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Radio Progreso
J Donadín Álvarez

J Donadín Álvarez

Escritor nacional

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Lunes, 06 Junio 2016 14:53

¡El falso mesías!

Aprovechó la coyuntura que el Golpe de Estado le significó a nivel personal y supo agenciarse un perfil de mártir político por defender las causas populares; enarboló la bandera de la refundación del país y prometió respetar en todo momento la voluntad popular; hizo creerle a muchos hondureños que era el mesías de los hondureños y que el partido que fundaría con el apoyo de un pueblo empobrecido y desesperado marcaría la ruta para llegar al poder y encauzar a Honduras por el camino hacia el desarrollo.  

Sin embargo, la realidad frustró sus ilusorios proyectos. Cuando intentó retomar el poder mediante la vía electoral, participando en las elecciones del 2013 el fracaso fue notorio. Se equivocó al imponer como candidata “por consenso” a su esposa. Ésta no demostró liderazgo y fue fácilmente superada por un outsider como Salvador Nasralla candidato del emergente Partido Anticorrupción. A pesar de ello, no fue el citado Nasralla el que se consagró como presidente de la nación sino el otrora presidente del Congreso Nacional, Juan Orlando Hernández, quien mediante manipulaciones jurídicas y mediáticas montó un colosal fraude que lo llevó a la Casa Presidencial.

Así, el mesías de los hondureños se vio rezagado del poder y fue confinado a un curul en el Congreso Nacional como jefe de bancada del Partido Libertad y Refundación (Libre). Sin embargo, con el pasar del tiempo este mesías comenzó a desgastarse como consecuencia de cierto extravío político. De  abanderado de la lucha popular y de la refundación de Honduras pasó a convertirse en un traidor a la patria al apadrinar el proceso de reelección emprendido por la pandilla azul y facilitarle el camino de relección al Partido Nacional, el instituto político que mayor miseria le ha causado al país. ¡Que tragedia! Los intereses de los nacionalistas aunados a su propio interés político lo llevó a estar de acuerdo con la sentencia de cinco magistrados controlados desde el Poder Ejecutivo de que la reelección era un asunto de importancia nacional.

Ese falso mesías tiene nombre y apellido: Manuel Zelaya Rosales es su nombre. Por supuesto, habrá personas cuyo fanatismo político les impedirá reconocer en él a un político con visos dictatoriales y con un evidente delito de traición a la patria. Así lo confirma el respaldo sin criterio de una considerable población que le rinde pleitesía.  No obstante, otra cantidad importante de personas comienza a descubrir la particularidad de este mesías de imponerse dentro de su partido y deslustrar la imagen de quien no lo apoye.

Habrá que preguntarse: ¿A que juega Zelaya? ¿Dónde dejó sus convicciones jurídicas para seguirles el juego a los nacionalistas? ¿Acaso ignora que el fallo establecido por la Corte Suprema de Justicia (CSJ) que, al margen de la ley, autorizó el debate sobre la reelección, es ilegítimo, y constitutivo de delito?  Él ha traicionado no sólo a la oposición o al partido Libre sino en especial a la mayoría de hondureños que nada quiere saber de reelección de corruptos consagrados al saqueo de fondos públicos. 

La decisión del mesías de entrar al terreno reelectoral  expeditará a la pandilla azul el camino para imponer la candidatura ilegal de Juan Hernández; Y no puede negar que sabe perfectamente que  el artículo  número cuatro de nuestra Constitución, referente a la  obligatoria alternabilidad en el ejercicio de la Presidencia, continúa en vigencia. 

Es recomendable, además que el Tribunal Supremo Electoral y la nueva Sala Constitucional reflexionen sobre el papel que desempeñarán  si se prestan a inscribir ilegalmente al señor de Juan Hernández. El pueblo estará pendiente de castigar en su momento a todos aquellos que se conviertan en falsos mesías o lo que es peor: en traidores a la patria.

 

 

J Donadin Álvarez

Escritor hondureño

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Lunes, 02 Mayo 2016 16:40

La hazaña pendiente

Gracias al poder distorsionador del que gozan ciertos medios de comunicación nacional, la mayoría de los hondureños ha sido moldeada para aplaudir la mediocridad y a aplastar la excelencia. La mediocridad periodística campea y un público que se siente “informado” no advierte los efectos nocivos que esta situación genera en su cotidianeidad.

Tristemente en Honduras célebres son los canales radiales y televisivos, los periódicos y los periodistas, con mayor morbo, vulgares y de lenguaje simplista. Y lo que es peor; son estos medios de comunicación los que lideran la lista de mayor audiencia. Entre más ramplón sea  el estilo del medio mayor audiencia se asegura. Es fácil deducir, pues, el nivel cultural de quienes se “informan” a través de ellos.

