
Jairo Bautista
Estudiante de Sociología y promotor social en el ERIC-SJ
Nace en la cima de la montaña, entre bosques, espíritus y árboles ancestrales. El río Humazones es guardián de poblados y un sinnúmero de historias. Lo custodian jutes, chuntes, camarones, mapaches, pizotes y enormes árboles que cada noche se reúnen para embellecerlo con sus conversaciones y desafíos. Esos árboles viajeros del tiempo cargan en sus semillas sabiduría ancestral y esa conexión con el universo.
De su verde agua y afluente surgen diversas historias y leyendas: cada noche de pesca trae un sabroso desayuno con camarones y chuntes y algún tepemechín que se acerca a husmear. También de aquí sale la señora que, por el cambio climático, ahora solo lava ropa en la noche y, por esa molestia, asusta a un par de destructores del bosque. Algunos le llaman la señora sucia, pero seguro está más limpia que muchos políticos en Honduras.
Este río recorre parte de la Cordillera Nombre de Dios, entre los departamentos de Atlántida y Yoro. Los abuelos cuentan que en 1950 la montaña siempre estaba arropada con una espesa cobija de neblina y llena de lluvia, pues todos los días había lluvia. Más de alguna vez, en El Progreso o en Tela, seguramente han probado alguna fruta, verdura o, por qué no, algún tipo de carne de animal silvestre cosechado en estas montañas. Quizás otros reconozcan el buen gusto de la comida hecha en hornilla y donde desde esta cordillera se ha proveído esa leña; o la arena, piedra, madera y otros materiales para construir viviendas. Todos tenemos que agradecer a la naturaleza, pues de ella venimos y a ella volveremos algún día.
La naturaleza es siempre bondadosa y es generadora de vida. ¿Quién no ha disfrutado del rico verdor de los bosques que logran visar a lo lejos en carretera? ¿O de darse un chapuzón y quitarse el calor en esos días de verano en alguna pozona, río o cascada? Uf, tantos remansos de infinita paz.
Esa señora “sucia” o nosotros en algún momento nos hemos preguntado: ¿qué hacen los políticos para proteger esta cordillera y este río? ¿son solo un eslabón de intereses mezquinos de grandes corporaciones o como pueblo consciente toma prestado un bien de esa naturaleza? ¿qué hace usted? ¿qué hago yo para protegerla?
La historia hondureña está marcada por enormes concesiones y entrega de estos bienes, dejando atrás pobreza, violencia y división en las comunidades y concentrando el poder en las grandes empresas y familias pudientes. Estas concesiones son consecuencia de procesos viciados y corruptos de las poquísimas consultas previas, libres e informadas, donde se viola el principio fundamental que es escuchar a las comunidades como derecho enmarcado en el convenio 169 de la OIT.
Del río Humazones y esa prominente cordillera Nombre de Dios, muchas comunidades del Valle de Sula, abren sus llaves para disfrutar de este cristal líquido, ¿sabrá esta gente que el agua que usa viaja varios kilómetros hasta su hogar? ¿sabrá tan siquiera que existe el Humazones?
Duele ver como la vida se va perdiendo en esta cordillera. Soy uno de los habitantes nacido en esta montaña y duele ver como la deforestación avanza. Quisiera imaginar que algún día mis hijos o hijas puedan darse un baño en esta agua fría, que puedan abrazar a un árbol, que conozcan el pájaro carpintero o una guatusa… ¿Quién evita su destrucción? ¿de quién depende su protección?
Mientras, el río avanza con sus energías y sus desgracias, su curso es un muestrario entre grandes contradicciones. Este río sufre la amenaza de la ganadería a gran escala, impulsada por la llegada de terratenientes y cultivadores de palma a la zona, un problema agudizado por el cambio en la temperatura y la creciente presión por cultivar la tierra. Don capital se lame la boca con sus sueños de billeteras, pues ese río y cordillera, son “una máquina de hacer dinero”.
Hoy, una tristeza invade el corazón de esos preciados bienes comunes. Enormes desafíos quedan por enfrentar. Ojalá la conciencia de estos pueblos y los espíritus del bosque se vuelva uno y puedan soñar con crear una verdadera comunidad. Es responsabilidad de todos y todas, la defensa de esta y todas las cordilleras de Honduras, con sus caudalosas pozas y ríos. El mundo no lo va a pudrir la gente mala, sino aquellos que dicen ser buenos, pero no hace nada.
El río Humazones es más que agua. Es archivo de memoria, sostén de vida, territorio de mitos. Es un espejo que refleja lo mejor y lo peor de nuestra relación con la naturaleza. Su destino no es sólo una cuestión ecológica, sino una prueba de identidad. ¿Permitiremos que su canto se ahogue en el silencio de la deforestación, o aprenderemos a escuchar su antigua sabiduría y fluir con él hacia un futuro donde las montañas vuelvan a estar arropadas y los desayunos sigan llegando, generosos, desde el corazón verde de Honduras?