

El poder como ídolo destructor
Después de 44 años de continuo deterioro institucional, los niveles de corrupción han conducido a que la búsqueda del poder en el Estado se haya convertido en un factor decisivo para el enriquecimiento ilícito, en base a negociar y construir impunidad. Esto significa que el sistema de partidos políticos ha colapsado. Y las elecciones la conviertan en oportunidad para hacer fraudes en función de sus intereses extraños a los de la nación.
La contradicción entre política e insatisfacción de demandas sociales, se volvió una realidad insostenible, de manera que la política va por un cauce y la realidad insatisfecha de la gente va por otro, sin posibilidades de encontrarse. La población vota como vocación, pero confiando que su voto vale y se respeta. Pero las cúpulas de los partidos juegan con la voluntad popular.
El poder ha adquirido una connotación de fetiche, en tanto ídolo u objeto de culto, se ha endiosado. Por alcanzar el poder en el Estado, políticos y partidos políticos mienten, crean programas clientelares, chantajean, amenazan, compran conciencias, negocian y hacen fraudes, independientemente de la ideología o doctrinas políticas.
Por alcanzar el control de la institucionalidad del Estado a través del gobierno, sea a través de alcaldías, diputaciones, sistema de justicia, o del gobierno central, los partidos políticos centenarios y sus diversas candidaturas, no escatiman ningún medio o recurso para alcanzarlo, por encima de cualquier legalidad.
Por esa seducción del poder, se ha llegado al culmen de ver, aceptar y participar con normalidad en el negocio del narcotráfico como un trampolín idóneo y privilegiado para garantizar una cuota de poder dentro del engranaje del Estado. Dicen que ya están organizando masivas bienvenidas para cuando venga el modelo ejemplar de político narcotraficante de todos los tiempos.
No obstante, no es el narcotráfico, tampoco el enriquecimiento por sí solo el motor que mueve tanto chanchullo. Es por el poder por lo que los políticos se mueven, y alcanzarlo significa acceder a lo demás. El poder se ha convertido en el ídolo más grande del país, y los políticos sus principales mediadores. No acaba de terminar una campaña política, cuando ya están listos quienes se organizan para la siguiente contienda electoral.
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