Los canales de televisión, por ejemplo, han partido de la idea que el televidente es como un recipiente de basura que aceptará sin ningún asomo de contrariedad todo lo que le echen.  Su popularidad entre los espectadores se basa en la bajeza lingüística, en la pobreza idiomática y la explotación del gusto de los espectadores por el dramatismo lo que, a su vez, explica el amarillismo que los caracteriza. Accidentes automovilísticos,   crímenes y todo lo que contenga sangre torrencial son expuestos sin  ningún escrúpulo a una audiencia ávida de ver violencia pues así la han acostumbrado estos canales televisivos. El que más terror presente en sus notas periodísticas será el más popular: he ahí la fórmula para estar entre los primeros lugares en la preferencia de los televidentes. 

Otro elemento importante en los medios televisivos es lo que se denomina la primicia. Ésta es esa noticia que un canal cree tener primero que los demás. Se supone que cuando las personas conocen una noticia por primera vez el medio de comunicación que la difunde cobra prestigio por estar en el momento y el lugar preciso para “informar” con rapidez.  Sin embargo, es de todos conocido el ridículo al que han sido expuestos algunos atrevidos periodistas cuya carencia de ética periodística y su afán por ser los primeros los ha llevado a presentar falsas primicias cuando su fuente de información ha sido las redes sociales.

En el caso de la prensa escrita sorprende la manera cómo desde los titulares hasta la crónica final es sutil -y a veces evidentemente- tergiversada de acuerdo con los intereses del periódico. Ampliamente indignante fue, por ejemplo, la imagen publicada en 2009 en uno de los rotativos nacionales sobre la muerte de Isis Obed Murillo, un joven muerto por el balazo que un militar disparó hacia su nuca, donde el muchacho de diecinueve años aparecía agonizando pero sin ninguna mancha de sangre. Otros medios de comunicación presentaron la fotografía real donde se veía al joven que moría desangrado.  El periódico se “disculpó” notificando que por un error en su proceso, la gráfica publicada había salido distorsionada, difiriendo de la original.  Y eso fue todo.

Ahora bien, ¿qué criterios éticos refleja  un medio de comunicación escrito cuando tergiversa los hechos y pulveriza el humanismo del periodismo en aras de conservar sus vínculos económicos e ideológicos con los grupos de poder más obscuros de una sociedad? ¿Qué tipo de información puede provenir  de medios de comunicación arropados con la cobija del cinismo cuya práctica periodística colinda con lo criminal? 

Finalmente están los medios de comunicación radial que en Honduras han permanecido en casi la totalidad alineados con el oficialismo. En el caso de las radios comunitarias el Estado persiste en su labor de aislarlas e incluso silenciarlas a través de la creación de ciertas normas jurídicas. 

Obtener, entonces, una nueva manera de informar al pueblo hondureño de manera apegada a la verdad es una hazaña pendiente. Y los periodistas, principalmente, deberían tener la iniciativa por lograr este anhelo colectivo. Si lo hacen el pueblo se los agradecerá y por primera vez los admirará con sinceridad. 

 

 

J Donadin Álvarez

Escritor hondureño

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Lunes, 11 Abril 2016 17:53

Juan Bobo

Escribir sobre las condiciones socioeconómicas de un país como Honduras es un asunto desalentador, sin duda. Cada vez que uno piensa lo que está pasando con la deteriorada salud de nuestros compatriotas, con la deficiente educación de nuestros hijos, con la inseguridad que nos avasalla, con los alarmantes índices de desempleo, etcétera, la desesperanza pareciera dominarnos. 

A veces uno quisiera sentirse seducido por su belleza natural y con ello maquillarle su imagen social.   Esto, a través de las letras de un artículo es una acción sencilla pero imposible de comprobar. Toda la evidencia demuele cualquier intento de ocultar la verdad. Y es que se debe entender que amar a la patria no significa mentirle. Por el contrario, implica señalar con prudencia lo que no está bien.

Sin embargo, no todas las plumas nacionales escriben apegadas a la verdad. En Honduras existe un grupúsculo de seudo intelectuales cuyo trabajo consiste en mentirle infatigablemente a las personas ávidas de conocer la verdad. Sobresalen en esta línea algunos sobaleva del gobierno que mendigan migajas de la mesa festiva del gobierno. Así, su papel se reduce a la mísera acción de  adornar la figura del señor Juan Hernández para retratarlo como un gran estadista de los últimos años. ¡Tremenda falsificación a la que dedican todas sus energías!  

