Jueves, 29 mayo 2025  

En tiempos crudos e inciertos, la madre tierra nos convoca

En escenarios movedizos e inciertos como los del contexto actual, con tanto peso de desconfianza hacia la institucionalidad por parte de la población, salir un rato de los ajetreos cotidianos es un respiro de la vida. Tan pesada es la carga de los ambientes políticos y tan dura la presión por arañar para sobrevivir, que tener un respiro en torno a la tierra, es un sosiego.

Ante el estrés de una cotidianidad fría e insensible, solo podrá sobrevivir aquella experiencia que entronque con el testimonio y su vínculo con la madre tierra, y si la amamos y si la hacemos parte esencial de nuestra vida. Lo que no se ama o se queda solo en la mente o buenas intenciones, no podrá sobrevivir.

En el llamado testimonial de la tierra, se experimenta una fuerza que atrae, y da un sentido nuevo y llena de frescura a la computadora o los papeles y planes de trabajo, con su vida sedentaria. El llamado de la tierra es una convocatoria fuera de orden, desinstala, saca del espacio de confort. Llena un vacío que se gana con mucha vida y sencillez. Es un ir al llamado de la tierra que nos vincula con un mundo lleno de generosidades, porque generosa es la tierra y generosa es también la cosecha, y generosos nos volvemos cuando mis miramos desde el frescor de la tierra y sus frutos.

Pisar la tierra, sentir el aire y el verdor del campo, relajarse con el rumor de un arroyo o de una quebrada, es un toque especial entre las muchas tareas y demandas que cada persona y cada organización tiene en el día a día. Ir a la tierra y sentir su aroma y su generoso abono no es un programa, no es un plan de trabajo, no es un horario a cumplir. Es un regalo.

Pisar la tierra con su semilla y su siembra llena de sentido nuevo a las redes sociales y al correo electrónico. Tener contacto con la tierra, con la siembra y con el rumor de los arroyos, es recrear la vida;  es perder el tiempo en el encuentro con la madre naturaleza, para ganar en generosidad y acentuar energías positivas. Entrar en contacto con la tierra es celebrar la vida.

En cualquier circunstancia, por muy difícil o árida que sea la coyuntura, por muy fríos que sean los datos de un Sondeo de Opinión, es gratificante ponerle el toque de fiesta al contacto con la tierra, sea con una olla de sopa de frijoles; sea con cortar una maleza que impide que crezcan las matas de piña o de frijol; sea con quitarnos los zapatos o sandalias y refrescar los pies en contacto con las aguas cristalinas del arroyo. La tierra siempre nos espera. Con un poco de amor, y haciendo a un lado las urgencias, nos colmará con sus regalos. 

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