Viernes, 18 abril 2025  

La pasión que transforma

El sufrimiento de la pasión, la cruz y el sepulcro de Jesús, son experiencias  trascendentales para nuestro pueblo en la semana santa. Hay una afinidad natural con el dolor, el sufrimiento y la muerte de los pueblos crucificados con la experiencia de Jesús. El Cristo crucificado y el pueblo crucificado son dos caras de la misma moneda.

Es esencial tener presente que la semana santa no solamente es para recordar lo que vivió Jesús en su pasión, muerte y resurrección, sino también que es tiempo para la acción. No podemos vivir esta conmemoración sin escuchar voces y testimonios de vida de gran compromiso, que se convierten en signos de esperanza y transformación para nuestras vidas. La capacidad de protestar, la unión de las organizaciones comunitarias, el amor y el cuidado de nuestra casa común, entre muchas otras acciones bellas, son ejemplos de compromiso de los más vulnerables.

La salvación adviene desde la profundidad de nuestra condición humana, ahí, brota con cada pálpito del corazón y con cada respiro, la acción de Dios que trabaja con las comunidades acompañándolas en sus grandes retos, logros y esperanzas. Ahí donde hay amor, ternura, compromiso y solidaridad, ahí donde se comparte la tortilla y el con qué, ahí dónde hay justicia social y justicia ambiental, ahí vislumbramos la salvación histórica de Dios para nuestras comunidades.

Dios sigue acompañándonos en los momentos de mayor dolor y sufrimiento, y también en las experiencias reales de compromiso, esperanza y del mayor servicio. Nuestro pueblo crucificado no es solamente víctima de las estructuras injustas del poder. Es portador de buena noticia y de salvación histórica. La salvación de Dios en la historia proviene desde lo pequeño, desde las experiencias de los más vulnerables, los empobrecidos y en dónde nadie sospecha que Dios trabaja. La divinidad se esconde en los rostros de todas las personas que reproducen análogamente al modo de Jesús esa experiencia del evangelio. Esto no es romanticismo. Es realismo histórico, esta es una buena noticia, es Evangelio.

La semana santa es tiempo oportuno para renacer y fortalecernos como pueblo de Dios. Seguir creciendo para un mayor compromiso en nuestras batallas por los derechos humanos, el reconocimiento de los derechos de los pueblos ancestrales, la dignificación de la mujer, el diálogo con otras tradiciones de fe, una experiencia religiosa encarnada en nuestra historia y nuestra cultura, la justicia social y la justicia ecológica. Vivamos la semana santa con profunda fe y nutriéndonos de la pasión, muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo para vivir el Evangelio.

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