

El estado de excepción y la inseguridad ciudadana
La violencia e inseguridad son realidades omnipresentes en nuestro país, y abordarlas es una necesidad impostergable. El estado de excepción se ha planteado como una estrategia de seguridad pública para controlar las redes de criminalidad, las extorsiones y el narcotráfico. Sin embargo, según el Sondeo de Opinión Pública del Equipo de Reflexión, Investigación y Comunicación (ERIC-SJ), el 70.6 % de los encuestados expresa que el estado de excepción no está resolviendo el grave problema de la inseguridad en el país.
Por otra parte, el estado de excepción se ha convertido en la excepción del Estado de derecho en muchos espacios geográficos del país. La suspensión de garantías como la libertad de circulación, el derecho a asociación y reunión y la inviolabilidad del domicilio, han violentado y humillado a muchas familias.
Se escucha y se observan muchos casos de violación de derechos humanos, allanamientos de moradas e intimidación de familias, comunidades y en casos extremos, detenciones arbitrarias y desapariciones forzadas. El Comisionado Nacional de los Derechos Humanos (CONADEH) ha registrado más de mil quejas por abusos cometidos por las fuerzas de seguridad en el contexto de la aplicación de esta medida.
Desde otro punto de vista, se ha señalado la falta de protección a defensores y defensoras de derechos humanos, periodistas, defensores de los bienes comunes y los territorios. Con el estado de excepción la seguridad se ha convertido en una amenaza de inseguridad y terror para muchos ciudadanos y comunidades.
Estas situaciones ponen en jaque la finalidad del estado de excepción. Pues son muchos los cuestionamientos de su eficacia y sus resultados. Y en el contexto electoral se cuestiona si celebraremos las elecciones generales bajo el estado de excepción al igual que cuando se realizaron las elecciones primarias el mes de marzo pasado.
Todos estos elementos nos sugieren que se debe evaluar seriamente la continuidad del estado de excepción y proponer una estrategia distinta con una visión que garantice los derechos humanos, se priorice la prevención y se ataque las raíces del mal de la violencia: la pobreza, la exclusión social y la falta de oportunidades para lograr soluciones de largo plazo. Se necesita la valentía y la honestidad política para lograr estos objetivos y garantizar unas elecciones generales libre del estado de excepción, pero con la seguridad ciudadana del Estado de derecho y no de la excepción del estado.