Ya los hondureños estamos cansados de escuchar tantas mentiras a través de los medios de comunicación. Que la Presidencia de la República insista con su falsa propaganda gubernamental solo significa una cosa: Creer que el pueblo hondureño es estúpido.  Nadie en su sano juicio reconoce síntomas de verdad en lo que se pregona incluso en cadenas nacionales de radio y televisión  sobre la supuesta heroica labor del gobierno. Ya ni los mismos activistas del Partido Nacional se creen el discursito desgastado de que se está trabajando por el bienestar de la población pues hasta ellos han sido deschambados. 

Prevención, paz y convivencia ofrece el gobierno para reducir los índices de delincuencia en el país al mismo tiempo que niega el derecho a la educación a muchos niños, que liquida las fuentes de empleo de sus padres y los condena a la subsistencia; promete seguridad, y para pacificar la sociedad compra balas y aísla los libros, contrata más agentes militares y niega plazas a nuevos profesores, en fin: todo se hace al revés.  Algo así como en el cuento de Juan Bobo.  

 

J Donadin Álvarez

Catedrático de las Ciencias Sociales de la UPNFM

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Miércoles, 09 Marzo 2016 08:21

¡A ver qué pasa!

La idea creciente y cada vez más evidente del señor Juan Hernández de reelegirse merece mucha reflexión y más que eso la acción decidida de quienes seremos terriblemente afectados por su aberrante proceder. Lo que hace un tiempo no era más que un rumor con visos de demencia política hoy se perfila como una tarea que obsesiona al iluso presidente de la nación. 

El deseo de continuar en el poder –seguramente a través de mecanismos fraudulentos-  es un asunto que exige inmediato bloqueo. La mayoría de los hondureños está cansada e indignada de la tragedia que significa vivir gobernada por la tiranía azul. Y sin duda, nadie que sea dueño de buen seso desea el continuismo en el poder de ladrones, apátridas, mentirosos, inmorales e ineptos como los que hoy se hacen llamar “honorables padres de la patria”. Que el ciudadano promedio apoye la reelección de Juan Hernández implica dos situaciones: lo primero, estar alineado con el descalabro político y económico del Estado sacando provecho de la situación y, lo segundo, ser demasiado ingenuo para defender, venerar a su propio verdugo. 

Preocupa sobremanera que pocos o nadie se esté preparando para desarticular el proyecto reelectoral de la tiranía azul. Las argucias jurídicas y excesivamente emotivas de los obedientes allegados al “señor presidente” no están siendo analizadas de manera seria por la ciudadanía ni por los partidos políticos de oposición.  

El instituto político Libertad y Refundación (LIBRE), por ejemplo, que era del que más expectativas se tenía, ha defraudado. Parece que su oposición es en los medios de comunicación y en las redes sociales pero que ya en la arena política la “negociación” es un hecho normal aunque eso signifique la pérdida de la identidad opositora a la tiranía azul que debería caracterizar al partido.  Sobrará quien piense que no se debe generalizar, que son sólo unos cuantos diputados los que se han vendido. Sin embargo, las ramificaciones a lo interno del partido lo dejan ver falto de unidad y por lo tanto incapaz de hacerle frente al acoso político y mediático que del bipartidismo tradicional se desprende. Que un individuo considerado líder del partido, de tendencia beligerante y polémica como Esdras Amado López haya sido justamente expulsado, que un cacique político como Manuel Zelaya  estuviese coqueteando con sus “enemigos” políticos antes de la elección de la Corte Suprema de Justicia a espaldas de los miembros de su partido no refleja una imagen de LIBRE congruente con lo que se pregona a voz en cuello con respecto a su labor como supuestos defensores del pueblo. Y es que ¿cómo negar que Zelaya también acaricia la idea de la reelección? De ahí que su oposición a nivel personal no sea del todo sincera. Sin embargo, “Mel” es sólo un personaje político no todo un partido. ¿Por qué entonces nadie tiene la osadía de recriminarle sus acciones? ¿“Mel” es Libre, o Libre es “Mel”. Pareciera que todo lo que él haga siempre será bien visto por sus aduladores y que quien se atreva a cuestionar su accionar será etiquetado como traidor al partido.

Hay que detener la reelección del hombre azul. Su continuidad solamente avizora mayor corrupción, miseria, desempleo, inseguridad, ignorancia intelectual, estancamiento económico, etcétera. 

