

Venezuela y la violación a la dignidad y al derecho internacional
Lo dijo el congresista Demócrata de Massachusetts, Jim McGovern, “Es totalmente coherente odiar a Maduro y condenar enérgicamente la decisión de destituirlo por la fuerza”. Y a renglón seguido sentencia con firmeza, y seguimos citando al congresista: “Trump no solicitó ni el Congreso concedió autorización para este uso de la fuerza. Según nuestra Constitución y leyes, es lo hace ILEGAL”.
Mientras que la veterana senadora de California, ya en retiro, Nancy Pelosi, asocia la decisión de Trump en Venezuela con las decisiones sobre Honduras, y la citamos textualmente: “Si el Presidente fundamenta sus acciones en cargos de narcotráfico, es totalmente hipócrita a la luz de su reciente indulto al expresidente hondureño Juan Orlando Hernández,,, La Administración dice que Maduro será juzgado por tráfico de drogas en un tribunal estadunidense, pero Hernández fue condenado por el mismo delito por un jurado estadunidense y Trump lo indultó.”. Hasta aquí la cita.
La condena a la acción de Trump en Venezuela no es por simpatía o antipatía a Nicolás Maduro, no es porque caiga bien o caiga mal dentro o fuera de Venezuela. La condena es porque esa acción de Trump viola el derecho internacional, no contó con la autorización del Consejo de Seguridad de la ONU y se pasó por encima la Constitución y las leyes dentro de Estados Unidos.
Lo cierto es que Trump y su administración juega con la lucha anti droga, pero lo que en los hechos busca es el control de los recursos, territorios y poblaciones de América Latina y el Caribe en el marco de su MAGA (Make America Great Again), es decir, hacer de Estados Unidos un imperio agresivo y destructor. Y hacerlo a costa de la violación a sus propias leyes y en total irrespeto al derecho internacional y a la soberanía de las naciones.
Trump lo dijo con claridad, vamos a gobernar Venezuela mientras se crean las condiciones para un gobierno que nos dé confianza, y vamos por el control del petróleo de Venezuela que nos pertenece. Esa es el factor decisivo que empuja todas las decisiones de la administración Trump en la actualización más radical de la política del gran garrote. Lo demás es selva, es discurso, es grandeza imperial.
La historia apenas comienza, confiamos que la ONU y el propio Congreso de Estados Unidos actúen en defensa del derecho tanto internacional como de Estados Unidos, respectivamente, que no sea la fuerza bruta, el gran garrote, la norma que impongan en esta era de control geopolítico y hegemónico de los recursos del planeta, sino el respeto a la dignidad humana, la soberanía de los pueblos y las naciones.
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