Lunes, 30 marzo 2026  

Guantes de seda

Usado en la China desde la antigüedad, el guante de seda como dicho se popularizó desde la edad media para hacer referencia a quien por dentro es fuerte, pero por fuera es suave y diplomático. Suele decirse de quien es firme en sus decisiones, pero suave en el modo de hacerlas efectivas.

En la administración anterior, algún sector de la llamada sociedad civil mantuvo una crítica mordaz, frontal y agresiva. Su crítica fue como una mano de hierro. Mientras que otros sectores tuvieron una relación con esa administración pública con estricto guante de seda, fueron críticas muy, pero muy suaves y condescendientes con los errores y desatinos de funcionarios públicos. Hubo esos extremos.

En la administración que hoy conduce el partido Nacional, se observa con claridad que las decisiones se están tomando con mano de hierro, sin diplomacia y con el interés de borrar del mapa político a cualquier oposición que se interponga en el camino. Es un gobierno con mano de hierro, y punto.

La administración nacionalista se da el taco de tomar decisiones a su antojo, usando la legislación sobre la base de que no cuenta con críticas mordaces que hagan tambalear esas decisiones. Actúa con anchas castillas, sin límites y sin posibilidades a corto plazo de una oposición que estremezca su plan de control absoluto del poder desde el Estado. Libertad y Refundación, como oposición, se ha ido empequeñecido, y su crítica, como caricatura, ha perdido credibilidad en altas dosis.

La oposición que sacaba las garras y colmillos ante las políticas del gobierno de Xiomara Castro, ahora saca su guante de seda, suaviza sus críticas hasta convertirlas en masajes moralizantes que en nada se corresponden con la descomunal carrera actual por el control absoluto del Estado, por parte de una élite política que ha decidido tener como único interlocutor a la alta empresa privada, y no tocar ni con guante de seda las políticas que emanan del imperio.

Las decisiones que está impulsado la actual administración pública, especialmente en el Congreso Nacional, están sentando las bases de un régimen que no admite pesos y contrapesos, aplasta la democracia mientras argumenta sus autoritarismos en nombre de la misma.

Un régimen así demanda una crítica firme en defensa de los derechos humanos, laborales, ambientales, de género y de libertad de prensa que están bajo amenaza. No es un régimen que se ande con medias tintas, y los cuestionamientos por consiguiente tienen que ser por igual sin medias tintas. Las críticas con guantes de seda solo pueden provenir de quienes han aceptado embarcarse en este barco como pasajeros miembros, o cómplices de los cachurecos que tienen en sus manos el rumbo y el timonel, ejercen el poder a rienda suelta.

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