En América Latina, el 32% de las niñas abandona la escuela debido a las responsabilidades de cuidado materno. En Honduras, la tasa de escolaridad en 2023 fue de apenas 7.1, lo que refleja un retraso de dos años en comparación con el promedio de 9.2 de Costa Rica. Estos datos no solo reflejan una dura realidad, sino también un profundo abandono por parte del Estado hondureño hacia las niñas, adolescentes y jóvenes en en el país.

Es a partir de esta realidad que la artista visual Patricia Toledo presenta su exposición «Voces de niñas: invertir en su poder es transformar Honduras», una muestra que invita a la reflexión sobre la valentía y la resistencia de las niñas que, a pesar de los obstáculos, siguen luchando por un futuro mejor. En este espacio, Toledo no solo rinde homenaje a estas luchadoras, sino que también llama a la acción: invertir en ellas no solo cambiará sus vidas, sino también a la sociedad.

En entrevista con Radio Progreso, Toledo compartió las motivaciones detrás de este proyecto que se puede visitar hasta el 7 de mayo en el Centro Cultural España, en Tegucigalpa. La artista reveló que este tema ha sido una constante en su carrera. “Siempre he trabajado por la igualdad entre hombres y mujeres. Cuando los grupos más vulnerables, lo que solemos llamar minorías, enfrentan agresiones a pesar de exigir el respeto a sus derechos, me siento impulsada a trabajar de manera urgente con niñas, adolescentes y mujeres para erradicar las violencias invisibles, especialmente la violencia sexual y de género», explicó Toledo.


En toda la exposición se pueden observar los rostros y los nombres de 13 niñas que están dejando su huella en la historia, aunque su ejemplo representa a muchas más. Cada una de ellas es un faro de resistencia, y su historia resuena como un llamado a la acción por la igualdad y la justicia.

En particular, la exposición dedica un espacio especial a Soad Nicolle Ham Bustillo, una joven hondureña que, a pesar de su corta edad, ya era una activista por el derecho a la educación gratuita y de calidad en el país. Soad fue brutalmente asesinada el 24 de marzo de 2015, su cuerpo encontrado en un estado de tortura cerca de la terminal de buses de la colonia Tiloarque en Comayaguela. Ella había participado en las movilizaciones que surgieron tras la crisis post electoral de 2015, luchando por lo que le fue negado: un derecho básico, fundamental y humano: la educación.

Soad Nicolle y tantas otras niñas, son un testimonio doloroso de la violencia sistémica que enfrentan las niñas en Honduras y en el mundo. Esta exposición es un homenaje a su memoria y un recordatorio de la urgente necesidad de transformar el sistema para que más niñas puedan vivir sin miedo, sin violencia y con las oportunidades que merecen.


La exposición se organiza en tres salas, cada una diseñada para dar voz a las niñas que, desde su lucha diaria, están transformando el mundo. En la primera sala. ¡son niñas no madres!, se enfatiza que las niñas en Honduras enfrentan una desigualdad extrema, agravada por la violencia sexual, en muchos casos, resulta en embarazos infantiles y adolescentes. “Los datos oficiales suelen minimizar esta realidad, pues muchas formas de violencia no son reconocidas. Aquí busco visibilizar la urgencia de abordar esta problemática y garantizar sus derechos”, dijo Toledo. 

En la segunda sala se encuentra la conmovedora exposición «Las niñas que fuimos», un espacio que visibiliza el acoso sexual que enfrentan las niñas hondureñas desde una edad temprana. A través de testimonios anónimos, grabados en la voz de aquellas que se atreven a compartir sus vivencias, la muestra invita a una reflexión sobre la alarmante normalización del acoso y la violencia sexual que persiste en la sociedad. Estos relatos buscan evidenciar la realidad de muchas niñas que, por años, han cargado con experiencias dolorosas sin ser escuchadas.

Las grabaciones compartidas en esta sala no solo se presentan como un testimonio de las niñas, sino también como una llamada urgente a erradicar las violencias invisibles que las afectan. Este espacio invita a los visitantes a confrontar una realidad cruda y silenciada durante años, la cual, a menudo, ha sido ignorada o minimizada. Las voces que resuenan aquí no solo buscan visibilizar el sufrimiento, sino también abogar por un cambio fundamental en la forma en que la sociedad percibe y trata a las niñas.


En este mismo espacio, se rinde homenaje a las niñas que ya no están, aquellas que han sido víctimas de la violencia extrema que sigue azotando a Honduras. Para honrarlas, se utiliza el símbolo de la mariposa, un ícono cargado de transformación y esperanza, inspirado en la creencia maya que conecta el ciclo de la vida y la renovación. Las mariposas, tan frágiles pero poderosas, se convierten en un emblema de resistencia frente a la violencia, recordándonos que, aunque sus vidas fueron truncadas, su memoria perdura y sigue viva en cada acción que se emprende por un futuro más justo.

Este espacio no solo sensibiliza, sino que también llama a la acción, invitando a cada visitante a convertirse en parte activa de la lucha contra la violencia, y en la construcción de un mundo donde las niñas puedan vivir con dignidad, respeto y seguridad.


Sala 3: «Las niñas transforman los mundos» es un grito de exigencia hacia las autoridades gubernamentales para que se diseñen y apliquen políticas públicas que protejan a las niñas de manera efectiva. Patricia Toledo, la artista detrás de la exposición, considera que la única forma de lograr una transformación real en la sociedad es invirtiendo en ellas. “En esta sala hay una carta abierta dirigida a la presidenta, exigiéndole que se cumpla la política nacional de primera infancia. También recordamos que el país aún carece de una ley de educación sexual, y que el acceso a la PAE (píldora anticonceptiva de emergencia) está en riesgo, lo que representa un retroceso en los derechos de las niñas y mujeres en Honduras. Esto ocurre mientras se siguen denunciando casos de violencia, incluso dentro de sus propios hogares”, señala Patricia.

Para la artista, es urgente que se hable abiertamente de los problemas que enfrentan las niñas y que el Estado asuma un compromiso real por garantizar sus vidas y su dignidad. La transformación comienza con ellas, y es responsabilidad de todos asegurar que no haya más niñas invisibles, más niñas calladas ni olvidadas.