Miércoles, 06 de mayo 2026  

Saber escuchar para encontrar consensos

Fue el Padre jesuita Ignacio Ellacuría, asesinado el 16 de noviembre de 1989, quien dijo lo siguiente: “Que el pueblo haga oír su voz, que el pueblo reflexione, desde el punto de vista de la Iglesia, en sus comunidades de base; desde el punto de vista social…Que reflexionen sobre la situación del país, que exijan ser bien informados. Que hagan sentir cómo se necesita cuanto antes un desarrollo económico profundo del país, cómo se necesita que se resuelva su problema de injusticia”.

El derecho que tiene la gente a ser consultada es esencial a la democracia. Donde hay democracia auténtica hay consulta; la ausencia de consulta es un signo inequívoco de la ausencia de democracia verdadera. Ocurre con frecuencia que decimos que representamos al pueblo, que el pueblo eligió, que el pueblo piensa de esta o de aquella manera. Pero, ¿de verdad es el pueblo el que habla, de verdad los que hablan representan al pueblo?

Por ejemplo, las elecciones cada cuatro años es la consulta que por antonomasia tenemos para que el pueblo se exprese. Digamos que esa es la consulta más grande que se tiene. Sin embargo, ¿es consultada la gente al momento de decidir sobre las personas que irán como candidatas a elección popular? Bien dicen que la gente va cada cuatro años a votar, pero la verdadera elección se toma en ambientes en donde la gente no es consultada.

Una vez que los candidatos se convierten en autoridades, ¿siguen escuchando la voz del pueblo? Por ejemplo, cuando los diputados levantan su mano al momento de votar por una ley, ¿están acaso representando a los que lo votaron? ¿Votan por una lealtad al pueblo o por escuchar la voz de su dirigente de partido? Muchas veces, las elecciones de cada cuatro años, como la mayor de las consultas que se tienen en nuestro país, sirven de argumento para que los “elegidos” decidan sobre los bienes de toda la sociedad, pero para provecho de capitales multinacionales y de unas cuantas cúpulas.

La sociedad hondureña está rota en sus tejidos humanos, éticos, espirituales, sociales, políticos y culturales. Toda la institucionalidad, pública y privada, está cruzada por esta realidad de deterioro. Hubo elecciones a finales del año pasado, pero eso no significó que los políticos escucharan a la gente. Comenzó una nueva administración pública y la escucha de la gente está ausente. Los políticos parecen tener oídos únicamente para escuchar a sus jefes, y los jefes a sus jefes externos al país.

En un país tan deteriorado como el nuestro, lo peor que puede hacer un gobierno es encerrarse dentro de los pasillos por donde circulan solo los de su bando. El país está necesitado de escuchas y de búsqueda de consensos entre todos los sectores de la sociedad. Sin embargo, el gobierno parece priorizar solo a las cúpulas, dar bandazos sin rumbo determinado. Y si no se escucha a la gente, si las élites políticas nos e abren a consensos, el deterioro de la sociedad será irreversible.

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