Jairo Bautista

Estudiante de Sociología y promotor social en el ERIC-SJ


Entre los bosques hondureños y en la inmensidad de las montañas existe un diminuto animal, escondido entre las hojas y los árboles, casi imperceptible a nuestra vista, pero con una visión de 360 grados, con la capacidad de mimetizar y de camuflarse entre la naturaleza, ¿sabes cuál es? El camaleón.

Se caracteriza por dos cualidades esenciales: 1) la capacidad de adaptarse, como cambiar de color, y 2) una mirada independiente con una visión excepcional. Con el doble de longitud que su cuerpo , la lengua pegajosa y proyectil del camaleón es una maravilla evolutiva que utiliza para atrapar presas. La lengua está comprimida en la parte posterior de la garganta del animal, como un muñeco de caja sorpresa a punto de estallar. Cuando el camaleón ve a su presa, la lanza hacia adelante con una fuerza descomunal, como un cañón de resorte. Algunas especies pueden liberar la lengua a una velocidad equivalente a la de un coche acelerando a 96 km/h en una centésima de segundo. Entre muchas otras características, son inconfundibles y están lejos de ser depredadores agresivos. Sin embargo, en el mundo existen más de 200 especies.

Este fascinante ser de la naturaleza y sus inquietantes cualidades que usa para sobrevivir podemos verlo reflejado en la sociedad hondureña. Digamos que, podría ser una especie de homos camaleónicos que, a diferencia del animal, usa sus capacidades no por instinto, sino por conveniencia. Los camaleones cambian de color por naturaleza, en nuestro país muchos – por no decir casi todos- lo hacen por cálculo, por intereses y cuotas de poder. Usan su sonrisa fingida y su falso carisma para ir de partido en partido, incluso comen en el parque para fingir ser del pueblo y utilizan sus acciones para cambiar de color. El trasfondo sigue siendo el mismo, el de una persona que promete para poseer, confundir para dividir,
engañar para devorar, demostrar para desunir. Asimismo, son expertos en la implementación de narrativas y usan su lengua a través del discurso para atrapar a sus victima y hacerles creer que todo es verdad y sin dar oportunidad a cuestionar sus historias. Mientras el camaleón usa su visión para observar el futuro y fija su mirada en su objetivo, en el país los políticos se enfocan en su propio beneficio.

¿Podemos cambiar de convicciones e identidad en la política? En tiempos de autocracias y de lo que podríamos llamar «la sociedad de los camaleones», el análisis y la capacidad de observación se vuelven cruciales. Y es que, mientras bambalinas los poderes se conjuran, en los barrios y colonias surge un nuevo camaleón: personas con capacidad de camuflarse, de cambiar de opinión y de lealtad como si cambiara de ropa, sin ninguna identidad.

Un día afirman una cosa y al siguiente la contraria, dando a entender que la política es una mera mercancía. Sin duda, las nuevas tecnologías no están ayudando. Las nuevas formas de contar, discursar y entretener están influenciando la forma de hacer política. La están convirtiendo en una mercadocracia. Así lo evidencia el último informe del Instituto V-Dem de Suecia: el mundo cuenta ahora con 88 democracias (liberales y electorales) y 91 autocracias (electorales y cerradas). Esto supone un cambio radical con respecto al año anterior, refiriéndose a 2023. ¿Y Honduras? ocupando la zona gris. Cuando se dice zona gris se refiere a la línea divisoria entre autocracias y democracias electorales. En un país donde el estado de derecho y la justicia se parcializa hacia esos encantadores escondidos entre colores, la independencia de poderes y la corrupción se vuelven un nicho para estos seres oportunistas del disfraz.

Común es ver servidores públicos, diputados, diputadas, que en plena campaña enamoran con sus promesas, pero cuando están en el curul se dejan sobornar a cambio de dinero o de puestos. Esta misma actitud se internaliza en barrios, colonias, comunidades y organizaciones locales donde algunos representantes o presidentes de patronato que abusando de su poder cometen actos de corrupción o surcando su propio camino en la sociedad de los camaleones. Se olvidan los principios y la ética, la mirada en par, en colectivo, una visión de país. Cuando estas circunstancias proliferan en la sociedad se globaliza el yo y se apaga el nosotros.

Ante estos cambios presentes en esta clase política es importante también preguntarnos; ¿soy camaleón politiquero, soy ideología, soy manipulación o soy pensamiento? Quizá la respuesta no es fácil obtenerla, pero vale la pena interpelarnos en este mundo y país con altos niveles de urgencia de una visión y trabajo colectivo. Pero, sin duda, todo debe partir de definir una identidad propia. Es cierto que todo se transforma, pero estas transformaciones deben orientarse a la búsqueda de libertades y del bien común. Una vocación de servicio es lo que necesitamos en esta sociedad de los camaleones.

Nuestra sabiduría nace de la experiencia y la observación, como así lo han demostrado los pueblos originarios, el buen vivir; sin embargo, hoy se ve amenazada por la conveniencia.

En tiempos llenos de polarización, hay que tener presente que el voto no se debe prestar a esos camaleones tan presentes en estos días. Se debe partir desde la participación ciudadana y en esa construcción de conciencia de pueblo, que evite que sus lenguas pegajosas y cambio de colores sean determinantes. Es tiempo de abrir la muralla como lo escribió el escritor cubano Nicolás Guillén ‘’ alcemos una muralla juntando todas las manos los negros, sus manos negras los blancos, sus blancas manos…Una muralla que vaya desde la playa hasta el Monte, desde el monte hasta la playa, bien, allá sobre el horizonte”.