Investigamos los logros y limitaciones de la educación sexual que se ha implementado en Costa Rica, y lo que opinan docentes y alumnos.

POR KATHERINE STANLEY OBANDO  – Colectivo 506 y La Sala

NIÑA INTERRUMPIDA

¿Qué pasa con la educación sexual en Costa Rica? Cuando el equipo del Presidente Rodrigo Chaves eliminó el Programa para la Educación para la Afectividad y Sexualidad (PASI) en el 2025, ¿protegió a la niñez de contenidos inapropiados, o destruyó un componente clave de la reducción drástica que Costa Rica ha vivido en cuanto a los embarazos de menores de edad? 

Nuestra investigación explora cómo se creó el PASI y cuales obligaciones tiene Costa Rica con este tema; los logros del programa, sus limitaciones, y su impacto real en la tasa de embarazos; qué sabemos de la realidad hoy de las aulas costarricenses; y cómo se compara el programa eliminado con el nuevo.


Le adelanto de una vez que lo extraño de esta historia es el silencio.

Las reformas curriculares no son extrañas. Es normal que un gobierno, un partido, un momento nuevo en la historia de un país genere otro enfoque. Además, son eternos los ajustes y cambios porque no hay pomada canaria—algo que me dejó muy claro esta investigación sobre la educación para la sexualidad en Costa Rica. 

En el 2025, el gobierno del Presidente Rodrigo Chaves anunció la eliminación del Programa de Educación para la Afectividad y Sexualidad Integral (PASI), una iniciativa iniciada en el 2012. Una narrativa común entre la oposición fue que con esa acción, el presidente estaba botando una iniciativa que había logrado una reducción notoria en la tasa de embarazo adolescente. Sin embargo, tanto la lógica como las mismas personas que promovieron y evaluaron la herramienta nos dicen que no es así de sencillo: el programa fue uno de varias intervenciones implementadas durante los años donde vimos esa reducción. No se ha comprobado una relación de causalidad para cada factor. 

Además, las conversaciones con expertos, educadores y estudiantes demuestran que, por supuesto, el programa eliminado tenía sus virtudes y sus deficiencias. La misma eliminación del programa tampoco es algo absoluto: el programa nuevo, llamado Educación para la Paz y la Convivencia, sí mantiene ciertos contenidos de educación sexual. Además, los resultados de las diversas capacitaciones impartidas a educadores sobre este tema en años anteriores no se pueden borrar de la noche a la mañana.

Es decir: aquí hay mucho por aprender. Muchas áreas grises. Nada de eso me sorprendió. Como periodista de soluciones, me toca estudiar las respuestas que las personas generan para atender a diversos problemas en el país, con sus fortalezas y sus debilidades. Siempre exploramos las lecciones que nos ofrece cada respuesta. A veces, ese proceso es duro.

Pero no recuerdo ningún otro reportaje, en mis 22 años en Costa Rica, donde los ministerios relevantes no me concedieron ninguna entrevista, mucho menos cuando había más de un mes para lograrlo. Después de semanas de intentar, el Ministerio de Educación Pública me envió algunos párrafos por correo con datos muy básicos; el Ministerio de Salud no envió nada más que una confirmación de recibido. 

Y definitivamente no recuerdo ningún otro reportaje, de tantos que he escrito sobre educación, donde educadores me hayan pedido que no utilice sus nombres ni características identificadoras en mi reportaje. ¿La razón? Dicen que temen ser despedidos por hablar sobre la educación sobre la sexualidad, por los tabús que perciben en la misma institución.

¿Qué se logró, y qué no se logró, con la Educación para la Afectividad y Sexualidad Integral que se implementó en Costa Rica entre el 2012 y el 2025?

¿Qué opinan educadores y estudiantes sobre la educación sexual en Costa Rica, y los nuevos programas creados por el gobierno de Chaves, con seguimiento ahora del gobierno de Laura Fernández?

Y ¿por qué tanto silencio?


¿Obligatorio, u opcional? El derecho a la educación sexual en Costa Rica y la creación del PASI

Primero lo primero: veamos los derechos en cuestión.

Cuando usted piensa en la educación sexual en Costa Rica, ¿cuáles hitos le llegan a la mente? Para algunos, puede ser que pensamos en eventos que transcurrieron en los últimos 15 años: la introducción, en el 2012 y bajo el liderazgo del Ministro de Educación Leonardo Garnier, de las guías de enseñanza que se convertirían en el PASI. Las protestas sobre el programa y sus actualizaciones que sacudieron al país en el 2018, cuando padres en algunas zonas pusieron candados a escuelas y colegios. El anuncio, en el 2026, por el gobierno de Chaves, que se había eliminado el PASI por su “erotismo” y que sería reemplazado por lo que ahora se enseña en las aulas: el Programa de Educación para la Paz y la Convivencia.

