

Semana Santa desde la fe sencilla de la gente
El misterio de nuestra fe se sustenta en las pequeñas y humildes esperanzas de los pobres. Dios nació en la periferia de este mundo, y ese es el lugar para descubrirlo. Las aspiraciones de nuestra gente son pocas y sencillas: que respeten su fe, su dignidad y que pueda tener trabajo, salud, alimento y educación para sus niños. Si la gente es del campo, tener tierra para sembrar y cosechar para la familia y para compartir. Si es de un barrio urbano, tener además una casita digna.
Esto lo pide la gente y ofrece cotidianamente su vida al Señor. Así va la fe de nuestra gente, ella no se complica la vida con elucubraciones rebuscadas de la teología. Su fe se sostiene en el Señor que hace sentir su paso misericordioso por su vida. Por eso la gente pone a Dios por delante. ¿Qué será de nuestras vidas para el futuro? ¨Primero Dios que todo saldrá bien”, es el sentir de la gente.
Y así de sencillo vive la gente su fe y sus devociones en Semana Santa. Puede que la liturgia oficial de la Iglesia esté preocupada por seguir todos los pasos litúrgicos, y que se respeten todos los colores de los distintos días y fiestas litúrgicas. Y muchos presbíteros y responsables pastorales de nuestras parroquias velan celosamente porque se hagan bien las cosas. La gente es profundamente respetuosa, porque ama a la Iglesia y guarda devoción para sus pastores.
Sin embargo, la expresión devocional del pueblo de Dios es mucho más sencilla. Y a veces hay una especie de dicotomía entre la oficialidad de la liturgia y las devociones populares. Se sabe de muchos lugares en donde hay dos tipos de cantos religiosos. Los oficiales, los que se cantan cuando hay misa y celebraciones oficiales de la Palabra de Dios, y los propios de la gente, los que están escritos en cuadernos viejos, destartalados por el uso y los años. Termina la liturgia oficial, y ya en el patio de la casa, las guitarras, el bajo, la concertina, el violín y el requinto comienzan a sonar las notas acompañadas por las voces de mujeres y de hombres.
Son canciones, a veces llamadas alabanzas, con letras creadas por la misma gente, que sencillamente se imaginan cómo fue la vida de Jesús y los apóstoles. Así cantan canciones con letras como las siguientes: “Un día muy temprano Cristo se paseaba a la orilla del mar, allí encontró a San Pedro, se subió a la barca y comienza a predicar…” O aquella otra que la cantan con tanta emoción: “Buenas noches tengan todos en el nombre del Señor, recibiendo bendiciones y las gracias del Señor, escuchen el Evangelio que les voy a predicar la parábola de un rico que al infierno fue a parar…” y siguen los cantores fuera de la liturgia oficial.
Así celebra mucha gente la semana santa. A nosotros en nuestra radio nos enriquece acompañar a nuestro pueblo en sus liturgias populares, respetan las orientaciones oficiales de la Iglesia, pero expresadas con su sencilla y humilde devoción. Y nos unimos a su caminar y nos alimentamos de su fe sencilla, porque para nosotros en estos setenta años de vida como Radio Progreso, la fe sencilla de nuestro pueblo nutre nuestra esperanza y fortalece nuestro caminar.
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