La ciudadanía, pues, debe practicar la vigilancia política. Nuestra deplorable condición como hondureños no se resolverá mediante plegarias que jamás serán contestadas por deidades invisibles mientras nuestra indiferencia ciudadana nos siga marginando de toda actividad pública. Es paradójico que se viva añorando  riquezas divinas en otros mundos mientras el fracaso social y económico nos posea en esta tierra. Lo más lamentable al respecto es que un país ultra religioso donde se alardea de la ética promovida por las cúpulas religiosas se encuentre tan maniatado en la más deshonrosa corrupción.  Y sumado a ello, extraña la condición de aquellos hondureños que ostentan una supuesta autoridad para dominar seres sobrenaturales pero se auto recomienden la sumisión social ante la corrupción de sus semejantes. 

Debemos hacerle oposición a la tiranía azul en las calles, en El Congrezoo Nacional, en fin, en todas partes. Todo intento de reelección presidencial debe ser suprimido mediante la presión popular. No sigamos esperando ¡a ver qué pasa!    

 

 

 

J Donadin Álvarez

Catedrático de las Ciencias Sociales de la UPNFM

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Viernes, 29 Enero 2016 10:04

¿OPOSICIÓN O POSICIÓN?

Una considerable parte de la población hondureña considera que el país es rehén de un torbellino  político en el que el oficialismo es el causante de todos los males y que los partidos políticos de oposición son víctimas de la maldad azul. Así las cosas,  el Partido Anticorrupción (PAC) y Libertad y Refundación (LIBRE) que han logrado reconfigurar el otrora homogéneo Congreso Nacional, serían héroes en la tragedia de la política nacional, exentos de toda responsabilidad, supuestamente porque su lucha ante el poder y su intento de revertir la actual hecatombe social del país ha sido evidente . No obstante, la prudencia recomienda revisar esta concepción.

No hay duda que la crítica hacia la desfachatez con que la tiranía azul ha secuestrado al Estado realizada por LIBRE y el PAC es justa.  El saqueo del Instituto Hondureño de Seguridad Social, la secretividad en torno a los presupuestos que maneja el presidente de la nación en materia de seguridad, la galopante corrupción e impunidad que caracteriza a este gobierno, el nepotismo etcétera, son asuntos que no pueden dejar de ser señalados por estos partidos de oposición. Tales hechos deshonrosos son los que innegablemente han enardecido la indignación de la población ávida  de darle un Corte a la Suprema Injusticia que abunda en el país. Y los partidos opositores como supuestos abanderados del pueblo, lo menos que pueden hacer es señalar los desaciertos del actual gobierno.

Sin embargo, aunque valioso ha sido el surgimiento del PAC y LIBRE  como partidos de oposición no debe primar la emotividad sobre la prudencia al respecto.  La adulación a estos institutos políticos por su justa condena a la tiranía azul no es más que la prueba de un infantilismo político que predomina entre los ciudadanos. La madurez ideológica, tan necesaria para analizar la política, nos revela  que ni el PAC ni LIBRE han estado a la altura de las circunstancias para hacer verdadera oposición a pesar de  las atribuciones que el pueblo les ha conferido. 

Más que hacer oposición parecieran buscar una posición, especialmente LIBRE. Por eso no es de extrañarse que el coordinador general, Manuel Zelaya Rosales, haya estado en reuniones secretas con su presunto archienemigo Juan Hernández. Mientras los seguidores del depuesto presidente se muestran fanáticos e intransigentes en el diálogo con los activistas azules su líder se sienta a la mesa con el mayor contrincante político que tiene. Y es que, ¿quién puede negar que en el fondo ambos buscan la reelección?

La base popular de LIBRE ha sido alimentada con un mesianismo falso. Los adeptos más ilusos erróneamente han interpretado como un despertar del espíritu revolucionario de la clase obrera el hecho de que sus máximos representantes en la actualidad sean diestros en la industria del insulto al sistema de corrupción de Honduras y se presenten como los salvadores del país, como los de la vanguardia revolucionaria. Muchos de sus diputados, por ejemplo, son revolucionarios de escritorio y expertos en despotricar a través de las redes sociales.  Pero, ¿desde cuándo  estos dirigentes del partido han propuesto el desalojo del poder a los malos gobernantes que tanto critican cuando se reúnen con ellos? No, en esos diálogos del “más alto nivel” no se habla de oposición sino de posición. “¿Cuánto poder me das? En función de eso apagarás mi descontento” pareciera ser el tema principal. 