Pero por supuesto, va mucho más atrás. Y además, en Costa Rica, la educación sobre la sexualidad no es algo que un gobierno puede ofrecer o quitar. Es un derecho que el país ha asumido para sus ciudadanos mediante una serie de compromisos internacionales, y estructurado en políticas que iniciaron mucho antes del 2012. 

En un artículo “Educación sexual en Costa Rica: Tensiones y avances en las primeras décadas del siglo XXI” (Universidad Nacional, 2022), María Luisa Preinfalk Fernández nota que “los primeros esfuerzos estatales por educar en sexualidad a la población surgen en los años 60, con el fin primordial de controlar la natalidad”; sin embargo, explica que no llegó a convertirse en política pública hasta este siglo.

En el 2000, detalla María Luisa, Costa Rica ya había firmado diversos acuerdos globales relacionados con la educación sexual, incluyendo la Convención para la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación en Contra de la Mujer (CEDAW, 1984), y varios más. Y en 1998, Costa Rica aprobó su Código de la Niñez y Adolescencia, el cual “señala la obligación del Estado de formular políticas educativas nacionales en torno a la educación sexual y el compromiso de las autoridades educativas de ejecutar programas sobre salud preventiva, sexual y reproductiva”.

De compromisos internacionales a una política 

Fue en ese contexto que el Consejo Superior de Educación, que debe aprobar todos los planes de estudio y programas de enseñanza en Costa Rica, aprobó las Políticas de Educación Integral de la Expresión de la Sexualidad Humana en el 2001. 

María Luisa caracteriza esas políticas como “revolucionario” en su momento y explica que se generó en momentos de porcentajes de “embarazos tempranos en aumento, la baja utilización de contraceptivos en la primera relación sexual por parte de la población adolescente, un inicio más temprano de las relaciones sexuales, el desconocimiento en torno a temas como el período fértil de la mujer y el VIH-SIDA,” entre otros factores. (En el año 2000, se registraron 611 nacimientos a niñas de 14 años o menos, y 15.999 entre adolescentes entre 15-19 años, según datos presentados por el Instituto Nacional de Estadística y Censo (INEC) y el Fondo de Población de las Naciones Unidas).

Esa política, vigente hasta el día de hoy, declara que la educación tiene carácter “obligatoria y transversal” en la educación general básica.

Se podría escribir muchos libros sobre todo lo que pasó a partir de allí; María Luisa lo resume en detalle. Para nuestros propósitos hoy, tal vez es suficiente decir que había varias iniciativas del MEP, denuncias por falta de avance, y conflictos con la Conferencia Episcopal, entre otros acontecimientos.

De una política a una clase obligatoria

Sin embargo, en el 2012—año en que los embarazos de niñas y adolescentes, después de unas reducciones, se veían subiendo otra vez, hacia 522 entre niñas con 14 o menos y 13.672 entre 15-19 años—el Ministro de Educación Leonardo Garnier generó un cambio importante en su forma de trabajar. En vez de dejar que cada docente, de cada materia, incorporara el tema a su disciplina, se creó un programa que sería impartido una vez por semana, reemplazando una de las cinco lecciones de ciencias. 

Aunque el PASI llegaría a estar asociada con una reducción en la tasa de embarazo adolescente que ocurriría en los siguientes años, el exministro explica que el PASI realmente surgió no de forma reactiva, sino como parte de un esfuerzo más amplio para mejorar la educación para la ciudadanía y convivencia en Costa Rica. 

Leonardo dice que al entrar a su puesto en el 2006—él sirvió durante dos gobiernos consecutivos, los de Oscar Arias y Laura Chinchilla—su equipo encontró esa deuda en la malla curricular.

“Está claro que hay que tener una estrategia curricular y pedagógica para aprender matemáticas, para aprender español o ciencias, pero para aprender a convivir no había absolutamente nada”, dice. Como parte de ese desarrollo, que incluía educación de arte y música, el equipo de Leonardo empezó a trabajar el tema de la vida sexual—amparada por un dato importante de una Encuesta de Salud Sexual y Reproductiva del Ministerio de Salud (2010).

“Una de las preguntas era a los adultos: que si ellos estaban de acuerdo con que en las escuelas y colegios subieran la educación sexual”, recuerda. “Y más o menos el 95% de las personas entrevistadas decían que sí… A mí eso me quitó una preocupación de ese nivel. Entonces, hagamos educación sexual”.


Tenían claro desde el principio que no querían un enfoque solo en los riesgos y peligros del sexo.

