

Un conteo electoral entre oscuridades y penumbras
En Honduras las elecciones son como novelas de ficción. “En la política todo es posible”, dice uno de los candidatos de las elecciones que está compitiendo por la silla presidencial.
Los constantes problemas en el sistema informático electoral no son por fallas técnicas. Es un problema político y ético. La falta de transparencia en el conteo de las actas, el retraso en la transmisión de resultados, el papel tan vulnerado del Consejo Nacional Electoral, las amañadas encuestas a boca de urna abren un período de oscuridades y penumbras, que golpea la confianza ciudadana ya bastantes erosionada. Confiamos que el pueblo exigirá que se respete su voluntad.
En la noche del conteo apareció la oscuridad de los datos que no se publican, que nos conducen a la penumbra política y a la indeseable sospecha de un posible magno fraude electoral. Y un fraude ordenado por la nada invisible voluntad de Trump.
Nos percatamos que el conteo ha sido lento, opaco y contradictorio, alimentando la desesperación, la incertidumbre y la polarización política. Inevitablemente estamos en un proceso acelerado de desconfianza ante los silencios y manoseos en el sistema de transmisión de resultados.
La raíz del problema no es el sistema electrónico. Es un sistema político que ha normalizado el fraude, la compra de credenciales, la manipulación de los resultados en las mesas electorales. Con el agravante de que los partidos políticos defienden su ventaja y no la verdad de los resultados electorales. Sumado a esto existe la insuficiente independencia y la falta de credibilidad de las autoridades electorales.
No es justo que la ciudadanía madrugue, haga fila, vote con esperanza y luego se tenga que tragar la desinformación, la falta de transparencia y permanezca en la oscuridad y la penumbra sin conocer quiénes serán los próximos gobernantes del país. No es de extrañar que los jóvenes que votan por primera vez se sientan desencantados con los procesos electorales, pues el mensaje que reciben es que, al final, todo se decide en las altas esferas.
Las consecuencias de estas oscuridades y penumbras normalizan la visión de que participar en las elecciones no tiene sentido y no sirve; que los conflictos se resuelven no con los hechos, sino con las narrativas que generalizan la opinión pública, las redes sociales y los pactos debajo de la mesa.
La oscuridad y las penumbras se vencen con la luz que nace de la observación ciudadana, las veedurías de las organizaciones sociales y exigiendo y presionando porque se dé a conocer la verdad de los resultados electorales. No más fraudes, no más oscuridades ni penumbras políticas electorales.
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