La sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos reconoció los derechos territoriales de Triunfo de la Cruz frente al despojo de sus tierras para proyectos turísticos e inmobiliarios. Once años después, la comunidad sigue denunciando amenazas, hostigamiento y desplazamientos. Triunfo de la Cruz es Wuamu Le.

Más de una década ha pasado desde aquel 22 de agosto de 2015, pero ese día quedó grabado a fuego en la memoria de Darwin Centeno. Fue una coincidencia difícil de no interpretar como una señal del destino. Después de media vida fuera de su terruño por la falta de oportunidades, Darwin volvía a Triunfo de la Cruz. Se había ido con 15 años y regresó al cumplir la treintena, justo cuando la Corte Interamericana de Derechos Humanos realizaba una visita al territorio reclamado por la comunidad.

«El día que regresé, noté que nadie estaba en la casa. Los vecinos me dijeron: “Toda la familia está allá, donde se realiza el evento”», recuerda Centeno. Al acercarse al campo de fútbol, vio una multitud reunida alrededor de una tarima. De fondo, escuchó el discurso de una mujer que, con voz firme, decía: «Estas tierras son nuestras. Nos quieren despojar, pero de aquí no nos van a sacar. El Estado debe garantizar que nuestro título colectivo sea respetado». Era Miriam Miranda, coordinadora de la Organización Fraternal Negra de Honduras (OFRANEH).

Playa de la comunidad garífuna Triunfo de la Cruz.

Para Darwin, aquello supuso «un renacer» y el inicio de su compromiso con la defensa de las tierras de su comunidad. Dos meses después, el 8 de octubre de 2015, la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) dictó una sentencia que reconocía la responsabilidad del Estado hondureño por la vulneración de los derechos territoriales de Triunfo de la Cruz. Hoy, once años después, Darwin es uno de los líderes que siguen exigiendo su cumplimiento.

En la costa caribeña hondureña, entre los departamentos de Cortés, Atlántida y Colón, se encuentran unas 43 comunidades garífunas. Muchas viven de la pesca, la siembra de plátano, yuca y hortalizas, y el turismo comunitario. Su cercanía al mar las convierte también en zonas codiciadas por empresarios nacionales y extranjeros interesados en proyectos turísticos e inmobiliarios.

Triunfo de la Cruz, la comunidad de Darwin, está situada en el municipio de Tela, departamento de Atlántida, a orillas del mar Caribe.

Cronología del conflicto

En 1950, el Estado de Honduras otorgó a Triunfo de la Cruz títulos sobre unas 615 hectáreas de dominio pleno y 128 en garantía de ocupación. Sin embargo, en 1989, la alcaldía de Tela amplió el perímetro urbano de la ciudad sobre tierras reclamadas por la comunidad.

Entre 1993 y 1995 se vendieron irregularmente alrededor de 44 hectáreas de territorio ancestral para una empresa palmera y el proyecto turístico Marbella. En 1997, la municipalidad traspasó otras 22,81 manzanas al Sindicato de Empleados y Trabajadores de la Municipalidad de Tela. 

En 2000 se creó el área protegida de Punta Izopo, cuya extensión se superpone parcialmente con el territorio garífuna. La comunidad denunció estas actuaciones por desconocer sus derechos colectivos y la consulta previa, libre e informada.


Alfredo López, dirigente de la OFRANEH, pagó con su libertad la defensa de las tierras de Triunfo de la Cruz. En 1997, cuando las denuncias por las ventas ilegales cobraban fuerza, fue detenido y encarcelado. Pasó seis años en prisión. La Corte IDH condenó posteriormente al Estado hondureño por las violaciones a sus derechos durante la detención y el proceso judicial.

Alfredo cuestiona y, sobre todo, lamenta el papel del Estado en el cumplimiento de las sentencias internacionales: «A pesar de que el Estado tiene la obligación de proteger nuestro territorio, está claro que los obstáculos existentes están vinculados a los intereses de grupos que pretenden privatizar las comunidades. Donde están las playas, los recursos, hay interés de negocios por apoderarse y sacarnos de nuestras comunidades».

Para López, los gobiernos, sin distingo de color político, no están interesados en garantizar la propiedad colectiva porque los territorios garífunas, bañados por el Caribe, son codiciados por la industria turística.