“Al ser humano la sexualidad le importa por mucho más razones que para no enfermarse o no quedar embarazadas,” dice Leonardo. “Hay pocas cosas que le interesan a la gente más que el sexo… Hagamos un curso no solo de salud sexual, sino de sexualidad y de afectividad”.

La decisión de colocar las lecciones de educación para la sexualidad en las clases de ciencias, según Leonardo, se debía a una esperanza de que esos docentes estarían más abiertas al tema por su formación; la decisión de enfocar las lecciones en sétimo, octavo, y noveno año fue un punto de partida, pues se esperaba después agregar programación para décimo y undécimo, y también bajar el tema a primaria. 

De una clase obligatoria a una decisión familiar

Leonardo cuenta que, antes de que se aprobara el PASI, un periodista una vez le preguntó si iba a consultar el programa con La Conferencia Episcopal.

“Yo le dije, ‘El programa de matemática no lo consultamos con la Conferencia Episcopal. ¿Porque vamos a consultar de sexualidad?… Además, se supone que los obispos de eso no saben’”.  Se logró la aprobación del Consejo Superior de Educación. Pero al iniciar con la implementación—que consistía de pilotos para probar y ajustar a los programas, capacitación docente, y implementación plena—el PASI enfrentó unos 30.000 recursos de amparo ante la Sala Constitucional.

“Si una familia considera que estos programas van contra sus creencias, su moral y demás, pueden mandar una carta y que sus hijos no asistan”; dice Leonardo, explicando el fallo de la Sala IV. “Por el fondo esto me parece mal, porque si yo quiero que toda la sociedad tenga una vida sexual más sana, yo necesito que todos pasen por el proceso… Pero en el momento en que la Sala dice, ‘Esto no es obligatorio’, desapareció la excusa de los más conservadores de decir, ‘A mis hijos los educo yo.’”

Al final, muy pocos estudiantes quedaron por fuera de las clases.

“Ningún adolescente en un colegio va a decir que no va a clases de sexualidad. Ni en broma. O sea, es una pelada. Entonces yo me tranquilicé con eso… yo dije, ‘Es una válvula de escape.’ Y en ese momento el 2% de los estudiantes llevaron una carta para no asistir a la asignatura”.


III. ¿Qué se logró con la educación sexual en Costa Rica del 2012-2025? Lo bueno, lo malo, y lo que no se midió

Leonardo Garnier admite de inmediato que no se evaluó el impacto del programa como se debería—más de ese tema en un momento. Pero dice que recibió mucha información cualitativa en reuniones con estudiantes. 

“El típico programa de educación sexual es salud sexual y reproductiva—o sea, los riesgos de la sexualidad, enfermedades de transmisión sexual, el embarazo adolescente y la técnica para evitarlo”, dice Leonardo. “La sexualidad es mucho más que eso… [pude] oír a los chiquillos y sobre todo a las chiquillas hablando de cómo les había cambiado su imagen del sexo y incluso de su visión de sí misma”. 

En una de esas sesiones, una estudiante de 13 o 14 años dijo al Ministro: “Yo ya ahora sí entendí lo que es ser mujer. Es que mi mamá y las amigas de mi mamá, cuando yo decía que yo era mujer, todo el tiempo me decían, ‘Espérese a tener hijos para que vea lo que es ser mujer’. Ya entendí en clase que no hace falta tener hijos para ser mujer. Yo soy mujer aunque no tenga hijos”.

“Por supuesto, hay profe de profes”, dice Leonardo. “No tengo duda de que en algunos lugares debe haber sido catastrófico, ¿verdad? Pero en general las reacciones que tuvimos de los estudiantes era que el curso les gustaba”.

Una evaluación más robusta llegó en el 2015. Oscar Valverde, director de la Fundación Paniamor, explica que la próxima Ministra de Educación, Sonia Marta Mora, al ingresar al MEP con el gobierno de Luis Guillermo Solís en el 2014, quería evaluar y fortalecer los programas en cuestión. Oscar fue co-autor de una investigación con Laura Sánchez Calvo, apoyado por el Instituto Nacional de la Mujer (INAMU). Aplicaron encuestas y grupos de enfoque con docentes de ciencias, orientadores, y estudiantes de una muestra aleatoria de 90 centros educativos, un 30% del total, con al menos uno en cada Dirección Regional del país.

Un 74% de los estudiantes indicaron que sí habían recibido sus lecciones semanales del programa, y las enseñanzas fueron bien calificadas por ellos: un 72,4% dijo que las clases les habían mejorado algún aspecto de su vida relacionada con la sexualidad. 

¿Sobre cuáles temas habían aprendido más, y cuáles menos? Los más mencionados fueron sexualidad en general, noviazgo, enfermedades de transmisión sexual, relaciones sexuales, y violencia; los menos mencionados, “homosexualidad, genitalidad, pornografía y promiscuidad”.

