

¿Oportunidad perdida u oportunidad abierta?
De acuerdo a un dicho de montana, hay tres cosas que nunca regresan: la palabra dicha, la flecha lanzada y la oportunidad perdida. En enero de 2022 tuvimos una oportunidad seguramente única en nuestra historia reciente de hacer cambios profundos desde un gobierno que asumió la administración pública con un impresionante respaldo popular.
Esa oportunidad se ha desgastado. Se ha ido desvaneciendo. Tres años después quedan pequeñas hilachas de aliento y una luz muy tenue de esperanza. No todo está perdido. Pero la oportunidad se sigue esfumando como cuando una persona enferma tiene una respiración tan forzada que comienzan las señales de un desenlace fatal.
En estos tres años se ha dado el forcejeo más feroz entre el gobierno, especialmente en el Congreso Nacional, y los sectores empecinados a no aceptar derrotas y recuperar privilegios perdidos. Fue noticia halagadora el juicio en Nueva York en donde quedó confirmado que nuestro país estuvo en las garras de criminales. Y como lo dijo un fiscal neoyorquino, aquí hubo un grupo de criminales que asaltó el Estado, y citamos textualmente, “para evitar ser investigados y proteger todas las ganancias que les generaba el tráfico de drogas, y era imposible que el Estado de Honduras hiciera una investigación, porque ellos tienen el control de las instituciones del país, ellos en Honduras son intocables”
La oportunidad se abrió afortunadamente hacia un escenario lento y prolongado, para adecentar la política y la justicia. Se habló para esa nueva etapa, de la instalación de la CICIH y de proseguir enviando narcotraficantes a la justicia en Estados Unidos.
Tres años después y la oportunidad abierta se esfuma. El gobierno se fue cerrando en un círculo cada vez más impenetrable. La oposición se fue radicalizando más en sus posturas destructivas, y desde la administración pública creció la protección de familiares. Se esfumó la CICIH y ya no se podrán extraditar los grandes narcos. Con la narrativa de defensa de la soberanía, sin decir que también se podría estar protegiendo a familiares desde los pasillos palaciegos. Pero solo se supone, nunca se dice.
Se nos va volando la oportunidad de tres años atrás. ¿La perdimos? Quedan luces, pequeñas, pero quedan. El mayor peligro es que ante el desencanto mucha gente de buena voluntad, por buscar y empujar algo nuevo que supere lo actual, quizá buscando una nueva oportunidad, podría abrir puertas para que poderes oscuros, con más fiereza que en el pasado reciente, aprovechen la frustración y desaciertos graves de la actual administración pública, para dar zarpazos hacia escenarios peores que los del presente. No permitir que se abra esa nefasta oportunidad para un escenario peor, es un asunto político fundamental.

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