Lunes, 27 octubre 2025  

Hurgando en la memoria

Hace muchos años en las tertulias entre vecinos y amigos el robo de las bicicletas era tema cotidiano, eran los tiempos de los añorados campos bananeros en el Valle de Sula. La bicicleta era el medio de transporte más importante para el trabajo y las andanzas, era algo valioso para los hombres principalmente. Ante el robo de las bicicletas rápido se tomaron medidas como la de poner candados, cadenas y en las ciudades aparecieron los lugares donde cuidaban bicicletas. 

Es la misma historia que se repite en el mundo campesino con las vacas y caballos, para protegerlos ante el robo les van poniendo el famoso fierro, aseguran los potreros para tener control de los animales y semanalmente alguien los busca para aseguran que estén todos y estén sanos.

En tiempos más recientes, la gorra se puso de moda entre los jóvenes. Había variedades de estilos, colores y precios. Cada quien presumía según gustos y posibilidades de pago. Pronto se escuchaban historias de estudiantes que les habían arrebatado las gorras mientras iban en el bus. Los chavos rápidamente tomaron medidas de quitarse la gorra mientras el bus estaba estacionado.

Con la llegada de los celulares se recogen las mismas historias en las tertulias laborales y familiares. Todo mundo daba recomendaciones de no andar hablando en la calle por teléfono, sobre lugares donde guardarlo, hasta aplicaciones de seguridad para rastrear el teléfono o para bloquearlo. La misma historia se repite con el robo de motos y carros, hay diversas iniciativas para que sus propietarios puedan prevenir el robo.

Uno de los elementos comunes en estas dinámicas es el esfuerzo que la población hace por cuidar sus cosas, para ellos se dedica tiempo, recursos para asegurar su patrimonio. Hay cultura de cuidar lo personal o individual. Curiosamente ninguna de estas acciones las hacemos con los bienes públicos, nos roban el presupuesto de obras públicas y no pasamos de la queja, se gasta millones de Lempiras en programas asistencialista y no decimos nada, al contrario, con frecuencia nos sumamos a la fiesta que los políticos hacen con nuestros recursos. 

La indiferencia ante patrimonio públicos como la inversión en la salud, educación, carreteras y desarrollo rural es un pilar importante del empobrecimiento de la sociedad hondureña, y esa misma indiferencia en base de la corrupción de los fondos públicos y la fuente de riquezas de políticos municipales y nacionales que entraron con una mano adelante y otra atrás y hoy son grandes acaudalados, ¿Hasta cuándo vamos seguir siendo indiferentes con el patrimonio público?


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