

Mártires del Astillero
El 3 de mayo de 1991 es una fecha imborrable en la historia de Honduras. Cinco campesinos fueron brutalmente asesinados en la comunidad de El Astillero, ubicada en el Valle de Leán, departamento de Atlántida. Estos hombres, entre ellos el Delegado de la Palabra de Dios, Felipe Huete, eran fervientes defensores de la tierra y la justicia social, que luchaban por la implementación de la reforma agraria y por el derecho a tener una tierra que les pertenecía y los militares se las habían arrebatado.
La masacre no fue un hecho aislado, sino parte de un contexto más amplio de represión y violencia en el país, donde las luchas agrarias se encontraban en el centro de conflictos socioeconómicos. Los campesinos de El Astillero se organizaban pacíficamente para reclamar sus derechos, enfrentando la oposición de intereses terratenientes y militares que veían que los campesinos amenazaban sus intereses codiciosos.
El ataque mortal fue una respuesta brutal de los sectores que se beneficiaban del control sobre la tierra y los recursos, mostrando la vulnerabilidad de aquellos que se atreven a alzar la voz. El legado de estos mártires perdura en la memoria colectiva de Honduras. Su determinación y sacrificio han inspirado a la misión de la Iglesia de la zona de Leán, de Atlántida y de todo el país. Es hermoso que en el 35 aniversario de su martirio varias decenas de jóvenes se juntaron, gritaron consignas, bailaron danzas, declamaron poesías y expresaron su fe en el triunfo de la resurrección.
El día de su asesinato, el 3 de mayo, se ha convertido en un símbolo de fe y de resistencia campesina y un recordatorio del costo de la lucha por la dignidad. Recordar a los mártires del Astillero es crucial para reconocer los desafíos que aún enfrentan las comunidades rurales en Honduras, donde la lucha por la tierra y los derechos sigue siendo una cuestión candente.
Es un llamado a la acción, a la solidaridad y a la construcción de un futuro donde todos tengan acceso a la tierra y los recursos necesarios para vivir en condiciones justas. La memoria de Felipe Huete y sus compañeros debe ser honrada no solo a través de actos de conmemoración, sino también mediante el compromiso de avanzar en la lucha por una auténtica reforma agraria.

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