Lunes, 23 marzo 2026  

Ejerzamos nuestro derecho a decir NO a Trump, No a la guerra

Trump ha declarado la guerra contra lo que él llama el terrorismo y la lucha contra la droga. Dentro de territorio estadunidense, esa guerra la expresa Trump en su tenaz y feroz lucha en contra de las poblaciones migrantes. Y en estas guerras, las decisiones sin límites de ese personaje siniestro y salvaje, buscan implantar el imperio en todos los rincones de la tierra, dejando claro que aquello de América para los americanos lo ha convertido en el planeta para los súper ricos estadunidenses.  

Es una guerra imperial cuyo único límite es la perversa mente de Trump y sus secuaces. Y esa mente está en franca alianza con la mente criminal de Netanyahu, para quien su objetivo es muy claro: el control y sometimiento de todo el oriente medio, y desde ese control extender su poderío imperial para apoderarse del petróleo y otras riquezas en el marco del reparto de los recursos con Estados Unidos. Son guerras de reparto de botines, sin importar el reguero de sangre y dolor, a lo que Trump y Netanyahu apenas llaman daños colaterales.  

Trump va provocando guerras y muertes sobre la base de que ellos son los buenos, los demás son malos, un maniqueísmo simplón, y por eso mismo destructor. Demócratas en contra de comunistas y terroristas, democracia en contra de la izquierda.  Para Trump y sus secuaces nadie puede quedar neutral, incluso, tiene claro que Dios es de ellos, está con Estados Unidos y con el Estado sionista y terrorista de Israel.  

Es triste ver que, en países latinoamericanos, como es el caso de Honduras, sus gobiernos buscan emular la práctica exterminadora de Trump, y se arrodillan ante sus barbaridades. Son cómplices. El gobierno de Honduras es cómplice, y punto. Son gobiernos serviles ante el imperio, y ponen en marcha medidas de control de la economía y se preparan para perseguir a toda oposición que pongan en cuestión la política imperial dentro de nuestros territorios. No importa que las demandas de estas personas o grupos sean por salarios justos, protestas por el alza increíble de los precios de la canasta básica, por despidos arbitrarios o por exigir la aplicación recta de la justicia en casos de corrupción de funcionarios públicos.  

Los diversos sectores sociales y populares y de comunidades eclesiales de base, no debemos tener miedo de decirle No a las políticas de guerras y exterminios de Trump y sus perversos aliados. Nos guía el derecho a vivir en paz y con dignidad. Recordemos el Evangelio que nos dice que son bienaventurados los que luchan por la paz porque serán reconocidos como hijos de Dios. Esta es nuestra divisa, no nacimos para las guerras, hemos nacido para ser constructores perpetuos de ambientes de paz con justicia y dignidad.

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