Viernes, 23 enero 2026  

¿Qué Congreso Nacional necesitamos en el país?

Honduras atraviesa una transición gubernamental tormentosa y turbulenta. Tuvimos unas elecciones primarias y generales muy cuestionadas, inundadas de acusaciones de fraude electoral y de ilegalidades. Un sistema electoral altamente politizado partidariamente, poco confiable y con mucha desconfianza de la población.

En este contexto está comenzando el nuevo Congreso Nacional, después de un período legislativo de muy baja productividad, alta conflictividad y con una elevada cuota de mora legislativa. La mediática abonó deliberadamente a su desprestigio

Hemos asistido a una feroz campaña de esta transición enfatizando los desaciertos del gobierno anterior y al mismo tiempo enterrando los vicios de los gobiernos pasados del partido Nacional y Liberal en las narrativas y la publicidad de los medios de comunicación corporativos.

La pregunta clave es: ¿Qué tipo de Congreso Nacional necesitamos en este nuevo período histórico del país, con capacidad de escuchar el clamor de la inmensa mayoría de la población?

Si se nos permite una pregunta provocativa más, podemos plantear la disyuntiva: ¿Qué favorece más a los pobres? ¿un Congreso improductivo que no legisle, y se pase la mayor parte del tiempo sin sesionar, o un Congreso altamente productivo que apruebe leyes, pero a favor de las élites y las cúpulas políticas del país?

Es muy probable que la composición y las tendencias prevalentes de este congreso no piense en instalar la Comisión Internacional en Contra de la Corrupción y la Impunidad, CICIH, ni piense en defender la soberanía nacional manteniendo la prohibición de las Zonas Especiales de Desarrollo Económico, ni piense en restringir las inversiones mineras y de los megaproyectos que atenten en contra de los derechos ancestrales de los territorios de los pueblos originarios.

Tampoco piense en una ley de empleo que garantice la integridad de los derechos laborales de la población, un nuevo código de derecho penal que fortalezca la lucha en contra de la corrupción y la criminalidad, una reforma fiscal progresiva en la que paguen más los que tienen más, etc. Y, por supuesto, una cosa fundamental, hacer justicia para Juan López, Berta Cáceres, los defensores y defensoras de los derechos humanos y los periodistas que han sido asesinados por causa de la justicia.

Estamos entonces ante una disyuntiva política de fondo. O un Congreso improductivo porque no sesiona ni logra consensos; o un Congreso que logra consensos, pero para beneficiar a la gente más pudiente. En Honduras necesitamos un Congreso Nacional altamente productivo, pero para legislar a favor y defensa de los pobres, y los que han sido olvidados por la justicia en el país.

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