Martes, 13 de octubre 2026  

Los actos de cascada y la posibilidad del cambio

En su libro “Política para perplejos”, Daniel Innerarity plantea una idea pertinente para Honduras: aunque no podamos cambiarlo todo, sí podemos actuar para que ocurra lo improbable. Un acto aislado puede desatar una gran cascada. Por eso estamos obligados a hacer bien lo que nos toca, por si alguien termina lo que empezamos.

Innerarity llama a esto “actos de cascada”: acciones individuales que pueden desencadenar una reacción colectiva y transformar una realidad que parece imposible de cambiar. No sabemos cuándo ocurrirá ni quién encenderá la chispa. Pero eso no importa. Lo que importa es actuar como si nuestro acto pudiera ser el comienzo de algo más grande.

En Honduras, los actos de cascada ya están ocurriendo. Las mujeres que luchan por sus derechos, las organizaciones que documentan violaciones a derechos humanos, las personas periodistas que investigan la corrupción, la juventud que defiende la educación pública, las comunidades campesinas, indígenas y garífunas que resisten el despojo. Todos hacen bien lo que les toca.

Aunque la crisis democrática hondureña es profunda, no es irreversible. Y considerando que el 79.3% de la población exige una Comisión Internacional contra la Corrupción y la Impunidad en Honduras (CICIH), debemos impulsar muchos actos de cascada hasta lograr que el cogobierno se vea obligado a aceptar la instalación de una CICIH.

Esa demanda no es un acto de fe: es la convicción de que el estado actual de cosas puede cambiarse. Pero esto requiere una ciudadanía que no renuncie a la esperanza ni a la dignidad. Cada acto, cada denuncia, cada movilización y cada acción de resistencia puede ser el primer paso hacia la posibilidad de una gran cascada de cambios.

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