

“Tantos vigores dispersos”
La expresión es del poeta Rubén Darío. Y nunca mejor traerlo en este tiempo para identificar lo que ocurre a los sectores sociales en Honduras. Muchísimas organizaciones e instancias sociales, cada una con su agenda propia. Y cada una viéndose a sí misma, o viendo a las demás desde su propio interés.
Cada organización tiene su plan de trabajo o su planificación estratégica, casi siempre apoyada con fondos de la cooperación internacional. Y cada una de las organizaciones o instancias convoca a las demás a lo suyo. Cada una dice lo mismo. Es una actividad súper importante y estratégica, no pueden faltar. Y realmente es muy importante porque la temática es nacional y potencialmente dinamizadora. Pero cada organización la planifica desde ella misma, desde su propia mirada, desde su perspectiva, sin contar con el tiempo y la disponibilidad de las demás. Los liderazgos nacionales quedan consumidos en dinámicas internas absorbentes.
Abundan los nombres, frentes de lucha, coaliciones, convergencias, plataformas, redes nacionales, asambleas de lucha, en fin. En los encuentros se habla mucho, abunda el palabrerío raro que ha inventado la cooperación. Los entusiasmos florecen como los rosales en las primaveras, cada quien comparte sus euforias particulares como si el país entero fuera un eufórico almácigo de triunfos, aunque nos caiga encima una extrema derecha rapaz y fascista.
Se trabajan temas nacionales. Pero cada organización acaba reduciendo todo a sus capacidades y dinamismos. Todo se convierte en un proceso interminable de agotamiento. Así vamos, víctimas de las agendas muy particulares, que nunca pasarán de ser múltiples vigores dispersos, y acabamos convertidos en un inmenso archipiélago anclado en un mar de angustias y problemas. Las islas del archipiélago aumentan constantemente, pero el mar sigue intacto con sus males.
En este archipiélago de vigores dispersos, cada organización anda en lo suyo. Hemos perdido, sin darnos cuenta, la visión de país, la capacidad para encontrarnos y de construir una agenda que no dependa de la agenda particular. Eso sí, en donde coinciden las agendas de muchas de estas instancias subvencionadas es en diciembre, parte de enero y en Semana Santa. Son fechas sagradas, quizá por la impactante devoción a las posadas, al Niño Dios y al santo entierro.
Hemos perdido la capacidad para hacernos un solo racimo, justamente cuando más lo necesitamos. Por eso, resuena con más peso y validez el exigente verso del poeta Rubén Darío que nos dice a todos los sectores sociales hondureños: “Únanse, brillen, secúndense tantos vigores dispersos”.
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