La Cuaresma es un tiempo para detenernos, volver al corazón y renovar el sentido de lo que hacemos. Este camino comienza reconociendo nuestra fragilidad, pero también reafirmando el compromiso de vivir una fe que se traduce en acciones concretas a favor de la justicia, la verdad y la defensa de la vida.
La celebración eucarística fue también un espacio de encuentro y comunión, en el que participaron el personal del Centro Técnico Loyola, Fe y Alegría y del ERIC–Radio Progreso, fortaleciendo los lazos que nos unen en una misión compartida al servicio de la educación, la comunicación y la transformación social desde la fe y el compromiso con la vida.


La imposición de la ceniza nos recuerda que la conversión no es solo un gesto simbólico, sino una llamada a transformar nuestras prácticas cotidianas. En nuestro trabajo de comunicación, investigación y acompañamiento a las comunidades, este tiempo nos invita a actuar con mayor coherencia, ética y sensibilidad frente a las realidades de exclusión, violencia y despojo que viven los pueblos.

La Cuaresma nos impulsa a no ser indiferentes. Oración, ayuno y solidaridad se entrelazan con la responsabilidad de informar con verdad, de denunciar las injusticias y de acompañar los procesos de quienes defienden su territorio y su dignidad, manteniendo viva la esperanza en medio de contextos complejos.
Que este tiempo litúrgico fortalezca nuestra misión y nos anime a seguir siendo una voz comprometida con la vida, caminando junto a las comunidades y anunciando, desde la fe y la comunicación, una esperanza que transforma.
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