Viernes, 03 abril 2026  

Semana Santa, una oportunidad para nuestra fe

La cruz de Jesús fue una experiencia real y físicamente dolorosa, así como real y dolorosa es la cruz que carga el pueblo pobre en su vida cotidiana. Cruz es la que en sus espaldas cargan los jóvenes que por centenares salen del país buscando inútilmente en el Norte una dignidad que el país les ha negado. Cruz es esa carga de la politiquería que el pueblo lleva en sus espaldas.

Confesamos que no hay experiencia de resurrección sin identificar nuestras propias cruces. Puede ser que carguemos cruces sin saber la carga que llevamos. Los proselitismos políticos son pesadas cruces, pero no siempre las sabemos identificar como cruces. La migración es una cruz pesada, pero mucha gente en lugar de carga la suele identificar como oportunidad. Tenemos necesidad de resurrección. Pero tenemos necesidad de ponerle nombre a las cruces que cargamos y de saber quiénes nos imponen las mismas.

Necesitamos emerger de tantas muertes acumuladas. Necesitamos contar con hombres y mujeres que nos ayuden a caminar a partir de nuestras propias fuerzas y debilidades, y que desconfían de las ofertas y respuestas que vienen de afuera, sin siquiera contar con el parecer de la gente. Necesitamos hombres y mujeres que nos transmitan con sus vidas que el Señor ha resucitado, y que camina delante abriéndonos las puertas de una nueva oportunidad para vivir con dignidad.

Semana Santa es una oportunidad, como oportunidad es la que nos dejó el papa Francisco con al menos tres claves para entender el servicio que la Iglesia ha de dar a la humanidad en este tiempo.

Primera clave: una Iglesia que predica en pobreza y que deja los privilegios para abajarse hacia los oprimidos y los descartables;

Segunda clave: una Iglesia que defiende la casa común y promueve el cuidado de los bienes de la naturaleza que han de ser comunes y no privatizados, y que los defiende con el mismo ímpetu como defiende la causa de los empobrecidos.

Tercera clave: una Iglesia que promueve la paz en el mundo a partir de la solidaridad con las víctimas de las guerras que tanto daño están haciendo en todo el planeta.

Si estas tres claves las seguimos, sin duda estaremos en el camino de Jesús quien, hundiéndose en las tinieblas oscuras de la crucifixión y la muerte, emergió con toda su alegría para compartir su nueva Vida con los pueblos crucificados de esta tierra merecedora de una oportunidad para convertir sus cruces y pasiones en un camino de alegría y dignidad.

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