A dos años del crimen de Juan López, la comunidad local, junto con organizaciones nacionales y delegaciones internacionales, ha convertido la conmemoración en una feria popular de memoria y compromiso de lucha.
Abundan los abrazos; es un espacio de encuentro entre dirigencias y representaciones de base campesinas, eclesiales, feministas, garífunas, indígenas y populares. Muchas personas se reencuentran después de meses, quizá años, sin coincidir físicamente, viéndose y escuchándose únicamente a través de las redes sociales o de los ya cotidianos encuentros virtuales.
Un paisaje cálido se dibuja cuando quienes comparten el amor por las luchas populares se encuentran y se abrazan. Se ensanchan las canciones, crece el baile popular, se analiza el contexto en un encuentro nacional de organizaciones, se ora y se entrelaza la memoria de Juan con la de tantos mártires hondureños, hombres y mujeres que creyeron en el compromiso con la transformación social desde la dignidad humana, sin perseguir lucro, prestigio ni beneficio personal.
Las principales actividades han tenido lugar en el Centro Cultural Guadalupe Carney, referente eclesial y popular del Valle del Aguán desde su inauguración en 1995. El ambiente es el de una feria contracultural que evoca a Juan con la mirada puesta en un futuro por construir. Nadie está triste; nadie piensa en la derrota. Nadie, en esta feria de la vida, da cabida al fracaso, y menos aún a la espera pasiva de respuestas venidas desde las alturas oficiales de un cogobierno que no hace sino señalar con desprecio y racismo visceral a campesinos e indígenas, a obreros y maestros.
“Todas las cosas tiene su tiempo, y todo lo que debajo del sol tiene su hora”: con esa convicción se dio inicio al análisis. Hoy es tiempo de despertar y de movilización para el movimiento social y popular hondureño. Y lo es porque, en un ambiente como el actual, se vuelve imprescindible clarificar la mirada sobre el áspero contexto al que las organizaciones deben hacer frente. La fiesta ha de situarse en el contexto del país: un país hundido bajo poderes que utilizan al Estado para actuar con impunidad, un Estado capturado por las mafias más poderosas y criminales, que otorgan rienda suelta y legitimidad a poderes dispersos en lo que suele llamarse el Estado profundo.

A ello se suma un Estado formal cuyos funcionarios representan intereses de empresarios agroindustriales, del sector energético, de la comunicación, de la maquila y del turismo, entre otros, todos ellos articulados, al final, con capitales transnacionales que han avalado la instalación de las ZEDE, expresión extrema del ideario capitalista libertario, resumido y legalizado en la Ley de Fortalecimiento y Protección del Sector Agroindustrial.
En ese contexto, las organizaciones plantean convocarse y situar su lucha en las siguientes coordenadas:
Primera: una estrategia jurídica que presione por la aplicación de justicia y evite la impunidad en los casos de Juan López, Berta Cáceres, Margarita Murillo, entre muchos otros; y que, además, demande la inconstitucionalidad de normativas como la ley de fortalecimiento y protección del sector agroindustrial, así como de otras disposiciones que favorecen desalojos, criminalización de la protesta y regresión en materia de justicia energética.
Segunda: una estrategia de presión política y social orientada a doblegar las políticas oficiales antipopulares, en sintonía con la lucha legal. Será necesario definir luchas regionales y nacionales, coordinadas y escalonadas.
Tercera: el fortalecimiento de la organización popular mediante enlaces y articulaciones que den coherencia a la lucha y hagan avanzar la solidaridad entre todos los ejes de resistencia. Sin una estructura nacional flexible, acogedora de las distintas expresiones sociales y populares, y sin un plan nacional de lucha escalonada, las organizaciones, actuando cada una por su lado, seguirán siendo víctimas de la represión, la discriminación y las políticas libertarias.
Cuarta: una estrategia de comunicación que articule medios nacionales, redes sociales y plataformas internacionales, enlazando lo local, lo nacional y lo global.
Quinta: una formación política, ideológica, humana, ética y espiritual que blinde la lucha frente a los ambientes de oscuridad, las amenazas, las frustraciones y las acechanzas del soborno, el chantaje y la traición.
Sexta: la clarificación de la complementariedad entre la lucha político-social y la lucha político-electoral, de manera que ambas se fortalezcan mutuamente y se evite que la dinámica electoral termine subordinando las luchas sociales y populares. Es preciso mantener una alerta ante el peligro de divisiones, desconfianzas y manipulaciones impulsadas por intereses personales o de grupo, especialmente ante eventuales iniciativas de candidaturas que suelen convertirse en fuente de confrontación.
Del análisis del contexto, con sus coordenadas definidas, se pasa al canto y a la consigna. En este encuentro nacional participan unas cuarenta organizaciones indígenas, garífunas, campesinas, feministas, eclesiales, ambientalistas, de comunicación, de investigación y de derechos humanos. Son muchas fuerzas sociales que, desde la dispersión, buscan reunirse en torno a la memoria de Juan López, gran convocador junto a Berta Cáceres y a todos los mártires del pueblo.

Y la conmemoración se sella con la visita a la capilla en donde el cuerpo de Juan recibió los proyectiles y en cuyo lugar se develará el busto del hombre convocador de auroras, seguida de la oración ante la tumba del discípulo amado de los pueblos, la procesión-movilización de organizaciones y feligresía al templo católico de la parroquia en donde culmina toda la conmemoración con la celebración de la Eucaristía presidida por el querido y admirado obispo titular de la Diócesis de Trujillo, Monseñor Jenry Ruiz, quien es fiel animador de seguir el camino que Juan dejó abierto para esperanza y dignidad de los pobres de Honduras y de la humanidad.