

Las sombras tenebrosas de Juan Orlando Hernández
Las sombras del desfalco del Instituto Hondureño del Seguro Social, el caso pandora, la reelección ilegítima, el fraude electoral, la corrupción y las redes de narcotráfico, y las terribles acusaciones de haber convertido a Honduras en un narco estado, así como la disolución de la Misión de Apoyo contra la Corrupción y la Impunidad en Honduras, son las sombras tenebrosas que arropan al expresidente Juan Orlando Hernández.
Estos antecedentes no pueden olvidarse aún después de su extradición a los Estados Unidos, su juicio y condena por narcotráfico y el muy cuestionado indulto del presidente Donald Trump para Juan Orlando Hernández. Aunque sectores del nacionalismo sostienen que fue un juicio politizado, con testigos narcotraficantes y que dicho indulto no es más que una corrección a la injusticia, existen claras evidencias en la historia política y en los expedientes acumulados de tantas fechorías que cometió durante doce años de poder político.
Un jurado lo declaró culpable en la Corte del Distrito Sur de Nueva York, y el indulto no interrumpe la pena, ni reescribe la historia de Honduras. No podemos confundirnos, la absolución política del expresidente no es la mismo que la absolución judicial. Juan Orlando Hernández fue condenado judicialmente.
Además, los abusos de poder y de corrupción que cometió no pueden pasar por alto ante el sistema de justicia hondureño. Una vez más el sistema de justicia en el país está bajo la lupa, con el agravante de la falta de confianza de la población en la capacidad de hacer justicia. Tal como decía Mons. Óscar Romero: “la justicia es como la serpiente que solo muerde a los de pies descalzos”. De este modo se confirma que los grandes delitos cometidos por las personalidades y grupos de poder ya se presuponen que siempre quedan impunes.
Sumado a todo lo anterior, no podemos ignorar que Juan Orlando Hernández sigue operando como poder fáctico dentro del Partido Nacional, sin ser desenmascarado por el presidente Nasry Asfura, quien es percibido por la población como el que recibe el legado del continuismo para perpetuar la impunidad estructural.
Y lo más tenebroso de esta triste historia es que Juan Orlando Hernández podría reinsertarse en la política con una nueva candidatura aprovechando el liderazgo partidario del cual goza y la influencia que tiene en el Congreso Nacional, lo cual significaría un terrible retroceso democrático y una señal peligrosa de que el crimen organizado y el poder político pueden convivir impunemente en Honduras.
El pueblo hondureño consciente clama justicia y grita un no rotundo a la impunidad, no más corrupción ni violencia criminal del narcotráfico en nuestro país.

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