¿Y la tasa de embarazos? ¿Qué pasó realmente?

Durante los años en los cuales se implementó el PASI, la tasa de embarazos entre niñas y adolescentes se redujo de forma drástica. En el 2012, se registraron 522 nacimientos de niñas de 14 años o menos, y 13.672 de adolescentes entre 15 y 19 años. En el 2020, estos números se habían reducido a 222 y 5.920. 

Pero ¿qué hace que una niña o una adolescente quede o no embarazada? Hay varios factores: sí, la información que ha recibido sobre sus derechos y la salud reproductiva, pero también su acceso a oportunidades académicas y económicas, su atención o falta de atención en el sistema de salud, el ámbito familiar, las leyes que rodean el tema, y más. 

“Efectivamente, todos los actores relevantes que en este país conocen de esta materia coinciden en que hay tres o cuatro factores… que actuaron juntos en el deceso de la tasa de fecundidad,” dice Oscar. “Porque la tasa de fecundidad tuvo un descenso brutal”. 

¿Cuáles fueron? El PASI; el proyecto Mesoamérica, que amplió la oferta anticonceptiva con métodos de larga duración para adolescentes, y que Oscar describe como “de las mejores decisiones de política pública que se tomaron en este país”; el cambio de directrices de la Caja Costarricense de Seguro Social para que adolescentes pudieran acceder a métodos anticonceptivos a partir de los 10 años; y, el más reciente de esos factores, la aprobación en el 2017 de la Ley de Relaciones Impropias. (Impuso nuevos castigos para personas mayores de edad que mantienen relaciones sexuales con menores; prohibió la inscripción de matrimonios entre menores; y aumentó la edad mínima de consentimiento, entre otras medidas).

Pero si bien no se puede desmenuzar cuál de esos elementos impactó en cada situación, Oscar dice claramente que el PASI jugó un papel esencial y que, para él, su eliminación pone los avances en riesgo. Es un poco como quitar un bloque de un juego de Jenga—y según Oscar, como el programa de educación sexual fueron los primeros en implementarse, jugaron un papel importante en complementar y tal vez catalizar otros elementos.

“Ojo lo que voy a decir. Logramos reducir a una tercera parte la fecundidad adolescente con estas decisiones, que además están vinculadas. Si eliminamos una de esas decisiones, cuidado si no se van sobre las otras”, me dice. 

¿Qué es lo que no funcionó?

El estudio del PASI que Oscar realizó con Laura Sánchez y el INAMU en el 2015 no puso a prueba los conocimientos y aprendizajes de los estudiantes, sino que recopiló sus apreciaciones del programa. Pero una evaluación de conocimientos concretos, por lo menos de un subgrupo de estudiantes que habían recibido el programa, llegó a la tesis de Patricia Arias Salas en la Universidad Costa Rica Sede Occidente en el 2024. Ella aplicó un cuestionario a 171 de los 600 estudiantes de primer ingreso a su sede sobre lo que habían aprendido en la educación secundaria. 

“Los resultados indican que hay confusión en terminología básica, además, desconocimiento en infecciones de transmisión (ITS) y métodos anticonceptivos”, escribe Patricia. Además, un 12.2% del grupo indicó que “nunca recibieron clases o charlas” de ese tema—algo alineado con el estudio INAMU, donde un 9,04% de los docentes reportaron que nunca habían impartido lecciones del tema. 

Cuando la encuesta de Patricia preguntó a los 171 estudiantes cuáles son las fuentes que les han proporcionado “mucha información” sobre la sexualidad, el grupo más grande—87, o 50,9% de la muestra—escogió “internet y redes sociales”. ¿Profesores? Solo 7,6%.

Eso se alínea con lo que dijeron los mismos estudiantes a El Colectivo 506. Ya que se nos dificultó entrar a centros educativos del personal del MEP entrevistado para conversar con estudiantes, por las limitaciones de reporteo explicadas en la próxima parte, hicimos una encuesta abierta para cualquier persona que cursaba el colegio durante los años en cuestión. Aunque las respuestas, 71, no son para nada una muestra significativa, la variedad de respuestas—de varios lugares del país y tipos de institución—mostraron que los estudiantes que vivieron el PASI, y ahora viven otro programa, tuvieron experiencias sumamente variadas.

“Mi experiencia fue mala. Los profes de ciencias no están capacitados para dar estas clases y tampoco son imparciales… un profe (hombre) se puso a explicar cómo debería gemir un hombre o mujer. Creo que estos planes son necesarios, pero impartidos de forma responsable y con información que realmente sirva”, dice una persona que asistió a un colegio público en Guácimo, Limón, durante los años 2020-2025.

