

14 de septiembre, 14 de febrero. Sangre y amor
Por amor a su pueblo, a su Iglesia, a su familia, a su partido, Juan López fue asesinado un 14 de septiembre cuando los tambores y las fanfarrias resonaban al son de una ficticia o malograda independencia. Su sangre fue un torrente de amor.
Este 14 de febrero se cumplen 5 meses y aquella sangre derramada por amor no logró romper el corazón ni del Fiscal General ni del sistema de justicia hondureño. En el caso de Juan López el pacto de impunidad de alguna cúpula política con los turbios intereses que se mueven en el Aguán, ha funcionado a rajatabla. Silencio total, inescrupuloso.
Existe convicción de que el gatillero que disparó está plenamente identificado, aunque no haya juicio o sentencia condenatoria. Y existe plena conciencia de que ese gatillero recibió su paga proveniente de altos funcionarios públicos, cuyos nombres están identificados. Sabemos que sus nombres están en mano del Fiscal General, sabemos que lo saben altos dirigentes políticos. Y se callan. Guardan silencio. Apañan a los asesinos. Son cobardes cómplices.
En este febrero de tantos corazones que adornan nuestros comercios y restaurantes. Nosotros nos quedamos con el corazón de Juan López. Es un corazón rojo, rebosante de amor que supera todas las publicidades juntas. Es un corazón en el que todos cabemos. Su esposa y sus dos hijas, su gente del Comité Municipal, su gente de Iglesia con su obispo de Trujillo y su párroco de Tocoa, con toda su feligresía, sus leales compañeros de lucha partidaria.
Toda su gente amada cabe en su corazón que no deja de sangrar, porque en él se encarna el sangrante corazón de la Honduras rota, desplumada y en franca impunidad. Ese es el corazón sangrante de Juan López que, cinco meses después de su martirio y bajo el manto de la impunidad y del silencio político y judicial, da pleno sentido a esta fiesta de la amistad y del amor.

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