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Radio Progreso
Melissa Cardoza

Melissa Cardoza

Escritora feminista hondureña.

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Martes, 07 Abril 2015 08:40

Río Blanco*

Jardín a cuestas

es la imagen y el aroma unido al árbol el que se erige en mi tiniebla

el rostro, no su espejo

el acto, no su intento

son las flores secándose en las tardes implacables montadas sobre el silencio

 

El río canta a veces; otras, ronca es su furia

amanece el espíritu de la niña llorando en la arena revuelta

acá se lavó la sangre de la ropa, pero no el cuerpo

su nombre no se nos olvida, teniente, 

Tomás camina con pasos sigilosos

todos los ojos lo miran

 

Por qué me vas a disparar, yo no soy tu enemigo, dijo tranquilo

-y cayeron los casquillos del ejército hondureño-

 

Crecen peces y cuerpos con el abrazo de las aguas indómitas

Río Blanco amanece en nieblas y radios encendidas

no hay día que no se invoque los nombres muertos y sus risas

qué poco alimento compartido hay en las mesas 

cuánto abunda el caudal de la común memoria

 

No será esta tierra nunca una tierra de olvido

aquí las aguas no se encierran

los duendes se acicalan entre las cañas

la gente se tira a la poza, se baña, ríe rebelde

y los negocios se ahogan en el río  

 

Somos lo que somos

No es más tampoco es menos

Suma de decisiones y renuncias

 

* Río Blanco es una comunidad en el occidente de Honduras en la que se protagonizó y se ganó una lucha sostenida por una parte de sus habitantes organizados en el Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras, COPINH, organización del pueblo lenca,  en contra de un proyecto hidroeléctrico.  La resistencia expulsó a la constructora china SYNOHIDRO, en esa gesta fue asesinado Tomás García, compañero. Para el pueblo indígena lenca, en los ríos, siempre sagrados,  viven espíritus de niñas y juegan los duendes

 

 

 

Melissa Cardoza

Escritora feminista hondureña

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Lunes, 16 Marzo 2015 15:58

Amanecer sin Carmen

**Para Martika   

Una puede entender cuando una Carmen, cualquiera del mundo, se va, y decide no compartir más la mañana porque simplemente no le da la gana quedarse, porque hay mejores rumbos en otras partes, porque sí. Una se consuela, lloriquea y sigue adelante.

Pero amanecer en la ciudad de México sin la voz intensa, el comentario valiente, la pregunta directa y el humor, parte iluminada de su pasión por la libertad de expresión,  que caracterizan a la periodista Carmen Aristegui quien aborda los temas más dolorosos e inmorales de esta sociedad, es por decir lo menos,  indignante. 

Sobre todo cuando se sabe que un grupo de poderosos represores, delincuentes, mareros del estado, asesinos de estudiantes, se hacen cargo de quitar de su paso a voces disidentes como la suya  que con valentía  dicen lo que tienen que decir cuando la profesión por la que se vinculan con la vida se hace con seriedad. 

Dos de sus miembros del equipo de investigación fueron despedidos por razones movidas por la política, los pactos entre empresarios, el miedo a la verdad. Investigaban casos “calientes”, de los que va acumulando el actual gobierno,  y  esa fue la razón de su expulsión. Carmen, como corresponde, se expresó con propiedad acerca de la arbitrariedad de la empresa y su estridente campaña,  y expresó su demanda por reinstalar a los periodistas para continuar con su labor impecable. 

Pues bien, esta mañana un pobre ser humano, hoy sí reconocido por su ejercicio periodístico, la sustituía, dándole gran espacio a las heladas y cambios de clima que recorren el mundo y a los repetidos reportajes sobre lo que se supone en Venezuela ya justifica una agresión militar norteamericana. Lamentable discurso para un país donde las fosas comunes asfixian la conciencia insomne de miles de personas que van sumando su enojo.

Conocida por sus ovarios polisísmicos, capaces de hacer caer a cuanto maleante, inútil, inepto y autoritario personaje público se enfrente, por demás abundante en este medio,  Carmen Aristegui tiene al menos cuatro millones de seguidores por su trabajo. Me sumo. 

Como hondureña de todas partes del mundo, esta mañana me desperté sintiéndome en Tegucigalpa donde los periodistas más conocidos, con excepción de pocas y pocos, lo son por haber sido asesinados por un régimen parecido a éste, o, del otro lado,  famosos por  sus rebosantes cuentas bancarias, sus costumbres lambisconas, sus vulgares comentarios  o por haber claudicado a decir lo que urge decir y que puede costar el trabajo, la vida, pero nunca la integridad y el gustito por ser lo mejor de una misma. 