Los ciudadanos no debemos dejar la labor de oposición solamente a los diputados del Congrezoo Nacional pues algunos ya se han mostrado muy bandidos y vendidos. La verdadera oposición sólo puede hacerla el pueblo desde las calles. No obstante, para que la lucha popular no sea convertida en una feria populista se debe invisibilizar a los dirigentes políticos o a jóvenes entusiastas pero ideológicamente inmaduros pues muchos de ellos únicamente buscan protagonismo mediático como defensores de las causas populares para crearse un perfil de hombres de revolución.

La lucha es del pueblo. Nosotros los ciudadanos no buscamos una posición sino hacer oposición. Somos soldados de a pie y nuestro campo de batalla son las calles desde donde presionaremos por la verdadera transformación de nuestro país a aquellos que se hacen llamar nuestros representantes. 

 

 

 

J Donadin Álvarez

Catedrático de las Ciencias Sociales de la UPNFM

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Lunes, 11 Enero 2016 13:22

¡Al rato se lo llevan!

Un nuevo año se perfila. Nuevos derroteros se presentan tras las coyunturas insospechadas hace unos meses,que para este 2016 se han convertido en paréntesis en la historia nacional en cuanto a combate a la corrupción se refiere.

Dichosamente se ha producido ciertos cambios positivos en el país y no precisamente por iniciativa del gobierno azul. De todos es sabido que el actual régimen ha trabajado infatigablemente por presentar con apariencia de verdad toda la falsedad que rodea su administración. Sin embargo, detrás de toda su farsa publicitaria muchos de sus artífices ya se sobrecogen de terror aunque aparenten la mayor serenidad posible. Y es que 2015 les dejó claro que la mentira tarde o temprano es descubierta y el castigo de alguna u otra manera también llega a la cita. Hasta los tradicionalmente considerados “intocables”, cuyos actos de corrupción eran secreto a voces, se percataron que después de todo no son indemnes al látigo de la justicia del imperialismo yanqui. Mientras el sistema jurídico nacional no es más que el arsenal donde los corruptos del país tienen todas las armas legales y jurídicas para limpiar sus fechorías, la intervención extranjera en materia jurídica se hizo más notoria el año pasado y prueba de ello fueron los sonados casos de extradiciones que sacudieron la aletargada justicia nacional.

Pero aparte de las extradiciones y otros escándalos judiciales  que seguramente se darán este año que recién comienza, nada asombroso puede esperarse. La tiranía azul que manipula la agenda nacional sigue empecinada en obedecer las nefastas recetas económicas que los organismos de financiamiento internacional le han estado dando. En consecuencia, nada bueno se puede esperar mientras los actuales burladores de la voluntad popular sigan gobernando antojadizamente al país. Será tarea del próximo gobierno, surgido de los partidos de oposición, encarrilar a Honduras por la senda del desarrollo económico. Desarrollar el país es una tarea de verdaderos patriotas no de confrontación ideológica entre capitalismo ni socialismo puesto que el actual modelo neoliberal ha empobrecido al país y tampoco la ortodoxia marxista puede imponerse en un país con características especiales que impiden que uno u otro modelo sea impuesto. 

Ni capitalismo ni socialismo, sino desarrollo económico. Evadir el modelo neoliberal no implica satanizar la empresa privada como tampoco significa aplicar el marxismo decimonónico y concederle el poder absoluto al Estado hondureño ya de por sí muy corroído. Una economía plural y diversificada con el apoyo de la empresa privada, regularmente controlada por el Estado con reglas claras que delimiten los poderes de ambos sectores sin permitir el deterioro de uno a expensas del otro, generaría un cierto equilibrio entre el sector público y el privado y en consecuencia desarrollo económico para la población. Un argumento pernicioso sería el suponer que en las actuales condiciones el Estado nacional se encuentra alicaído y que por tal razón debe ser el capital privado el que lleve la iniciativa en materia económica este nuevo año. Acaso ¿la empresa privada no trabaja también con préstamos como lo podría hacer el Estado mismo? Se podría también pretender propagar la falsa idea de que la organización privada siempre es más efectiva que la estatal. Y la mano de obra calificada del sector privado; ¿no es hondureña al igual que la estatal? El problema no es el Estado en sí, sino la administración que de él se ha hecho.

La cadena de problemas del país no se romperá de la noche a la mañana. Sin embargo, el desgaste del bipartidismo saqueador produce  ventajas para los partidos de oposición que deberán saberlas aprovechar. Entre tanto, nosotros los ciudadanos seguiremos luchando este año, pidiendo un alto a la corrupción y la impunidad principalmente. A propósito de corrupción y extradiciones parece que por ahí hay muchos asustados, incluyendo a “El Hombre”. ¡Al rato se lo llevan! 

 

 

 

J Donadin Álvarez

Estudioso de las Ciencias Sociales de la UPNFM

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