Vamos a detenernos en este Sondeo de Opinión de este año 2026 en lo que la gente percibe y piensa sobre el papel de la iglesia y sus pastores ante la realidad política del país y su presencia en el ámbito de lo público. Un punto de partida es que cerca del ochenta por ciento pertenece a una confesión religiosa, siendo un 42 por ciento evangélica y un poco más del 35 por ciento católica, aunque una de cada cinco personas expresa no ser de ninguna religión. De igual manera, las iglesias siguen teniendo la mayor dosis de confianza de parte de una sociedad que tiene una alta desconfianza hacia la institucionalidad pública y sobre todo a quienes conducen las mismas, siendo los partidos políticos los que alcanzan el más alto porcentaje de descrédito ante la sociedad hondureña.

Con ese nivel de confianza y de influencia en la mayoría de la sociedad, las iglesias debían tomar conciencia de su responsabilidad ante una sociedad frustrada y necesitada de orientación, cercanía, consuelo y acompañamiento por parte de los pastores y religiosos.

En el Sondeo la población expresa que en un más del 50 por ciento las iglesias son manipuladas por los políticos. Es decir, las instancias más creíbles son mayormente manipuladas por las instancias más desacreditadas. Y que en un 42 por ciento las iglesias influyeron en un proceso electoral al que la población considera que fue fraudulento, es decir, las iglesias tendrían una cuota de responsabilidad en esas prácticas fraudulentas. Sin embargo, sigue pesando una mayoría que piensa que las iglesias siguen siendo independientes.

La mayoría de la población rechaza que sus líderes religiosos se involucren en política partidaria o acepten cargos en el gobierno. Más de siete de cada diez hondureños quieren a las iglesias fuera del poder político. Pero eso no significa que quieran a las iglesias al margen de la vida pública. Por el contrario, ocho de cada diez consideran que estas deben involucrarse en la solución de problemas sociales y comunitarios, y el 81.4 por ciento espera que sus pastores asuman una misión evangelizadora que incluya anunciar, denunciar y mediar en los conflictos.

El mandato de la gente a sus pastores y clero es muy preciso, y les dirían lo siguiente: ustedes son nuestros guías y orientadores. No se metan en la política partidaria, ese no es su lugar. Si ustedes se meten en el campo del poder político, las iglesias todas se unirán al desprestigia que tienen los partidos políticos y sus líderes. Eso de buscar aliarse con políticos o con el gobierno no es lo que nosotros esperamos. Cuanto más lejos se encuentren del pode político, más creíbles serán.

Pero eso sí, no es para que se queden encerrados en sus templos y liturgias, el mandato es que revitalicen la misión evangelizadora, que anuncien desde el Evangelio que nuestra Honduras no puede quedar atrapada en la corrupción, el miedo y la exclusión. Y al anuncio de una Honduras nueva ha de unirse la denuncia directa asumiendo los riesgos que esto conlleva. Y finalmente, el mandato se completa con situarse ante los muchos conflictos como instancia mediadora, estableciendo puentes entre los diversos sectores confrontados para avanzar hacia la reducción de desconfianza y polarizaciones que nos impiden construir propuestas nacionales de consenso.