Por eso, Carmen, me voy a ir como mis hermanas mexicanas, con tu voz y las valentías e indignaciones de todas hacia donde éste y otros pueblos dolidos y arrechos vayan en pos de sus necesarias luchas y victorias.  Hasta que caigan ellos.  

 

 

 

Melissa Cardoza

Escritora feminista hondureña

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Miércoles, 25 Febrero 2015 09:16

Oskares

Como buenas vasallas del imperio, en este país cultivamos tradiciones que nos vinculan a su realidad. Muchas hemos crecido esperando las premiaciones de los espectáculos norteamericanos como si tuvieran que ver con nuestras vidas. Sabemos de su farándula hasta detalles íntimos y nos importa conocer sus ardides amorosos y hasta nos da tristeza la muerte de uno que siempre hacía de bueno en las películas. Será porque ya nos harta la tristeza para tanto joven nacional y desconocido que se asesina todos los días. 

De adolescente yo me juntaba con otras para ver los oscares, tomábamos coca y apostábamos a quienes iban a ganar, en ese entonces no pronunciábamos bien los nombres, limitación que ahora corregirán las jóvenes gracias al programa de inglés que el Ministro de educación y sus  manos nos prodigan como símbolo del gran desarrollo que impulsa este cultísimo gobierno. 

Esta actividad  las hemos cultivado por empeño de los productores de comida y cultura chatarra que nos han atiborrado el cuerpo y el alma hasta casi blanquearla. La entrega de los premios Oscar es una cita que se espera con expectación entre mucha gente, por supuesto aquella que tiene tele, la cual es mucha. Ahí vemos el despliegue  de huesos, moda, amores, dientes y privilegios de mujeres y hombres convertidos en símbolos por la deslumbrante industria del cine. Podemos observar a mujeres, como una de mis preferidas,  Meryl Streep, que con todo y sus muchos años se mantiene esbelta, bella, activa, brinca y canta como adolescente en musicales. Otras tantas como ella a las que no tocan los huracanes, los golpes de estado, el terror cotidiano o sólo el hambre pura y dura, porque conocen del hambre solamente por el bien de su salud, y el maravilloso premio de ser delgadas. Aunque eso no es hambre sino ayuno o desintoxicación, corrijo. 

Esta versión 2015 estuvo al parecer más que interesante, lástima que me la perdí.  Pocas veces se verá algo tan impactante como en los años setenta cuando la líder apache  Sacheen Littlefeather rechazó el oscar a nombre de su pueblo y de Marlon Brando, debido al maltrato de los pueblos indígenas en la visión de Hollywood y la entonces reciente masacre de indios en ese país. Sin embargo, estos Oscares 2015  fueron abundantes en discursos reinvindicativos,  y  expresaron   deseos  claros, denuncias. Desearía, Gonzales Iñarritu, el mexicano, “un gobierno que nos merezcamos”, dignidad para los inmigrantes no sólo del pasado sino de las nuevas generaciones, lo que generó la ira de la ultraderecha gringa aumentada por tanta estatuilla dorada entre las manos de este despeinado con incómodos apellidos. 

Aunque aún espero una justa película sobre las Panteras Negras, que seguro no llegará por esta vía, llegó a la premiación otra cinta sobre Martin Luther King, y en las palabras de los músicos  John Stephens y Lonnie Lynn se denunció lo lleno de hombres negros que están las cárceles norteamericanas y la intacta injusticia racial;  y en el discurso de la también premiada Patricia Arquette la demanda de finalmente tener igualdad para las mujeres en su patria. 

Nada mal en discursos para  una noche en el Coliseo en donde el derroche de luz eléctrica, ropas, comidas,  basura, efectos especiales, malos actores, fotógrafos, comerciales, comentarios y chistes mediocres, y millonarias ganancias para la industria cosmética, la de la moda y la televisión dan ganas de vomitar. 

 

 

 

 

 

Melissa Cardoza

Escritora feminista hondureña

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Lunes, 26 Enero 2015 14:32

25 de enero

Ahora que es necesario tiempo para inspiraciones, ahora que conmemoramos otras luchas que son las mismas y distintas, ahora que nos rodean  la huella del arma, el rumor de la cárcel, la lógica del terror, tomo prestadas las palabras de Nelly del Cid para compartirlas. Invocamos la fuerza, la esperanza, la digna rabia, el temple feminista ante las dictaduras de siempre, ante los cautiverios cotidianos.  Para nosotras, las de antes, las que vendrán. Todas prófugas del sistema. 

Ojos cerrados. 

Atención a las manos juntas y sueltas en el espacio. 

Atención a nuestros pies plantados sobre esta tierra. 

