

“La Ley es una cosa, la práctica es otra”
Esta expresión fue dicha en un programa de televisión por un diputado del Congreso Nacional perteneciente al Partido Nacional. Retrata con crudeza una de las mayores debilidades de nuestras instituciones en las que se basa lo que todavía llamamos democracia. Y queda establecida lo que en efecto sucede en nuestro país: la distancia entre lo que establecen las normas y lo que realmente ocurre en la vida pública.
Más que una simple observación, la frase «la ley es una cosa, la práctica es otra” suena como una resignación peligrosa, casi como si el incumplimiento de la ley fuera parte natural del funcionamiento del Estado. Cuando un diputado elegido por la ley y por tanto representante del pueblo, admite esa separación entre legalidad y práctica, no solo describe una realidad preocupante, sino que también expone la fragilidad institucional del país.
La ley debería ser el marco que ordena la conducta de funcionarios, ciudadanos y poderes públicos. Si en la práctica se actúa de otra manera, entonces estamos frente a una falla estructural del Estado de derecho. Lo más alarmante es que esa frase puede interpretarse como una normalización de la doble moral política: una para el discurso oficial y otra para la conducta real.
Bajo esa lógica, las leyes se convierten en adornos jurídicos, útiles para guardar apariencias, mientras las decisiones verdaderas se toman según conveniencias, pactos informales o intereses particulares. Eso erosiona la confianza ciudadana y alimenta el desencanto con la política. Sin embargo, el reconocimiento de esa brecha también puede servir como punto de partida para una discusión honesta.
Aceptar que existe una distancia entre norma y realidad obliga a preguntarse por qué ocurre: ¿falta de voluntad política?, ¿debilidad institucional?, ¿corrupción?, ¿impunidad? ¿Resquebrajamiento de la institucionalidad del Estado de derecho? Nombrar el problema no basta; lo indispensable es corregirlo. De lo contrario, la frase deja de ser una crítica y se convierte en excusa.
En una democracia seria, la práctica debía acercarse cada vez más a la ley, no alejarse de ella. Porque cuando la costumbre termina imponiéndose sobre la norma, lo que está en juego no es solo el respeto a las reglas, sino la credibilidad misma del sistema político.
Escuchar y descargar Nuestra Palabra
