

La fe cristiana: de la muerte al triunfo de la vida
El núcleo de la fe y liturgia cristiana es la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo. La comunidad cristiana confiesa que toda pasión del pueblo, y toda muerte incruenta, asumida en toda su profundidad, allana el camino que conduce al triunfo de la vida de las víctimas y de los inocentes. Porque la fe se sostiene en la resurrección del Señor Jesús.
Los relatos evangélicos dan cuenta que de las oscuridades y las derrotas de los primeros seguidores surge una nueva oferta. En el propio lugar donde abundó el fracaso y la muerte, la comunidad cristiana confiesa y testimonia la plenitud de la Vida, y proclama que aquel hombre clavado en el madero está vivo y camina delante de los creyentes convirtiendo en vida y luz todas las oscuridades y las muertes incruentas.
No hay fe en la resurrección sin el paso por la cruz. Y más allá de la liturgia, la cruz es sin duda la experiencia más amarga de los pobres del país. La cruz de Jesús fue una experiencia real y físicamente dolorosa, así como real y dolorosa sigue siendo la cruz que carga el pueblo pobre en su vida cotidiana.
Quienes tenemos fe en la resurrección podemos tener muchas dudas, y tenemos derecho a sospechar que muchas palabras bonitas no pasan de ser mentiras que se presentan como verdades. Tenemos derecho a dudar de que un gobierno diga una cosa y en los hechos haga lo contrario. Pero de lo que no podemos dudar es que la mentira y la derrota nunca serán eternas, y que la angustia y la muerte no podrán ser nunca la última palabra. Y es así porque nuestra fe no oculta el sufrimiento y la muerte de Jesús. Pero no se quedó en el sepulcro, emergió con toda su vida para compartirla e irradiarla en la comunidad de creyentes.
Necesitamos emerger de las oscuridades y de las derrotas, de tantas muertes acumuladas. Hoy confesamos nuestra fe en el triunfo de la luz sobre todas las oscuridades, y confesaos que la verdad siempre nos hará libres. Y la verdad no es sino el Dios de la vida, triunfador de la muerte. Y nuestra fe nos conduce a caminar abriendo puertas de vida y dignidad. En esta nuestra historia repleta de derrotas y de tinieblas, necesitamos de una Iglesia que, fortalecida en el Señor de los amaneceres, eche su suerte en la misión de bajar al pueblo de sus cruces.
Escuchar y descargar Nuestra Palabra