«Esta lucha la hemos pagado con sangre. Yo con cárcel, pero también he sido amenazado, hostigado, y nuestros cuatro líderes comunitarios desaparecidos, todo por la ambición de políticos y empresarios que a la fuerza quieren despojarnos. Sabemos que hay miedo; sin duda, ellos tienen poder, dinero e incluso armas. Para nosotros es cuestión de vida o muerte, porque son nuestras tierras, es nuestro hogar», comenta.

Alfredo López fue encarcelado injustamente por 6 años por su lucha en defensa del territorio garífuna.

Alfredo recuerda la desaparición de cuatro líderes garífunas el 18 de julio de 2020. Hombres armados, con indumentaria policial, se llevaron a Alberth Sneider Centeno, Milton Joel Martínez, Suami Aparicio Mejía y Gerardo Roche Cálix. Su paradero sigue siendo desconocido.

Las muertes habían comenzado mucho antes. Entre 1996 y 1997 fueron asesinados cuatro miembros de Triunfo de la Cruz: Óscar Brega, Jesús Álvarez Roche, Jorge Castillo Jiménez y Julio Alberto Morales. Roche, alcalde auxiliar de la comunidad y opositor a las ventas de tierras, ya había sobrevivido a un atentado en 1994.

Estado de Honduras responsable

La sentencia de 2015 determinó que Honduras incumplió sus obligaciones de delimitar, demarcar y titular tierras tradicionales, garantizar el disfrute efectivo de la propiedad colectiva y respetar el derecho de consulta de la comunidad.

Entre las reparaciones ordenadas por la Corte IDH figuran la demarcación y titulación de tierras, la garantía de acceso y uso del territorio que se superpone al parque Punta Izopo, la creación de mecanismos para regular el Registro de Propiedad y el establecimiento de un fondo de desarrollo comunitario. También dispuso medidas de reconocimiento público, difusión de la sentencia, investigación de hechos denunciados y pago de costas y gastos.

Darwin recuerda que salir de Triunfo de la Cruz fue uno de los momentos más duros de su vida. «En la comunidad no hay fuentes de trabajo. Yo debía aportar para mantener a mi mamá y siete hermanos, y la pesca, de las pocas actividades que se realizan, casi siempre era prohibida para nosotros. Me vi obligado a irme y buscar trabajo en la industria de la maquila». Quince años después regresó con su familia, cansado de la discriminación, el racismo laboral y la violencia de la ciudad.

Ahora muestra las tierras que, según relata, la comunidad ha logrado recuperar. Pero también denuncia que continúan operando proyectos turísticos sobre territorio que consideran suyo. «Un ejemplo de ello son los proyectos turísticos Marbella y Playa Escondida, que están aún instalados y funcionando en las tierras de la comunidad, sin que ni siquiera se nos consultara», afirma Alfredo López.

Once años después de la sentencia, las amenazas de desalojo y las disputas por el territorio continúan, mientras la comunidad reclama el cumplimiento de las reparaciones, incluido el fondo de desarrollo comunitario.

«Pese a las amenazas que supone denunciar y rechazar que sigan entregando nuestro territorio, nosotros seguimos trabajando para recuperar nuestra tierra, para que las presentes generaciones tengan arraigo a su tierra, que los jóvenes sostienen la lucha que sus padres y abuelos lideraron para lograr mantener la comunidad», dice Darwin.

Darwin ahora es uno de los líderes de la comunidad Triunfo de la Cruz. Reclama el cumplimiento de la sentencia.

Para el pueblo garífuna, proteger Triunfo de la Cruz es cuestión de vida o muerte. Necesita la tierra para sobrevivir, alimentarse, conservar su cultura y garantizar que las futuras generaciones mantengan sus raíces.

Desde el especial periodístico WAMUA LE buscamos la versión del subprocurador de la República, Francisco Quiroz, sobre las acciones de la administración del presidente Nasry Asfura para cumplir la sentencia. Hasta el cierre de este reportaje no recibimos respuesta. Tampoco respondió el alcalde de Tela, Ricardo Cálix Ruiz.

«Las autoridades deben comprender que Tela es nuestro municipio. No estamos pidiendo cosas que no nos pertenecen. Queremos que nos retornen el territorio para sembrar, construir nuestras casas, y no estamos esperando vivir como ricos, sino vivir en dignidad», concluye Darwin, sentado frente a su casa, una pequeña champa de madera donde flamea la bandera garífuna, con sus franjas amarilla, blanca y negra. Una bandera que lo identifica en esta lucha por el territorio.