

Del viacrucis al viacrucis (y a esperanzarnos)
Sí, la liturgia de Semana Santa se quedó atrás. En la liturgia oficial la comunidad eclesial celebra la pascua, el paso de la oscuridad a la luz, de la muerte a la vida. Fuera de la liturgia, la vida no solo sigue igual, sigue mucho más oscura que antes de la pasión y muerte del Señor. La sociedad, cuanto mayor es su precariedad, más sufre las consecuencias de las cruces sociales, económica y políticas impuestas por los Herodes, los Caifás y los Pilatos de este tiempo.
La liturgia nos coloca en pascua de resurrección, pero los hechos hondureños nos colocan sin piedad en el peor de los viacrucis. La pascua nos recibe con otro trancazo cruel al combustible; la factura de energía eléctrica aumentará en casi once por ciento, y se disparan los precios de todos los productos de consumo básico. Mientras que el anuncio del aumento del salario será tan raquítico para los trabajadores y empleados en general, que deja por establecido que el viacrucis más que litúrgico es un pesado camino de sufrimiento para la sociedad hondureña de los pobres.
Sin embargo, los atisbos de una nueva vida siempre están al acecho. Una señora que tiene que alimentar a sus cuatro criaturas palmeando y vendiendo tortillas, viendo pasar la procesión del viacrucis dijo con sus ojos puesto en un horizonte lejano: “primero Dios que un día van a cambiar las cosas y ya no andaremos por esta vida con estas cruces que nos imponen los que están arriba”. Otra señora viuda, en la profundidad de una montaña hondureña, convierte la aridez pedregosa de su propiedad en una parcela modelo de agroecología con abono orgánico y en una generosa industria familiar de apicultura.
Y así ha de ir la vida, no quedarnos encorvados, solamente viendo hacia abajo, con el lamento de nuestras cruces, sino viendo siempre hacia adelante, con la frente erguida y con la mirada puesta en el horizonte, hacia donde nos hemos de poner en camino, pero con los pies muy puestos en la realidad cotidiana.
Esos pies bien puestos en nuestra realidad es la que nos servirá de base para ver hacia adelante sin buscar respuestas regaladas de quienes ostentan los poderes establecidos, al tiempo que nos permitirá ver a nuestro lado para identificarnos con quienes cargar cruces iguales a las nuestras. Y convertirlas en símbolo de lucha.
Esa será la clave para descubrirnos y tomar conciencia de que somos oprimidos, y si nos enlazamos desde nuestras cruces, lograremos no solo identificar a quienes nos imponen esas cruces, sino ponernos a caminar juntos hacia el horizonte en la construcción de una liberación que solo ha de estar en nuestras manos.
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