“En mi salón, más que un tema serio y tomarse con responsabilidad, se tomaba en broma, y a veces hasta con burla o vergüenza. Por eso se hacían unas bromas horribles. La profe a veces no podía dar la clase”, dice alguien que asistió a un colegio público en Poás, Alajuela, 2020-2024.

“La verdad es que sí me quitaron mis dudas”, dice otra persona que asistió a un colegio público en Paraíso, Cartago, del 2020 al 2024. “Opino que este tipo de clases se deben impartir a los dos géneros, porque la mayoría de veces se dan este tipo de charlas solo a mujeres y hacen a los hombres a parte, y pienso que todos deberían de saber por igual”. 

V. La eliminación del programa de educación sexual en Costa Rica; ahora, Paz y Convivencia

Los autores del estudio del INAMU del 2015, Oscar Valverde y Laura Sánchez, crearon una serie de recomendaciones para mejorar el PASI, incluyendo su expansión.

“No tiene sentido que nos quedemos en séptimo, octavo y noveno, cuando en realidad, los chicos más grandes que van hacia la salida del colegio necesitan todavía el reforzamiento de algunas temáticas”, dice Oscar. “Y si políticamente eso va bien, podríamos empezar a ver cómo bajamos a la escuela”.

Sin embargo, políticamente, no iría muy bien. 

El programa sí se expandió a décimo y undécimo, pero la elección presidencial del 2018 en Costa Rica se convirtió en un enfrentamiento social entre un bloque evangélico encabezado por el candidato Fabricio Alvarado y las voces más progresistas que apoyaban al eventual ganador, Carlos Alvarado. En febrero de ese año, cuando inició el curso lectivo, padres de familia bloquearon 15 escuelas como protesta hacia el PASI ya ajustado y ampliado por el gobierno de turno. 

Ese 2% de padres que habían optado por no enviar a sus hijos en la época de Leonardo Garnier empezó a crecer. Según un reportaje de Radios UCR, las estadísticas del MEP mostraron que la cobertura en décimo y undécimo bajó año trás año, del 89,1% en 2021 a 62% en 2024. 

En una conferencia llevada a cabo en Casa Presidencial el 29 de enero del 2025 y transmitida por YouTube, la Ministra de Educación Anne Katherine Müller se acercó a uno de dos podios. El otro fue ocupado por el Presidente Chaves para que él la pudiera presentar; dice que ella “se está metiendo a fuerzas muy oscuras”, y dio la bienvenido a los representantes de la Alianza Evangélica que estaban posicionados detrás de Müller. La Ministra anunció que el Consejo Superior de Educación había eliminado el PASI, pero enfatizó que “no eliminamos la educación sexual. Lo que eliminamos fueron los manuales del erotismo”. 

La ministra indicó que ya para el momento de la eliminación del programa, dos terceras partes de los estudiantes de colegio habían sido excluidos del PASI por decisión de sus padres; ese reportaje de Radios UCR indicó eso fue una falsedad y que el monto real, según estadísticas del mismo MEP, fue menor, de 57,34%. Igual, es un número problemático.

Para atender a este problema y cambiar ese enfoque “erótico”, indicó Müller, implementarían algo nuevo: el Programa de Educación para la Paz y la Convivencia. En vez de una clase por semana, el nuevo programa contiene una unidad por año sobre sexualidad, dejando espacio para otros temas de convivencia, vida democrática, y otros. En sétimo, ven el tema del consentimiento; en octavo, enfermedades de transmisión sexual; y en noveno, paternidad y maternidad responsable. (Compare los contenidos del programa eliminado y el programa nuevo aquí.)

Ya queda claro a estas alturas que el programa eliminado no fue perfecto. Me encantaría conocer las perspectivas de las personas que están implementando el programa nuevo, desde las autoridades a cargo del MEP hasta docentes—y por supuesto, estudiantes—en conversaciones abiertas. Es obvio que sus respuestas serían complejas e interesantes.

Pero allí es donde empezó a ser claro que lo sobresaliente en esta historia es la falta de conversación abierta.

Solicitudes sin respuesta y entrevistas si nombre

Oscar Valverde, que ya para ese entonces había asumido la dirección de la Fundación Paniamor, fue una de las personas que reaccionaron de inmediato. Y es una de varias personas consultas que reitera que la falta de respuesta del Ministerio ha sido de los elementos más notables.

“Nos movilizamos como sociedad civil… de colegios profesionales, sociedad civil y academia.  Nos movilizamos para pedirle a la Defensora [de los Habitantes] que hiciera algo”, recuerda Oscar. “Nosotros sabíamos que [los representantes del Gobierno], aunque dijeron que habían evaluado el programa, nunca mostraron los informes de evaluación, nunca mostraron qué fue lo que salió en la evaluación”.

