

Violación a la Constitución y coherencia democrática
En democracia, la coherencia no es un lujo moral, sino una condición básica para conservar la credibilidad de la palabra. Cuando sectores que antes se presentaban como guardianes de la Constitución hoy guardan silencio ante su violación, revelan que su discurso no está cruzado por principios ni valores democráticos.
La reforma al artículo 3 transitorio del Decreto 282-2010, aprobada sin respetar el procedimiento de reforma constitucional, no es un detalle técnico sino una violación directa a las reglas establecidas en nuestro sistema constitucional con respecto a la fundamentalidad de la Constitución.
Por ello, ante un hecho de esa gravedad, el silencio de quienes antes denunciaban cada irregularidad como amenaza a la democracia revela un doble rasero. La coherencia exige llamar a las cosas por su nombre, sin cálculos políticos según el color de la mayoría legislativa de turno.
Cuando se rompe el orden constitucional y se desdibuja la separación de poderes, el costo lo paga la ciudadanía, no las élites políticas que juegan con las normas constitucionales a su antojo. Y quienes guardan silencio, se convierten en cómplices.
El pueblo hondureño tiene derecho a exigir a partidos, organizaciones, iglesias, empresas, medios de comunicación y universidades la misma firmeza que mostraron en el pasado, ahora que el Congreso actual cruza líneas rojas que antes consideraban intocables.
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