

Sobre quiénes son definidores del país
Es de aceptación común que venimos de un largo período de depredación de la institucionalidad del Estado. Todo el período de lo que llamamos democracia formal representativa ha estado asociado con la depredación institucional. Algo se va haciendo para trastocar este proceso destructivo, aunque perdimos la gran oportunidad que pudo significar la instalación de la CICIH. Los factores generadores de corrupción e impunidad siguen intactos.
Y los cuatro actores decisivos para la vida del país siguen actuando con altos niveles de impunidad. Los anotamos. Uno, la reducida élite oligárquica; dos, las transnacionales; tres, el narcotráfico; y cuatro, el gobierno de los Estados Unidos. Frente a ellos, todos los demás son actores importantes, pero secundarios o menores en relación con la capacidad y poderío de esos cuatro actores decisivos.
A veces se puede creer que los políticos y los militares son actores decisivos. Pero frente a los narcos, las multinacionales, el gobierno estadounidense y la élite oligárquica, los partidos e incluso los militares, no pasan de ser mandaderos de ellos, o subsidiarios del poder de esos actores decisivos y determinantes de la vida del país.
Estos cuatro actores tienen su propia cuota de poder, y en ocasiones aparecen incluso confrontados, unos contra otros, como ocurre con el gobierno de los Estados Unidos en su lucha contra el narcotráfico. Pero los cuatro coinciden al final del camino en los mismos resultados: los cuatro debilitan sin remedio la institucionalidad hondureña, y se aprovechan de la incertidumbre y debilidad para ejercer e imponer sus propias reglas.
Los cuatro actores usan el Estado hondureño para sacar ventajas. La reducida élite oligárquica seguirá usando el Estado para asegurar sus infinitas ganancias con su modelo extractivo y depredador de riquezas naturales; las transnacionales seguirán asociadas con la oligarquía y cooptando a funcionarios públicos para garantizar concesiones y privatizaciones de los bienes y servicios públicos; el narcotráfico seguirá asegurando su control territorial, invadiendo especialmente el mundo de la juventud y el mundo de la política; y el gobierno de los Estados Unidos seguirá aportando a la militarización de la sociedad, condicionando la institucionalidad del Estado desde sus intereses geoestratégicos.
Mientras tanto, para el movimiento social y popular, todo queda por hacer, porque como nos recuerda Albert Einstein “es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno. Es en ella que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias”. Todo está por hacerse, porque ante los cuatro actores dominantes, falta el liderazgo del movimiento social y popular, el actor que representa la verdadera esperanza de transformación para un futuro hondureño en dignidad y libertad.

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