Adriana Gómez, directora ejecutiva de la organización TeenSmart—que mediante su plataforma virtual JovenSalud brinda diversas experiencias educativas para jóvenes de habla hispana, incluyendo cursos y materiales sobre la salud reproductiva—fue otra que mencionó que se quedó con el deseo de conocer la evaluación realizada.

“El [PASI] tenía sus detractores y tenía sus puntos de mejora—como cualquier programa, pienso yo, que se puede mejorar”, dice. “Nosotros mismos que producimos material educativo, siempre estamos en esa constante revisión y análisis… Pero me parece que, la población en general, no comprendimos cuál era ese estudio técnico. ¿Qué sustentaba el que se quitaran esos contenidos y se integrara a un nuevo programa, y que se basara justamente en la evidencia?”

“Ese fue el sinsabor que nos dejó como ONG, pero también como te estoy hablando como costarricense”, dice. “Nos interesaría conocer más, ¿verdad? ¿Cuál es ese criterio técnico de de sacar los programas, de poner un nuevo programa que tiene un nombre muy distinto?”

Mi solicitud el 22 de junio al Ministerio de Educación, ahora debajo del liderazgo de la Presidente Laura Fernández quien asumió el 8 de mayo anterior, sobre el proceso de cambio al nuevo Programa, sus contenidos e implementación, y la retroalimentación recibida—además de una solicitud de entrevista con la Viceministra Académica u otra persona que ella designara—fueron respondidos el 28 de julio negando cualquier entrevista y una respuesta escrita. Indicó que “el programa está logrando los objetivos establecidos” y que, aunque el nuevo Programa está siendo implementado en todos los centros educativos del país, este año se ha realizado visitas “en los centros educativos de las Direcciones Regionales de Educación de Grande de Térraba, Coto, Nicoya, Santa Cruz, Liberia y Cañas”, para responder a dudas del personal del MEP e “identificar avances y desafíos en la ejecución del programa”. 

De hecho, el MEP tampoco respondió a mi solicitud de una copia oficial de los programas en sí; las versiones que tengo, y los directrices relacionados a su implementación, me fueron brindados por personal del Ministerio que prefirieron no ser identificados.

Por su parte, el Ministerio de Salud Pública no envió ninguna información a pesar de diversas consultas. 

Esto, como le comenté al inicio de esta serie, es inaudito en mi experiencia. Pero más inusual aún fue la reacción de personal del MEP que pidió no incluir sus nombres ni datos identificadores porque sienten que sus trabajos están en peligro.

Voces desde adentro

“Vivir uno con miedo: eso me enoja mucho”, me dice una de esas personas sobre su decisión de conversar conmigo pero sin que yo usara su nombre o características. “Pero como he visto las cosas… y como ha salido gente… lastimada sin tener responsabilidad de esto, es mejor prevenir que lamentar.

“El, de repente, no poder hablar abiertamente de estos temas, o que la gente se escandalice porque una niña dice que le gusta otra niña, o que la gente se escandalice porque un niño tiene ciertas conductas, es bien difícil.

“Yo siento que vivimos en un periodo de oscurantismo y de involución”, agrega. “Eso me duele en el alma porque tengo 25 años de estar en este negocio”.

Esta persona trabaja en orientación para el Ministerio. También forma docentes a nivel universitario. Para mi sorpresa, dice que aunque ese silencio y miedo que percibe ha dificultado su trabajo, sus labores de día a día no ha cambiado tanto—principalmente porque sus estudiantes siguen llegando con sus dudas y problemas, y esa persona sigue respondiendo, porque es su deber. (Para parafrasear lo que me han dicho muchos docentes en años de reportar sobre la educación en Costa Rica: si el director o directora del centro educativo sigue respaldando el trabajo, ese trabajo puede continuar. Los orientadores parecen tener particular margen para trabajar, ya que parte de su perfil les obliga a crear respuestas a las inquietudes que surgen desde el estudiantado).

“Yo estoy comprometida con el tema y me vale—perdón la expresión—me vale un pepino que el señor X diga, ‘De este tema no se trabaja más,’ o ‘No es prioridad para este despacho’”, dice. “Qué pena, pero para mí siempre va a ser prioridad. Entonces, cada vez que puedo, hablo con mis chicos”.

Otra persona del MEP que conversó conmigo y pidió no usar su nombre, alguien que ha presenciado el cambio de programas a nivel de las oficinas centrales, dice algo parecido a las otras fuentes: que ha pedido información constantemente, y por las vías oficiales, sobre la base metodológica de los nuevos programas para que pueda reestructurar su trabajo alrededor de esa pauta, y nunca ha recibido respuesta. 

