientes, estúpidos del hambre y sin voluntad alguna. 

La imaginación es más poderosa que la realidad, por fortuna,  y ahora son miles de antorchas las que la cargan con  variopintos tonos de luz. Pero  hay que hacerla crecer por algunos caminos, porque los partidos políticos ya tienen sus cálculos y sin duda el régimen violento también.

Las lluvias llegaron y la gente está de nuevo en la calle, qué más podemos pedirle a un junio que ya tiene fama de golpeado y resistente. 

Mucho más podemos pedirnos a nosotras mismas. Podemos pensar críticamente y entender la señal de la esperanza sin perder las experiencias de la historia de las mujeres  que siempre quedan prensadas entre los negociadores de siempre.

Podemos mirar con atención dónde y quién mueve los hilos que parecen invisibles, pero que siempre están en algún lugar  en manos de los viejos conocidos, y algunos nuevos por conocer, y nombrarlos con sus letras. 

Podemos desear que el miedo a equivocarse no entierre la posibilidad de probar en vez de repetir, para lo cual es bueno dialogar, pensar juntas, aprovechar la oportunidad de conocer otra gente y  otra razones confiando en la autoridad de las multitudes nacionales y no las instancias internacionales o los siniestros Salvadores que bien conocemos.   

Podemos volver a confiar sin ser ingenuas,  mirando con atención con quien se comparte la palabra, la calle y la vida. Apasionarnos sin perder la vista en nuestras refundacionales ideas feministas. 

Que viva la lluvia, antigua en la tierra, que hace crecer lo nuevo. Que viva la indignación que nos descoloca de los lugares de la comodidad morbosa que ha construido el miedo y la resignación. 

Que caigan los corruptos, que caigan todos, que todos se vayan. Que paguen el dinero que se robaron. Que caigan todos en todas sus presentaciones: los que dicen una cosa y hacen otra, quienes agreden y hablan de paz, los que ahora resultan héroes por  coyuntura, quienes hablan de buena fe, de amor y compromisos mientras calculan el próximo zarpazo.  

 Que nunca nos abandone la memoria ni la fuerza de los intentos críticos y puestos en la calle, en la casas, en las camas, en todas partes.

¡Bienvenidas otra vez a junio, donde todo es posible, y la insurrección va!

 

 

 

 

Melissa Cardoza

Escritora feminista hondureña

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

 

Martes, 12 Mayo 2015 13:50

¿Y, entonces?

En los mercados de Tegucigalpa y en sus barrios,  grupos criminales ya han establecido como debemos las mujeres vestir y arreglarnos el pelo. Desaparecieron las cabelleras rubias y rojas. Hay que quitarse ciertos tipos de pantalones, y confiar en que un día no se les ocurra que usemos sólo faldas largas como mandan algunos pastores, y nos prohíban trabajar, salir a la calle, ir a la escuela. 

En las conferencias internacionales, el gobierno hondureño acepta recomendaciones sugeridas por las Naciones Unidas, menos las que tienen que ver con los derechos de las mujeres, porque según dicen sus voceras, sí, mujeres, se tienen que consultar con la sociedad. Entendemos que quiere decir con cardemales y opusdeistas que guardan sus crucifijos y biblias en los mismos cajones donde resguardan los cheques fraudulentos de los actos de corrupción de sus maridos y su clase social en contra de todo el pueblo hondureño.  

En ambos lados de quienes desgobiernan las vidas se marca el cómo las mujeres debemos vivir, qué hacer o no con nuestro cuerpo, para qué vinimos al mundo y los límites de nuestro patio. 

En medio de ello la cultura popular repite y escupe en el espejo, se ríen los hombres porque las mujeres se pintan el pelo de negro aunque no les guste, las amenazas a muerte que se hacen contra cualquiera de nosotras en cualquier espacio social se cuenta como una anécdota, un desliz, se explica como otra “debilidad masculina”, los celos que provocan sometimiento y muerte son valor masculino.  

Honduras sigue siendo uno de los peores países para vivir como mujeres.  El mejor país  para el ingenio y la osadía feminista  en medio de tanta cultura impune, machista hasta entre los más progresistas, violenta en tantos símbolos y actos.

Por décadas se lucha por leyes que se vuelven contra nosotras,  por décadas se remiendan los legajos que ellos rompen a su antojo para que nos entretengamos haciendo zurcidos, usan todos esos esfuerzos para decir que quienes mandan, políticos o machos diversos, son amiguísimos nuestros, que nuestras firmas respaldan sus actos de autoridad que encarnan en o fuera del gobierno. 

Sabemos que mienten lúcidamente, pero hay que confirmarlo y dejar sus canchas, a  menos que ahí deseemos estar porque algo de ventaja personal ofrece, legítimo deseo humano, pero no en nuestro nombre. 

Sin duda el proceso organizativo, de comunicación, movilización  y formación política feminista que hemos hecho por muchos años tiene sus frutos poderosos en gran cantidad de comunidades y ha horadado al patriarcado que lo sabe y nos muerde. 

Hay que volver a leer este contexto, repensar, reinventar, recrear  el proyecto emancipatorio feminista donde podemos jugar a mejorar las leyes de los machos, negociar espacios raquíticos en sus comunicados mesiánicos, aplaudir con desgano sus palabras “a favor de nosotras”, fingir como ellos, (menos los orgasmos),  todo eso y más mientras sean pretextos para seguir fraguando la conspiración que nos urge. 

 

 

 

 

Melissa Cardoza

Escritora feminista hondureña

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

 

 

 

Página 5 de 7
HomeJ Donadín Álvarez Top of Page

Aléf | Sección Cultural

Con ojos de Mujer