

Visita Ad Limina: una llamada a la Iglesia y al país
En esta primera quincena de octubre, la Conferencia Episcopal de Honduras realizó en el Vaticano la tradicional visita Ad Limina Apostolorum, ese encuentro periódico en el que los obispos de cada país acuden a Roma para presentar la realidad pastoral de sus diócesis, compartir la misión que desempeñan y escuchar la palabra orientadora del Papa, sucesor de Pedro, a la luz del testimonio de los apóstoles Pedro y Pablo.
En esta ocasión, tras escuchar a los obispos hondureños y expresar sus condolencias por la muerte de Monseñor Teodoro Gómez, obispo de Choluteca, el Papa León XIV dirigió un mensaje que trasciende los muros eclesiásticos. Se trata de un mensaje que dialoga con el sufrimiento de Honduras y que interpela tanto a la Iglesia como a la sociedad entera.
Tres son las llamadas fundamentales que deja el Papa a la Iglesia hondureña. La primera es promover la paz en una sociedad herida, rota por la violencia, la inseguridad y el miedo, una paz construida desde la verdad, la justicia y la cercanía con las víctimas. Una paz que exige consolar a quienes han sido golpeados por la violencia, pero también reclamar con firmeza que los operadores de justicia cumplan con responsabilidad su tarea, que se fortalezca la institucionalidad y se rompa con la justicia selectiva que alimenta la impunidad.
La segunda llamada es defender la dignidad humana, especialmente allí donde es diariamente atropellada. Y eso, en Honduras, tiene el rostro del campesinado que lucha por la tierra con el riesgo de ser criminalizado. Tiene el rostro de los pueblos indígenas y garífunas, bajo amenaza ante el invasivo extractivismo. Tiene el rostro de una juventud atrapada entre la violencia, la falta de oportunidades y el desempleo. Tiene el rostro de las mujeres, en un país marcado por alarmantes niveles de femicidio. Y tiene también el rostro de quienes defienden la casa común, el ambiente y los bienes naturales, muchas veces perseguidos e incluso asesinados por levantar su voz.
La tercera invitación es a la cercanía con la sociedad de los pobres, con esa Honduras empobrecida que carga sobre sus espaldas las consecuencias de políticas públicas equivocadas, excluyentes e insensibles. Estar cerca de los pobres no puede reducirse a un gesto asistencial ni a una declaración retórica. Supone escuchar su clamor, acompañar sus luchas, denunciar las estructuras que producen exclusión y comprometerse con caminos de transformación.
El mensaje del Papa encaja profundamente con las angustias, los clamores y las esperanzas de un pueblo abatido por la incertidumbre. Para la Conferencia Episcopal y para toda la Iglesia hondureña, este mensaje deja una tarea ineludible. Evangelizar hoy en Honduras pasa por la conversión, por la apertura a los signos de los tiempos, por una solidaridad concreta con la vida herida de las mayorías y por una opción clara junto a los pueblos oprimidos y desamparados.
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