

¿Qué hay detrás de Juan Orlando Hernández?
Según Paul Rexton Kan, un narco-estado es una nación controlada por los cárteles de la droga, cuyas instituciones encargadas de aplicar la ley lo hacen de manera parcial, y con el fin de proteger y generar ventajas para el narcotráfico.
Además, un elemento central para la existencia de un narco-estado es la simbiosis entre los grupos criminales y los funcionarios de todos los poderes del Estado, cuya cooperación les genera beneficios a ambos.
Los juicios sobre narcotráfico en Estados Unidos contra Tony y Juan Orlando Hernández, así como la confesión de culpabilidad de Juan Carlos “El Tigre” Bonilla y Mauricio Hernández Pineda, nos dan una pequeña muestra sobre la profunda penetración del narcotráfico en Honduras.
Si bien es normal sentir una especie de alivio de que la justicia estadounidense está desvelando los vínculos políticos con los cárteles de la droga, el hecho de que un expresidente esté siendo juzgado por sus supuestas actividades delictivas de criminalidad organizada debe llamarnos a la reflexión.
Para llegar a la cúspide del narcotráfico, Juan Orlando Hernández tuvo que tener una inmensa estructura que movía los hilos de la policía, de las Fuerzas Armadas, de las aduanas, del Poder Judicial, del Ministerio Público y de la práctica totalidad de las instituciones del Estado.
Todas esas estructuras de una u otra forma siguen intactas y es algo que debe preocuparnos porque, aunque una posible condena a Hernández envíe un mensaje contundente, a la ciudadanía hondureña nos toca identificar y exigir la desarticulación de esas estructuras criminales que lo han acompañado.

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