Estos días de comienzos de año han sido especialmente agitados en el país y el mundo. Digamos de entrada que hay unas palabras de Monseñor Romero las cuales hemos citado muchas veces, pero siempre son novedosas porque iluminan, aclaran, dan esperanza y saben situar la misión de la Iglesia. Son palabras que caen como anillo al dedo en estos comienzos del año. Dónde poner nuestra mirada, dónde poner nuestras fuerzas. Monseñor Romero nos recuerda que en toda coyuntura política, lo que importa es el pueblo pobre, según les vaya a ellos, los pobres, así ha de andar la Iglesia. En este sentido, comenzamos el año, y en medio de tantos datos que nos abruman, decimos que lo que nos ha de iluminar y dar sentido a lo que hagamos y digamos, ha de ser la vida de la gente más humilde. 

Para quienes expresamos nuestra fe en la comunidad cristiana, tenemos puesta nuestra mirada en la realidad. No la perdemos de vista, en ella nos habla Dios a través de los signos de la historia. Por eso mismo, nosotros ofrecemos semanalmente este nuestro Directo al Grano como un aporte a la Iglesia y a la sociedad para que nunca perdamos de vista la mirada a la realidad. Es una mirada analizada, reflexionada, a la luz de las diversas ciencias humanas y a través de la propia palabra de Dios y del magisterio de la Iglesia. En nuestro análisis de hoy hemos escuchado la voz autorizada del abogado Omar Menjivar, analizando los cruces y conflictos, los manejos sucios y el uso de la institucionalidad jurídica para intereses políticos. Sin embargo, nuestro análisis lo completamos con la reflexión desde nuestra fe cristiana, quien se encarna en la historia, en la humanidad, en la persona de Jesucristo.

Este año sin duda será particularmente agitado. Termina un gobierno e inicia otro, con fuertes de su legitimidad tras elecciones tormentosas y con el favor del gobierno de los Estados Unidos. Queda por delante cómo será nuestro comportamiento ante las decisiones políticas que vaya tomando el nuevo gobierno.

Frente a estas realidades, la Iglesia está llamada a dar esperanza y por alentar aquellas propuestas que conduzcan a buscar respuestas que abonen a la producción, al empleo, a la educación de la niñez y de la juventud. Nuestra insistencia para este año es que la Iglesia ha de emprender una enorme tarea en  y ciudadana entendida como contribuir a redefinir la política como la tarea para construir lo público como bien para la mayoría de la gente, y nunca como lo es hoy, una tarea que realizan unos pocos politiqueros para hacer de lo público un espacio que beneficia a poca gente y carga desgracias sobre las mayorías. Educar en política es desarrollar la conciencia de que este país es de nosotros, de todos y todas, que no es de una poquita gente politiquera o rica, que este país lo vamos a salvar nosotros, que la solución a los problemas no nos vendrá nunca de afuera, que lo salvamos nosotros, y que no esperemos que sean otros y desde afuera que nos vengan a resolver nuestros problemas.

Y ante la angustia y desesperación por el desempleo, la inestabilidad y la violencia, la Iglesia está llamada a acompañar desde la cercanía a las comunidades, desde una pastoral social de acompañamiento y de misericordia. En este acompañamiento, la Iglesia ha de poner señales de que en efecto está con la gente y que su pastoral se organiza para denunciar aquellos mecanismos que engañan maliciosamente a los sectores más indefensos, muchas veces en nombre de la misma gente. Tomar distancia de los grupos de poder, es una buena señal para estos tiempos que demandan signos de solidaridad y compromiso con el caminar de los pobres. Y esa señal debemos darla todos los que formamos parte de la iglesia.

La Iglesia tiene como tarea también fortalecer sus medios de comunicación, y hacer uso de los mismos en coordinación y con programas de noticias, análisis, reflexiones, debates en torno a los grandes temas que sin duda más afectarán a los pobres en este año, como es la crisis económica que hace relación con la situación de nuestra población migrante amenazada en Estados Unidos, así como la inestabilidad política. Y acompañar desde los medios, comunicando esperanzas a partir de la realidad y desde una clara opción preferencia por los pobres, como nos lo recuerdan los textos evangélicos y los documentos oficiales de la Iglesia latinoamericana.