Viernes, 01 de octubre 2026  

Tiempo de luchar

Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora…" El pasaje bíblico nos recuerda que la existencia humana transcurre entre tiempos opuestos: el nacer y el morir, el plantar y el arrancar, el callar y el hablar, la guerra y la paz. Sin embargo, al examinar la realidad de Honduras desde una perspectiva crítica, encontramos un modelo gubernamental que ha institucionalizado los
opuestos que atentan directamente contra la vida.

Nos enfrentamos a un gobierno que apuesta a la muerte. Su orientación presupuestaria prioriza de manera desproporcionada a los cuerpos armados, abordando los conflictos sociales desde la violencia, las armas y la lógica de la guerra en lugar de construir la paz. Hablamos de un régimen que, lejos de
sembrar, amenaza los territorios y su gente mediante la imposición de la ley de fortalecimiento del sector agroindustrial, la privatización de la ENEE, el extractivismo minero y guiñando el ojo a las ZEDE.

Esta política sistemática arrebata la alegría a las mayorías e impone el dolor. La crisis golpea la cotidianeidad cuando miles de familias no pueden costear la factura eléctrica ni la canasta básica, o cuando se endeudan para intentar salvar a sus seres queridos ante la escasez de médicos y equipos en hospitales desmantelados.

A esta precariedad se suma la indignación por la impunidad y la violencia: familias que lloran por sus hijas desaparecidas —como el caso de Angie Peña— y niñas abusadas por políticos, empresarios y turistas inmorales. Frente a este horror, el poder busca imponer el miedo, el encierro y el silencio a quienes cuestionan sus brutalidades.

El momento presente exige escucharnos mutuamente para reconstruir la confianza y trabajar una agenda colectiva amplia, tal como ocurrió en la primera década de este siglo, cuando se articuló la Coordinadora Nacional de Resistencia Popular donde había un lugar para todas las expresiones populares.

Superar esta coyuntura requiere transformar la práctica política. No es tiempo para quedarse en consignas, sino construir puentes, establecer alianzas para avanzar en acuerdos mínimos. No es tiempo de protagonismos individuales, sino de cultivar liderazgos colectivos. En este caminar, Juan López y Berta Cáceres emergen como símbolo de vida y fuerza para la acción política.

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