Jueves, 08 de octubre 2026  

Dos realidades en paralelo

Honduras se mantiene entre los países más pobres de América Latina. De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística (INE), seis de cada diez hondureños y hondureñas viven actualmente en situación de pobreza, una realidad frente a la cual se dirigen las iniciativas del gobierno y la cooperación internacional. Sin embargo, diversas fuentes afirman que en los últimos 20 años se han invertido 800 mil millones de lempiras sin lograr reducir este flagelo. Las preguntas obligadas son ¿dónde está todo ese dinero? y ¿cuáles son las verdaderas causas de la desigualdad social?

Diversos expertos coinciden en que el problema nacional no es la falta de recursos, pues el país es rico en agua, tierras, bosques y playas; el verdadero problema es la concentración de la riqueza. A lo largo de las últimas tres décadas, la acumulación de riqueza en pocas manos y la miseria en la mayoría han sido dinámicas impulsadas por las últimas siete administraciones públicas con el aval de organismos financieros internacionales.

El enriquecimiento de estos sectores ha estado estrechamente ligado a los negocios con el Estado. Las primeras ganancias millonarias surgieron con la privatización de servicios públicos, la devaluación de la moneda y leyes favorables al capital durante el gobierno de Callejas. Posteriormente, tras el paso del huracán Mitch, los dólares de la solidaridad internacional se esfumaron de las instituciones estatales, convirtiendo el dolor de las mayorías en un lucrativo negocio para unos pocos.

Esta dinámica continuó con la firma del Tratado de Libre Comercio en 2004, las concesiones extractivistas tras el golpe de Estado y las privatizaciones de instituciones como Hondutel, SANAA y la ENEE. La acumulación de capital fue tal que facilitó incluso que estos grupos se convirtieran en socios y lavadores de dinero del crimen organizado.

Hoy, riqueza y pobreza representan dos realidades opuestas que polarizan al país, dinamizadas por un reducido grupo de familias que capturaron al Estado y lo convirtieron en su ‘gallina de los huevos de oro’. Esta mafia constituye la verdadera dictadura hondureña. Por ello, romper con esta red y recuperar el Estado para la ciudadanía es la gran tarea pendiente para definir el presente y futuro del pueblo hondureño.

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