

El peligro de manipular el nombre de Dios
Nada parece ser más manipulable que el nombre de Dios, y para ciertos grupos, es el nombre más eficaz para hacer negocio o para ocultar fechorías, tanto en la política como dentro de los círculos religiosos, como nos recuerda el papa Francisco. En tiempos de Semana Santa, unos usan el nombre de Dios para vacacionar y las parrandas; otros aprovechan que se da asueto para hacer negocios con el turismo, incluso para devociones que calmen conciencias sin decisiones de cambios de actitud.
En nuestros ambientes religiosos o eclesiásticos solemos usar el nombre de Dios para los rituales y cumplimientos litúrgicos no siempre vinculados con la realidad histórica. ¿Cómo amaneció la gente campesina? ¿cómo está la gente privada de libertad? ¿cómo sufren los migrantes ante las amenazas de Trump? Eso se deja para que lo hagan o lo digan otras gentes; para algunos ambientes eclesiásticos lo que importa es cumplir al pie de la letra con cada paso litúrgico en todos los tiempos, pero especialmente en Semana Santa.
No faltan autoridades religiosas, de las diversas iglesias, especialmente amigas de gentes muy adineradas. Las defienden y bendicen, sin preguntarse el modo cómo llegaron a amasar fortunas. Sin embargo, usan el nombre de Dios para rituales y liturgias que dan legitimidad a sus prácticas insolidarias, y a los pobres se les usa para prácticas de beneficencia y presentar a gente rica y corrupta como personas no solo honorables, sino filantrópicas y generosas. Hacen obras caritativas a los pobres, pero nunca defienden sus derechos.
El nombre de Dios se usa para todo en sociedades con tanto ateísmo práctico como el de las élites nuestras. Algunos países ponen el nombre de Dios en su dinero, al tiempo que existen líderes religiosos que llegan al extremo de bendecir bancos y negocios de oscuros orígenes.
Mucha gente que dice creer en Dios y que expresa acciones piadosas externas, con sus hechos de injusticia, corrupción e impunidad está mostrando su idolatría y su ateísmo práctico. Usar el nombre de Dios para sostener privilegios y usar el sagrado nombre de los pobres para sacar ventajas personales o de grupo, es una idolatría. Ningún privilegio, poder y dinero se pueden justificar en nombre de Dios.
La invitación en tiempos litúrgicos como el de Semana Santa, es a buscar testimonios de vida sencilla, Mucha gente religiosa, sin protagonismos, viven entregadas en defensa de la gente oprimida. Invocan el nombre de Dios en su modo de vivir y de relacionarse solidariamente con quienes más sufren. Esta gente sencilla son buena noticia desde su testimonio de vida. La opción preferencial por los pobres no se basa en beneficencia, sino en defender sus derechos antes quienes los atropellan. Vivir el compromiso de fe desde el lugar de los oprimidos es el lugar y el modo privilegiado para amar a toda la sociedad y para evitar la manipulación del nombre de Dios.

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