

“Aquí venimos y no por un rato…”
Esta frase, que ha cobrado fuerza y relevancia en las últimas semanas a nivel internacional, expresa la firme decisión de los manifestantes de permanecer de forma indefinida en la Puerta del Sol, en Madrid, España, como parte de las protestas sociales que denuncian el impacto de la crisis de vivienda en este país europeo.
La expresión es un grito ciudadano de rechazo a los desahucios y una exigencia de expulsión de los rentistas que están desalojando a vecinos y vecinas que llevan décadas viviendo en estos barrios madrileños.
La acción de resistencia, trasladada a Honduras, se convertiría en los campamentos que, desde hace casi dos meses, han sido instalados por el pueblo garífuna de Honduras, en exigencia de que se cumplan las cuatro sentencias dictadas por el sistema interamericano de derechos humanos, que ratifican su derecho a la tierra y al territorio ancestral.
Esa acción, que parece insignificante —llevar una tienda de campaña, acompañar y plantarse frente a instituciones públicas que están defendiendo intereses de terceros, sobre todo de empresarios poderosos—, se traduce en un signo de desobediencia y resistencia de los pueblos que no están dispuestos a ceder en sus derechos.
Los campamentos de resistencia, el que se encuentra en la Corte Suprema de Justicia, en Tegucigalpa, “Viva Berta”, y el instalado en playa Uvas, en Cayos Cochinos, en el Caribe hondureño, se convierten en espacios de protesta física, pacífica y permanente para defender sus territorios ancestrales, además de exigir justicia frente a los procesos de criminlización estatal y detener el despojo de bienes naturales.
Estas tiendas de campaña no únicamente logran organizar, alimentar y sostener la resistencia, sino que también permanecen visibles como símbolos vivientes de autonomía cultural, memoria histórica y articulación comunitaria, que desafían a una institucionalidad que dejó de estar al servicio de la ciudadanía y pasó a defender los intereses del capital.
Esos campamentos y la frase “Aquí venimos y no por un rato…” son la expresión viva de que no debemos detenernos, por más desesperanzadora que parezca la realidad. Son también un impulso para recordar que únicamente el compromiso ciudadano, la unidad granítica, la movilización y la indignación frente a las injusticias permitirán que, como pueblo, despertemos para construir autonomía, solidaridad y nos fortalecernos como movimiento territorial en Honduras.
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