“En sus hombros caerán la responsabilidad de la barbaridad que hicieron”, me dice sobre los responsables de la eliminación del programa anterior. “Me pregunto mucho, ¿de qué le sirve al Estado un país tan pasivo a nivel de sexualidad?”  

Pero también indica que aunque los programas o políticas cambian, la necesidad de los alumnos sigue dictando que los profesionales respondan—y las más de 4.000 docentes, orientadores, y psicólogos que fueron capacitados en las últimas fases del PASI, 2017-2019, hasta la pandemia, siguen ejerciendo en las aulas.

La persona que trabaja en orientación y que cité anteriormente hace eco a ese comentario. Dice que ningún cambio de programa puede superar toda la capacitación docente que se ha hecho durante todos estos años, ni hablar de los docentes que se van formando a nivel universitario con una comprensión de la importancia de la educación sexual. Esa persona  indica que dos universidades en Costa Rica, dos públicas y dos privadas, incluyen por lo menos un curso de sexualidad en el currículo de la preparación docente—y gracias a eso, hay docentes ingresando a la fuerza laboral todos los años con formación en este tema. 

“Soy optimista en esto, es que esa es mi naturaleza”, dice. “Porque hemos pasado mucho tiempo formando muchas personas en esto… Los estudiantes que pasan cada cuatrimestre por mi curso se llevan algo en su corazón que los va a conectar con [esto]. La pauta que [pueden] aplicar a una situación… el protocolo que tiene que seguir cuando hay una historia de abuso de una niña”.

“Por ahí creo que sí mis hijas y la tuya van a tener algo” de educación sexual, me dice. “Aún cuando el sistema esté tan cerrado en estos temas”.


¿Qué debe pasar ahora?

Al inicio de este proceso, yo imaginé que los que se oponían a la eliminación del PASI estarían abogando por su reinstalación, tal y como existía antes. Pero como todo en este reportaje, es mucho más complejo.

Para dar solo un ejemplo: ¿Era correcto que los profesores de ciencias se encargan del tema? ¿Era mejor que se impartiera en una sola clase, en vez de como tema transversal? Para Edward Ramírez, un orientador con 27 años de trabajar para el MEP—y quien fue parte de un equipo de unos 20 “multiplicadores” capacitados en el tema que, sucesivamente, capacitaron a los docentes del país sobre cómo introducir el tema en sus materias entre el 2001 y 2012—ese trabajo transversal fue mucho mejor que lo que se hizo luego con el PASI.

“Cuando hablábamos de sexualidad integral, hablábamos de esto no solamente desde el punto de vista biológico, sino también desde el punto de vista social, emocional, hasta espiritual”, me explica Edward. “¿Cómo meto el tema de sexualidad en matemática? Bueno, hablemos de estadísticas—por ejemplo, de infecciones de [enfermedades de transmisión sexual]—cómo los porcentajes se han ido incrementando o disminuyendo, la cantidad de embarazos de adolescentes… en Cívica, en Estudios Sociales y lo que sea, había muchas formas de ir metiendo el tema de la educación integral de la sexualidad”.

Dice que a su criterio, es mucho más eficaz incorporar este tema importante a diversas materias, y así evitar que un solo docente—el de ciencias—tal vez esté incómodo con el tema, o lo imparta con sesgo, un problema que fue detectado por la evaluación INAMU y mencionado por personas estudiantes que respondieron a nuestra encuesta.

Parte del problema, y tal vez uno de los grandes aprendizajes de todo este proceso, no tiene nada que ver con la sexualidad en sí. Es la falta de claridad sobre el impacto de los programas de estudio cuando no son evaluados regularmente mediante exámenes, ni encuestas, ni estudios rigurosos. 

¿Cuáles fueron los conocimientos adquiridos por los participantes del PASI? ¿Cómo se va a evaluar ahora los resultados del nuevo Programa de Educación para la Paz? ¿Cómo vamos a poder entender, como país, el impacto de estos cambios si no contamos con más información? 

¿Cómo se puede hacer un trabajo más proactivo en vez de esperar a ver si la tasa de embarazos o de enfermedades sexuales vuelven a subir?

“De las cosas que yo lamento es que no hicimos suficiente trabajo de evaluación, y que después tampoco ha habido,” dice Leonardo Garnier. “Son evaluaciones de largo plazo, y los gobiernos son muy cortos”.

Terminamos hablando, no de derechos ni de embarazos, sino de cómo podría funcionar un sistema de evaluación que sobrevive a los gobiernos. Leonardo piensa en voz alta: podría vivir dentro del Ministerio de Planificación. O se podría fortalecer a la Dirección de Gestión y Evaluación de Calidad del MEP para que mida el impacto de los programas de estudio de manera más profunda. 

