Desde 1981, Honduras ha celebrado 11 procesos electorales bajo las mismas reglas, sin cambios significativos pese a crisis políticas y sociales. Lo que podría interpretarse como estabilidad democrática, las elecciones reflejan la habilidad de élites que a través de los partidos garanticen un sistema que perpetúa su poder. Marginar reformas necesarias para fortalecer la democracia es parte de su juego.


Un sistema con grietas históricas

El bipartidismo tradicional, liderado por los partidos Nacional y Liberal, se vio alterado en 2013 con la irrupción de Libertad y Refundación (Libre). Sin embargo, lejos de fortalecer la institucionalidad, la competencia entre tres fuerzas ha complicado los consensos y aumentado la ingobernabilidad.

Según el analista Elvin Hernández, los procesos electorales en Honduras han sido históricamente fraudulentos y poco transparentes. «Los candidatos no siempre son elegidos por la población, sino por acuerdos entre líderes partidarios», afirma Hernández, señalando la debilidad estructural de la democracia hondureña.

A pesar de la alternancia en el poder, las elecciones siguen careciendo de credibilidad. En 2021, el proceso generó un alto nivel de participación, lo que parecía una señal de fortalecimiento democrático. Sin embargo, en los años posteriores, las acciones del gobierno y los partidos políticos han erosionado la confianza ciudadana. Además, las elecciones de 2025 se desarrollarán bajo las mismas leyes y condiciones que las anteriores, manteniendo el control en manos de quienes ya ostentan el poder y utilizan recursos estatales para favorecer a sus candidatos.

Crisis de confianza y percepción pública

La manipulación del sistema ha generado un creciente escepticismo ciudadano. Según el Índice de Democracia 2023 de The Economist, Honduras está clasificada como un «régimen híbrido» con una calificación de 4.98 sobre 10, en riesgo de caer en autoritarismo. Además, un sondeo del ERIC-SJ revela que el 84.8% de la población desconfía de los partidos políticos, el 83.4% del Congreso y el 81.4% del Consejo Nacional Electoral.

Factores como corrupción, abuso de poder y financiamiento ilícito en campañas alimentan esta crisis de credibilidad. La falta de mecanismos de control efectivo permite que personajes cuestionados continúen participando en política sin consecuencias.

Reformas pendientes y obstáculos

El proceso electoral de 2025 llega con altos niveles de desconfianza. Aunque se ha aprobado un presupuesto de más de 2 mil millones de lempiras para implementar tecnologías como la Biometría y el sistema TREP, las reformas clave en la Ley Electoral siguen pendientes. Expertos advierten que los fraudes ahora no solo ocurren en las urnas, sino también mediante la judicialización de candidatos para eliminar rivales políticos. El investigador guatemalteco Wolfgang Ochaeta señala que en los últimos años los fraudes electorales han evolucionado. «Ya no se limitan únicamente a la manipulación del voto en las urnas, sino que ahora también incluyen procesos judiciales diseñados para inhabilitar a candidatos y descartar oponentes políticos», advierte Ochaeta. Esto resalta la importancia de un sistema judicial independiente que garantice elecciones justas y democráticas.

Entre las reformas más urgentes están la implementación de una segunda vuelta electoral, la separación de elecciones presidenciales de las legislativas y una regulación más estricta del financiamiento de campañas. Sin embargo, ninguna de estas propuestas fue debatida para implementarla en este proceso electoral.

Para Osiris Payes, del Centro de Estudios para la Democracia (Cespad), los partidos políticos deberían actuar como garantes de la integridad democrática. Siendo un primer filtro para permitir la participación de candidatos comprometidos con la ética, la moral y la confianza pública. Sin embargo, su falta de voluntad para depurar sus filas ha permitido que personas con antecedentes cuestionables sigan participando en las elecciones.

Desafíos del Consejo Nacional Electoral

El reto del Consejo Nacional Electoral (CNE) es garantizar la transparencia en este proceso. Sin embargo, analistas como Teodoro Sánchez sostienen que el verdadero problema radica en los partidos, que manipulan las reglas a su conveniencia y han convertido la política en un juego de beneficios personales.

«Cuando llega el momento de que los candidatos presenten las declaraciones de sus fondos de campaña, se les da tiempo adicional, se extienden los plazos y a veces hasta se cambian las reglas del juego», señala Sánchez, destacando la falta de voluntad para fiscalizar los procesos con rigor.

Por su parte, el analista Gustavo Irías, director del Centro de Estudio para la Democracia (Cespad), asegura que la institucionalidad hondureña sigue siendo incapaz de fiscalizar el origen de los fondos utilizados para las campañas políticas, ya que, a pocas semanas de llevarse a cabo las elecciones primarias, apenas el 10% de los obligados a presentar el registro de cuentas lo han hecho ante la Unidad de Política.

En declaraciones oficiales, el CNE ha asegurado que está preparado para este proceso electoral primario. Sin embargo, la garantía de un proceso transparente recae no solo en las instituciones, sino también en la ciudadanía, que debe asumir un rol activo en la vigilancia de sus derechos electorales.

El próximo 9 de marzo, 15 movimientos internos de los principales partidos competirán en las elecciones primarias, en las que cerca de 6 millones de hondureños están habilitados para votar. Este proceso, que debería ser una oportunidad para fortalecer la democracia, se enfrenta a las mismas sospechas y cuestionamientos que en ciclos anteriores.

¿Un futuro incierto?

La falta de reformas estructurales y la continua desconfianza de la población ponen en riesgo el desarrollo del siempre incipiente proceso democrático del país. Mientras los partidos políticos sigan acentuando sus intereses aplastando el bien común, Honduras continuará atrapada en un ciclo de elecciones sin credibilidad, donde la democracia será siempre una observadora lejana en las elecciones.

Especial: Hurgando en la basura 

Ante este escenario hondureño de un proceso electoral con las mismas reglas del juego, y con precandidatos y candidatas que ratifican continuar cada cuatro años con su campaña electoral, Radio Progreso comparte el Especial: Hurgando en la basura, con el objetivo de remover y recordar a la población hondureña algunos actos reñidos con la ley, los conflictos, vínculos dudosos y promesas incumplidas, cometidos por personajes políticos que aspiran nuevamente a un cargo de elección popular.  Este especial tendrá su lupa en algunos perfiles que generan mayor cuestionamiento en los tres partidos políticos que van a la contienda de las elecciones primarias: Partido Libertad y Refundación (Libre), Partido Nacional, y Partido Liberal. Desde diputaciones que llevan más de un período en los curules, hasta quienes han hecho un reinado en las alcaldías y, por supuesto, los perfiles de quienes buscan la candidatura oficial de su partido a la presidencia de Honduras.