Usando nuestra imaginación sin límite ni cárcel. 

De los pies salen raíces que crecen. Somos árboles de ceiba, gigantes y sagrados árboles, no somos una, somos un bosque con árboles que se conectan con sus raíces. 

Somos fuertes, únicas.  Hemos vencido a través de los tiempos el oprobio. 

No sólo somos nosotras, tenemos la fuerza en la lucha de miles de mujeres en el mundo, somos únicas en una colectividad, un mar de fuerzas.  Desde esta fuerza sabemos que aunque  vivimos cosas terribles no estamos solas.  Nos quieren hacer creer que estamos solas. No estamos solas, somos muchas, como la arena de una playa, infinitas. 

Y aunque una caiga, seguimos brotando porque somos las mismas. 

Ya morimos hace mucho, ya nacimos muchas veces. Moriremos y seguiremos viviendo. 

Somos eternas. Estamos aquí para enfrentar juntas el miedo y el terror, descolonizando la mente y el cuerpo, abriendo las jaulas, atreviéndonos a ser quienes somos. 

Somos la vida y la vida no cesa, sigue porque es infinita, porque somos materia, que sólo cambia. 

Cada una especial. Cada una, única, irrepetible, todas necesarias. Y aquí estamos. Aquí seguimos. 

 

 

 

 

Melissa Cardoza

Escritora feminista hondureña

 

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Miércoles, 31 Diciembre 2014 10:30

Rebeldía

Para las hermanas anarkistas en las cárceles y fuera de ellas, con amor. 

El 16 de diciembre recién pasado un operativo policial invadió casas y centros sociales libertarios  en Barcelona, apresaron once compañeras, a varias de ellas se les aplica la ley antiterrorista, hoy están en celdas de aislamiento. Se le llamó Operación Pandora http://barcelona.indymedia.org. Malditos los hombres que usan a las mujeres contra otras mujeres.)

Acostumbrada a ser tratada por los hombres como el mal en el mundo al igual que  a tantas otras de sus hermanas, ella se quita esas ropas impuestas, se viste como le da la gana y echa a andar, por supuesto furiosa, sobre el lado que le corresponde, donde están sus compañeras. 

A veces se le ve en ocupaciones de tierra, haciendo guardias contra el ejército junto a fogatas donde se cuentan historias de ríos libres que alimentan la historia de la gente. Canta, a viva voz, canciones que toma de los pájaros sin jaula, con melodías para las flores breves y coloridas que se meten sin permiso en la mirada del mundo.

Otras veces anda entre las niñas que no se quieren peinar, que se descalzan  para sentir la arena bajo sus pies, que prefieren a las maestras insurrectas que les cuenta que el sol es un ser caliente que enciende su luz para todas en todas partes; que conocen historias donde no se alaban a hombres extranjeros con sangre entre las manos y las piernas. 

Se le encuentra en los caminos de montañas, de ciudades antiguas, de pequeños pueblos insumisos que han echado una empresa asesina, ladrona, mentirosa. Ahí entre todas se le mira haciendo lo que le toca hacer, contando incansablemente con otras estudiantes desde el uno al cuarenta y tres.  

Se la mira silenciosa entre los ritos más viejos de la humanidad en que se convoca a la fuerza del fuego y la inteligencia de los elementos, concentrada en respetar las formas de creer de sus semejantes que invocan a la desobediencia contra la injusticia y el conformismo y no a la culpa ni al dolor.

La han visto entre los brazos de las amantes que sin tiempo ni lugar construyen un espacio en el mundo para el deseo, la ternura, el juego de la piel encendida, aquellas que no renuncian al amor como el más libre de los actos y los gestos.

A veces tiene miedo, le duele todo y putea porque le gusta la vida, y sólo quisiera subir a una montaña para tocar el cielo, nadar un río limpio, mirar el baile de las milpas con el viento, jugar con amigas, inventar comidas, caminar por días,  besar, vivir sin riesgo mortal a cada paso. Entonces se asusta, llora, putea, sube, nada, besa, camina, baila, come,  juega y continúa viviendo.  

Hoy, anda entre las calles de esas ciudades donde se hace culto al consumo, donde las luces intensamente coloridas dibujan espejismos de la belleza y la abundancia rodeadas de explotación y pobreza indocumentada.  Allá camina entre otras que conspiran, se cuidan, redactan manifiestos, okupan las avenidas, organizan comidas, juntan voluntades,   y hacen más de lo que se puede contar. 

