Viernes, 09 de octubre 2026  

El cambio se mide en la olla, no en los discursos

En un año de cambio de gobierno, el alto costo de la vida no puede convivir con el derroche ni la indiferencia de quienes administran los bienes públicos. Todo aumenta, menos los salarios. La inflación llegó a 6.20% en agosto de 2026, y todo va para arriba golpeando los hogares de menos ingresos. Mientras las familias sufren el alto costo de la vida, es escandaloso cómo algunos políticos siguen tratando el Estado como un botín, una chamba con grandes privilegios o fuentes de negocios personales.

Tenemos un gobierno con poca legitimidad después de las cuestionadas elecciones generales de noviembre pasado y lo menos que puede hacer es tener la decencia de actuar con ética y decoro, ante amplios sectores indignados. Poca esperanza pudo manifestarse con el cambio de gobierno, pero no podemos dejar de preguntarnos, ¿dónde está el cambio en la vida cotidiana de quienes no tienen ni para llenar la olla de frijoles ni las tortillas aseguradas?

Cada gasto público innecesario como viajes, comitivas, publicidad, banquetes, vehículos, contratos sin control, representa recursos que podrían destinarse a las escuelas y hospitales públicos, agua potable, carreteras rurales y, en esta emergencia nacional, atender la crisis de la inseguridad alimentaria de cientos de miles de hondureños. No se puede pedir sacrificios al pueblo mientras se infla la burocracia y se elevan los gastos en derroches y privilegios.

La austeridad no consiste en recortar servicios públicos, sino en eliminar privilegios. Basta ya de discursos vacíos, ceremonias y anuncios publicitarios. La gente quiere obras, no palabras; respuestas, no propaganda. El gobierno se evalúa si baja el hambre, si se mejora el acceso a la salud, si se protege el empleo digno, y si se reducen la violencia y la desigualdad.

En agosto, el 64% de los 405 bienes y servicios que integran la canasta del Índice de Precios al Consumidor registraron alzas de precios. Y más del 60% de la población vive en pobreza; cada alza de precios es una amenaza directa contra la supervivencia de las familias hondureñas que no necesitan propaganda política, sino un presupuesto para vivir en condiciones dignas. La austeridad verdadera no consiste en quitarle al pueblo lo que le corresponde por derecho, sino en eliminar privilegios a quienes se han acostumbrado a vivir a costa del Estado, porque un gobierno que exige sacrificios al pueblo, pero protege privilegios para los suyos, pierde legitimidad y autoridad moral. No pedimos limosnas ni promesas que alimenten falsas esperanzas; exigimos que el dinero del pueblo se invierta para que el pueblo pueda vivir con dignidad.

Escuchar y descargar Nuestra Palabra


Contáctenos | Misión | Historia | www.radioprogresohn.net