

Sembrar esperanza en tiempos de sequía
El hambre golpea a quienes ya estaban excluidos en Honduras, no cae como lluvia del cielo. El hambre la sufren campesinos sin riego, mujeres cabeza de familia, niños, adultos mayores y comunidades abandonadas. La anunciada asistencia humanitaria del gobierno tarda como las lluvias para la siembra. Aunque de hecho no es la solución definitiva al problema de la crisis de la inseguridad alimentaria.
No basta hacer propaganda electoral anunciando ayuda, hay que garantizar que sea real y que se entregue a los campesinos con total transparencia. Cada lempira debe traducirse en alimentos, agua, semillas y atención urgente a las familias afectadas por su estado de calamidad en que se encuentran.
Es evidente que las comunidades campesinas son productoras, cuidadoras del territorio y protagonistas de respuestas propias como: cuidado del agua, agricultura familiar, apoyo mutuo y organización comunitaria. Nos demuestran una resistencia admirable y ejemplar. Pero reconocerla no puede convertirse en una excusa para abandonarlas.
Y cuando el Estado o la cooperación no se hace presente, no podemos celebrar la capacidad de resistencia del pueblo como si fuera una política pública. La solidaridad campesina es valiosa e insustituible, pero no reemplaza riego, carreteras, reservas de granos, protección social ni inversión en producción.
La esperanza se construye cuando el país deja de pedirle a las comunidades que resuelvan con lo poco que tienen una emergencia que corresponde atender a toda la sociedad. La esperanza más urgente está en la tierra. Después de las pérdidas de la Primera cosecha, la siembra de la Postrera de estos meses del año es la última oportunidad que tienen nuestros hermanos campesinos para recuperar la producción y poder sobrevivir a la calamidad del hambre.
Por eso, entregar semillas de ciclo corto, fertilizantes, herramientas, apoyo a riego y asistencia técnica no pueden esperar. Lamentablemente este retraso puede prolongar la crisis alimentaria hasta el año 2027. Por eso, una bolsa de semilla entregada tarde no es ayuda, es una promesa incumplida.
La esperanza se construye con compromisos concretos. La atención urgente es fundamental: atender con alimentos la inseguridad alimentaria aguda; garantizar agua segura y acceso a agua para consumo y producción en los municipios más golpeados; entregar semillas, insumos y apoyo técnico antes de que concluyan los meses de la Postrera; informar con transparencia la entrega de la ayuda; auditar socialmente los programas de raciones y bonos para evitar clientelismo político, duplicidad de ayudas y exclusión; invertir en riego, reservas comunitarias de granos y agricultura familiar como política permanente, no solo durante las emergencias.
La esperanza no se proclama, se siembra, se riega, se organiza y se exige.
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