Juan López dio su vida por la defensa del planeta, y esta entrega la vivió intensamente en la zona del Aguán en defensa de la montaña Botadero, Carlos Escaleras y las fuentes de agua que hacen brotar los ríos que bajan para depositar sus aguas en el río Aguán. Estos ríos, como el Guapinol y el San Pedro, se están convirtiendo en río de piedras o de lodo cuando llueve, por la destrucción de la montaña de reserva a raíz de la explotación indiscriminada por parte de Inversiones Pinares Ecotek, propiedad de Lenir Pérez.

Juan López fue asesinado y Lenir Pérez se están defendiendo de acusaciones, pero con el respaldo y complicidad de quienes aplican la justicia en nuestra Honduras. Y esto ocurre cuando recordamos con tanto amor el paso por nuestro mundo del amado Papa Francisco, quien nos dejó entre sus muchas herencias la Encíclica ecológica, Laudato Si. A ese propósito recogemos unas breves referencias, como iluminación para quienes y desde quienes están luchando porque se haga justicia en el crimen de Juan y se ejerza justicia ambiental en Honduras, y particularmente en la defensa del ambiente amenazado por la explotación ilegal y criminal de la montaña de reserva Botadores, Carlos Escaleras. 

1.- Esta Encíclica representa una osada incursión de la Iglesia en la humanidad. El asunto de la tierra, del ambiente, no es patrimonio de un grupo de la humanidad, ni se reduce a una cultura o a una religión. Es asunto de toda la humanidad.  Así lo dice la Laudato Si: “El medio ambiente es un bien colectivo, patrimonio de toda la humanidad y responsabilidad de todos. Quien se apropia algo es sólo para administrarlo en bien de todos. Si no lo hacemos, cargamos sobre la conciencia el peso de negar la existencia de los otros”.(Laudato Si, 95).

2.- La Encíclica advierte que como humanidad vamos hacia el despeñadero, hacia una destrucción inevitable. Es por ello un grito, un clamor de emergencia para desacelerar el ritmo de crecimiento y desarrollo para que nos redescubramos como humanidad. “tenemos que convencernos de que desacelerar un determinado ritmo de producción y de consumo puede dar lugar a otro modo de progreso y desarrollo.” (191)

3.- La Encíclica sitúa la opción por defender la madre tierra en armonía con la opción por los pobres, “De hecho, el deterioro del ambiente y el de la sociedad afectan de un modo especial a los más débiles del planeta: «Tanto la experiencia común de la vida ordinaria como la investigación científica demuestran que los más graves efectos de todas las agresiones ambientales los sufre la gente más pobre»” (48)

4.- La lucha ecológica es igualmente una lucha social, y esto lo logra magistralmente formular la Encíclica: “hoy no podemos dejar de reconocer que un verdadero planteo ecológico se convierte siempre en un planteo social, que debe integrar la justicia en las discusiones sobre el ambiente, para escuchar tanto el clamor de la tierra como el clamor de los pobres”

5.- La lucha por la defensa de la tierra y la protección de la humanidad, ha de partir de la raíz y no atacar solo los síntomas. En la raíz está el paradigma dominante: “el paradigma tecnocrático se ha vuelto tan dominante que es muy difícil prescindir de sus recursos, y más difícil todavía es utilizarlos sin ser dominados por su lógica. Se volvió contracultural elegir un estilo de vida con objetivos que puedan ser al menos en parte independientes de la técnica, de sus costos y de su poder globalizador y masificador” (108).

6.- Estamos convocados a recuperar la humanidad como lugar de encuentro, de dignidad, de buen vivir.  “El mundo es algo más que un problema a resolver, es un misterio gozoso que contemplamos con jubilosa alabanza. (12)” “La humanidad aún posee la capacidad de colaborar para construir nuestra casa común” (13)

7.- Quiénes están llamadas a liderar estas transformaciones? “¿Es realista esperar que quien se obsesiona por el máximo beneficio se detenga a pensar en los efectos ambientales que dejará a las próximas generaciones?” (190). Las transformaciones han de ser conducidas por quienes han sido excluidos, por la juventud y las mujeres, por los pueblos indígenas y las comunidades afectadas por el extractivismo.

8.- El papa Francisco en su Encíclica, abre puertas: “no todo está perdido, porque los seres humanos, capaces de degradarse hasta el extremo, también pueden sobreponerse, volver a optar por el bien y regenerarse, más allá de todos los condicionamientos mentales y sociales que les impongan. Son capaces de mirarse a sí mismos con honestidad, de sacar a la luz su propio hastío y de iniciar caminos nuevos hacia la verdadera libertad. No hay sistemas que anulen por completo la apertura al bien, a la verdad y a la belleza, ni la capacidad de reacción que Dios sigue alentando desde lo profundo de los corazones humanos. A cada persona de este mundo le pido que no olvide esa dignidad suya que nadie tiene derecho a quitarle.” (205).