O bien, “en muchas discusiones que hemos tenido con la gente del Estado de la Educación y con las universidades existe la idea de que el MEP no debiera evaluarse así mismo. Esa dirección de evaluación debería convertirse en… un instituto de evaluación de la educación que pertenezca al Consejo Superior de Educación y no al MEP, y que tenga entonces esa permanencia en el tiempo”.

Mientras tanto, los estudiantes seguirán pidiendo información sobre la sexualidad.

“Comencé mi vida sin experiencia,” dice una persona que respondió a nuestra encuesta, y que asistió a un colegio público en San Sebastián, San José, 2019-2024. “Todo lo que tenía era lo que había visto en la pornografia alguna vez. Eso es algo que va más allá de la institución, ya que en casa no me contaron nada sobre mi sexualidad nunca”.

“No tuve clases de educación sexual por ningún medio por parte de mi institución”, dice otro, quien asistió a un colegio público en San Rafael de Oreamuno, Cartago, entre 2021-2025. “Lo que sé en este momento es gracias a medios como Google qué me permiten acceder a artículos e información certera”.

Entre el 2020 y el 2024, la cantidad de embarazos de niñas y adolescentes siguió bajando: de esos 222 niñas de 14 años y menos, y 5.920 adolescentes, en el 2020, a 146 y 3.909 en el 2024.

¿Seguirá bajando?

¿Cuáles métricas faltan en esta conversación?

¿Cuáles ni estamos midiendo?

V. Compare el programa eliminado con el programa actual

¿Qué contienen los programas de estudio que tocan temas de educación social en Costa Rica? ¿Qué se encuentra en el Programa de Educación para la Afectividad y Sexualidad Integral (PASI), implementado del 2012-2025, y el nuevo Programa de Educación para la Paz y Convivencia, que los estudiantes están recibiendo ahora? 

Comparar dos programas con estructuras y lenguaje diferentes es complejo de hacer. Después de estudiar ambos programas, decidimos enfocar en este resumen en dos componentes de equivalencia aproximada. 

Es importante mencionar que los contenidos a continuación no son un análisis comparativo profundo de estos Programas, sino nuestro mejor esfuerzo como periodistas para darles una idea de algunas de las diferencias principales entre estos programas.

Los datos del PASI son tomados del documento “Programa de Estudios de Educación para la Afectividad y Sexualidad Integral, III Ciclo, 2017”, facilitado a El Colectivo 506 por Oscar Valverde, director ejecutivo de la Fundación Paniamor.

Los datos del Programa de Estudio, Educación para la Paz y la Convivencia, son tomados de un documento suministrado por un educador del Ministerio de Educación Pública. Se llama “Tomo I Macrocurrículo Programa de Estudio, Educación para la Paz y la 

Convivencia, Viceministerio Académico, Dirección de Desarrollo Curricular, Versión final aprobada por el Consejo Superior de Educación. Sesión 5-2025, acuerdo AC-CSE-42-05-2025 del 27/01/2025”.

La ejes principales de cada programa

El primero de esos dos componentes de equivalencia aproximada son los ejes principales de cada programa, llamado “ejes temáticos” en el PASI y “ejes transversales” en el Programa nuevo.

Si los programas fueran libros, estos serían como la tabla de contenidos—los capítulos grandes que los docentes tratarán durante el año.

Como los nombres de los programas indican, todos los tres ejes y ocho sub-ejes del programa 2012-2015 se enfocaban en afectividad y sexualidad integral; de los seis ejes del programa nuevo, publicado en el 2025, solo el último de los cinco se enfoca directamente en la sexualidad.

Y, ¿qué aprenden? Capacidades que los estudiantes deben adquirir

El segundo elemento de equivalencia aproximada entre los dos programas, según nuestra apreciación, son los “criterios de evaluación” en el programa 2012-2025 (PASI) y los “indicadores del logro” en el programa nuevo. Aunque hay muchas diferencias en las estructuras de los dos programas, estas categorías dan una idea general de las capacidades que se desea que los estudiantes adquieran. 

Para crear la tabla a continuación, revisamos los dos Programas y seleccionamos las capacidades que nos parecen relevantes al tema de afectividad y sexualidad integral. Se ven menos capacidades (o “indicadores del logro”) en el lado del Programa nuevo porque, como vimos en la sección anterior, la sexualidad es solo uno de seis ejes—en cambio, en el PASI, todos los ejes y sub-ejes estaban relacionados a la sexualidad y afectividad. 

También hemos eliminado ítems que eran muy repetitivos (por ejemplo, en el PASI en octavo año, hay diferentes criterios de evaluación para reconocer la importancia de las relaciones, establecer estrategias para mantenerlas, y valorarlas; mantuvimos solo la primera). Agregamos letra negra para facilitar la lectura. Lo que no hemos hecho es modificar el lenguaje original de los programas.