Estas noches se desvela entre los brazos de las que duermen en celdas antiterroristas. Les hace recordar imágenes, palabras, risas, rostros, cantos que desbordan los recintos donde nunca apresarán sus espíritus, donde se vuelve a regar con lágrimas de indignación, dolor y ternura lo mejor de la humanidad. Entre las hermanas que se acunan sobre su cuerpo para proteger su preciosa fuerza interior, y entre las que están afuera y no las dejan solas,  ella vigila, crece, acompaña. 

Está ahí, aquí, en todas partes junto a nosotras, sólo hay que tomarla de la mano y no soltarla. No pueden apresarla con leyes, operativos ni celdas, no podrán asesinarla aunque su sangre ya ha caído miles de veces sobre la tierra para volver a nacer. Y no se silenciará aunque intenten amordazarla con privilegios o con horror. Entre nosotras anda suelta y vive para caminar juntas donde quiera que estemos hasta que todas seamos libres.  

¡¡ Quan la injustícia és la llei, la desobediència és un fet !!

¡ Libertad, libertad a las presas por luchar !

 

Melissa Cardoza
Escritora feminista hondureña
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Viernes, 21 Noviembre 2014 10:27

La bella y el horror

La que nos despierta por las mañanas y nos dice que hay que ir a hacer el cafecito, prender la radio, tomar agua, estirarnos. La que nos apura para llegar a tiempo al trabajo, quienes lo tienen, a las escuelas, al bus. La que nos corretea con sus emergencias de enfermedades, fiestas, paso del tiempo, despedidas, pasiones amorosas. 

La bella es la vida. La vida de todas nosotras, en los colores de piel que nos dio la mezcla de sangres y soles, con las dimensiones distintas de cuerpos, edades, modos de hablar, creencias y conflictos. La vida bella que nos mantiene sintiendo el misterio de la ternura, del deseo, de la rabia digna. La vida viva de las mujeres, la que nadie por ninguna condición, explicación ni justificación tiene derecho a quitarnos y la que defenderemos con la vida misma. 

Del otro lado, el horror. El que mata, envilece, viola, amenaza, tortura, miente, abandona hijas, roba porque tiene permiso, impunidad para hacerlo. El horror del patriarcado, el que trata de convertir a los hombres de este país en agresores ya que muchos de ellos son los que matan a las mujeres, a otros hombres, a sí mismos, son los que persiguen, amenazan, asaltan, violan. 

Este patriarcado que trata de convertirnos a las mujeres de este país en víctimas, en arrinconadas, en las que lloran las muertes de otras, en las que piensan en huir con sus hijas.  

Y estamos las mujeres y los hombres que resistimos al patriarcado. Mujeres que con más claridad y rabia aprendemos a defendernos con uñas, ideas y dientes  ante las agresiones de ellos donde nos toque, porque aprendimos que están en todas partes.  Y los pocos hombres que no escogen el crimen como salida a una masculinidad impotente ante sus patrones poderosos, enemigos armados a quienes sí les temen,  ni se dejan convertir en siniestros ejecutores del sistema que dicen rechazar, que no se ocultan detrás de máscaras de buenos padres, compas y amigos; ni son sus silenciosos cómplices.

La bella y el horror. Mirando la cara del supuesto asesino de María José y Sofía Alvarado que tanto han conmocionado el país por su símbolo internacional de belleza,  una mira un muchacho, joven, incluso sonriente cuando le preguntan: ¿usted las mató? Un hombre en quien ellas confiaban, un novio, así como fueron otros asesinos: amantes, esposos, amigos, tíos, exparejas,  compañeros de lucha, maestros. Hombres que tuvieron la confianza de aquellas que  premeditadamente mataron o pensaron en matar,  porque cómo desconfiar de los cercanos o de todos ellos.   ¿Es lo que toca hacer?  Sí, eso es lo que toca.

Cuando cuento, ya salida de asombro y con certeza de la existencia latente de esta amenaza,  sobre la llamada de Salvador aquella noche donde me decía ahorita voy a tu casa a matarte, vieja puta, hay mujeres mayores que me dicen, no se preocupe que lo va a pagar donde más le duele; ratifico que desde siempre muchas de nosotras nunca hemos creído  en la justicia del macho, del  empresario, del patrón, del militar. La nuestra es otra.

Curiosamente, las feministas con la fama que tenemos de odiar a los hombres, que razones no nos faltarían dado el odio que ellos nos manifiestan, no hacemos uso de los viles mecanismos del poder machista para aterrorizar, desacreditar, eliminar  a otras y mentir o callar con la  habilidad de los cobardes. Con nuestros errores, aciertos, fuerzas,  repeticiones, sinsabores, conflictos  e incoherencias seguimos ensayando la justicia para nosotras aún encima de los escombros que el patriarcado nos deja del país que amamos.  

 

 

Melissa Cardoza
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