

Por una tamaleada compartida y solidaria
Alegrémonos con los gestos pequeños que no tienen precio en el mercado. Y animémonos a promover gestos que sean luces en medio de las tinieblas del consumismo y el derroche. Abrir nuestras vidas a personas a quienes la sociedad les ha negado la posada, es un gesto de navidad. Comprometer nuestras vidas y lo mejor que tenemos al servicio de la defensa de los derechos de las víctimas es un gesto de Navidad que al promoverlo no hay manera para que lo acapare el comercio. Hay muchas familias que muy dueñas de su pobreza comparten con generosidad lo poco y pobre que cocinan, y ese es un gesto de Navidad.
Esos gestos existen. Muchas familias cocinan sus tamales y los primeros en probarlos son los vecinos, porque los primeros tamales de la hoya son para compartirlos. Con esos gestos muchas familias actualizan el milagro del compartir del que nos habla el Evangelio. Todas las familias comen de lo poco que tienen, y luego todas se dan cuenta que sobran los tamales para mucha más gente que llegará de visita. Mientras ocurre este milagro, en familias muy adineradas se cierran las puertas, se agrandan los muros y se endurecen los corazones.
Si como familias, comunidades y como Iglesia aprendemos la lección evangélica que nos dan las familias pobres con sus tamales, seguramente llenaríamos nuestros corazones de ternura y de generosidad, de comprensión y solidaridad con las víctimas. Reuniones en pequeños grupos para hablar de nuestros sueños y problemas y buscar luz en la Palabra de Dios, para buscar soluciones comunitarias y defender con la fuerza grupal nuestros derechos, son siempre gestos de Navidad.
Desde aquí anunciamos el triunfo de toda la gente humilde, de la nada contra la corriente, hasta alcanzar la fiesta de los abrazos solidarios, tan cargada de ternura y de bondades. Desde aquí anunciamos el triunfo de la gente solidaria y que este triunfo nunca jamás admita, por siempre y para siempre, ningún regalo que tenga precio y menos que se tenga que comprar para quedar bien o como expresión de derroche.
Desde el Eric y Radio Progreso invitamos a soñar por el mundo nuevo que brote de la Navidad de los tamales y los bienes compartidos con amor y sencillez, y desde esa tamaleada de humildad vayamos haciendo realidad el sueño de una sociedad austera y solidaria, con igual dignidad para los seres humanos en armonía con nuestra madre naturaleza y con nuestro Dios, el Señor de los Amaneceres.

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