

Fue más la bulla
Que es lo mismo que aquello de los montes que dice la antigua fábula que retumbaron e hicieron temblar todos los montes para parir un ratón. Así ha sido la visita de Nasry Asfura a la lujosa residencia del presidente de los Estados Unidos en el recién pasado fin de semana.
Las expectativas eran desbordantes, comenzando por la antesala llena de elogios de que un presidente hondureño era invitado de honor, en una visita a la residencia particular visitada solo por personalidades distinguidas, como es el caso del mandatario de Argentina, Javier Milei, y como ocurrió en varias ocasiones con el señor Jeff Epstein, depredador de menores y organizador de orgías para satisfacer altas élites empresariales y políticas del mundo.
Cuando todavía no se habían oficializado los resultados del ansiado encuentro, las redes sociales divulgaban logros impresionantes de aquella histórica reunión, de la que se decía había sido por varias horas. Se divulgó que el presidente Trump se comprometía a reconocer el TPS para los hondureños, que suspendía las capturas y deportaciones a los compatriotas, así como la suspensión de los aranceles, la instalación de 20 poderosas maquilas, entre otros compromisos en lealtad a la amistad con el presidente hondureño.
Todo se esfumó una vez que se conocieron los resultados. La reunión no pasó de 45 minutos, Trump felicitó a Asfura por los resultados electorales, y dejó claro que el triunfo se había logrado gracias a su intervención, dicho de tal manera que parecía demandar gratitud de parte de Asfura por el empujón recibido. No hubo compromisos firmes, más que expresar la amistad entre los dos países y gobiernos.
Sí quedó claro que las capturas y deportaciones seguirán, y para ello, Trump esperará colaboración de parte del gobierno hondureño, así como ratificar el compromiso porque Honduras sea una barrera de contención para el paso de poblaciones en tránsito, así como alejar de territorio hondureño presencia de países que representan amenazas para los intereses de Estados Unidos.
Fue más la bulla. Honduras queda ratificado como un modelo de patio trasero y como la célebre y paupérrima Banana Republic, destinada a vivir bajo la sombra del imperio, exportadora de materia prima, abierta a la instalación de empresas que arrancan pedazos de soberanía de nuestro territorio nacional, y a mantener la mano extendida para recibir asistencias generosas que no pasarán de ser las migajas que caen del gran banquete de epulón del norte.
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