

¿Hacia dónde vas América Latina?
La irrupción de personajes disparatados que dan al traste con los parámetros clásicos de la política, no solo es en Argentina. Algo similar ha ocurrido recientemente en Ecuador así como ha pasado en El Salvador y se advierte que podría suceder en las próximas elecciones en México y en los Estados Unidos.
En los últimos treinta años el péndulo latinoamericano ha tenido diversos movimientos. Comenzó con la propuesta liderada por Hugo Chávez de impulsar un modelo regional que involucró a Brasil, Argentina, Bolivia, Ecuador, Paraguay y a la que se sumó Honduras a última hora con el proyecto de poder ciudadano de Mel Zelaya.
Luego el movimiento pendular se trasladó al otro extremo, con la irrupción de los gobiernos neoliberales con tendencia a radicalizar el extractivismo y su vinculación con el narcotráfico, la corrupción y la exclusión de los movimientos populares. Así surgieron a finales de la primera década y comienzos de la segunda del siglo veintiuno los golpes de Estado en Honduras y en Paraguay, las derrotas de los gobiernos progresistas de Ecuador y Bolivia y el proceso que llevó a la cárcel al ex presidente Lula Da Silva y la judicialización de la ex presidenta Dilma Roussef en Brasil.
Irrumpieron gobiernos anti comunistas como Bolsonaro y extremistas como Trump en los Estados Unidos que alentó los fundamentalismos de todo el continente y denigró a las poblaciones migrantes. Fue la década de la feroz criminalización y satanización de la izquierda y las luchas sociales y ambientalistas.
De nuevo el péndulo se movió para abrir nuevas oportunidades a sectores progresistas. Colombia, Brasil, México, Honduras, Chile despertaron entusiasmos por cambios sociales, políticos y económicos. Pero el movimiento pendular no se ha detenido, y las tendencias internacionales, junto a las excesivas expectativas y los notables desaciertos de los gobiernos para responder a demandas populares, ha llevado más pronto de lo esperado a que se aniden en los Estados las expresiones más extrañas de los anti comunismos.
En este contexto se sitúa el triunfo de Milei, el cual no puede entenderse sin el desencanto que deja la administración de gobiernos que se revolcaron en la ineficiencia y populismos trasnochados. Los pueblos saben castigar o premiar a sus gobiernos, y es lo que está ocurriendo en el actual movimiento pendular latinoamericano.
Todavía queda en la nebulosa el rumbo hacia dónde se orientarán los Estados latinoamericanos después de tantos años de andar dando tumbos, y de partidos y líderes de una línea y de otra que han jugado con los sueños y aspiraciones populares. Hoy la democracia sigue en deterioro y en picada. Y solo nos quedamos con expectativas, porque a fin de cuentas, los pueblos siempre nos sabrán sorprender.

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