

La tarima que silencia al pueblo. Escuchar también es gobernar
Cada año que se conmemora la independencia, las autoridades municipales de El Progreso, Yoro, presentes en la tarima municipal, se niegan a escuchar las voces de las organizaciones sociales que participan en acostumbrado desfile del 15 de septiembre. Hay una negación rotunda a escuchar voces incomodas.
Les incomodan las consignas sociales, las pancartas y las protestas del pueblo. Por esto se sube el volumen de los parlantes para ocultar con la música las consignas y los mensajes de las organizaciones sociales que plantean demandas que no van a resolver, y muy probablemente, no les interesa solucionar.
En una democracia, la crítica y la participación de los movimientos sociales son esenciales. La protesta forma parte de la vida pública. Y la misma Constitución hondureña protege la libre expresión, emisión de pensamiento y de organización.
Por otra parte, a los señores de la tarima les da terror de que las cámaras, micrófonos y medios de comunicación dejen de estar por unos minutos concentrados exclusivamente en ellos mismos. Pero no hay que olvidar que el desfile se realiza en nombre de la población y los movimientos sociales forman parte de ella.
Se habla de independencia, pero se pretende controlar la protesta. Se habla de ciudadanía, pero se excluye a las organizaciones sociales. Se habla de unidad, pero se invisibilizan los conflictos reales. Se habla de democracia, pero se tiene terror al disenso. Se habla de patria, pero se niega la voz de quienes también trabajan y luchan por El Progreso.
A las autoridades municipales se les olvida que los campesinos, trabajadores y organizaciones populares, también tienen derecho a reclamar soberanía, justicia y una verdadera independencia.
¿Por qué las autoridades municipales no quieren escuchar la voz de los movimientos sociales? Porque quieren presentar una ciudad sin conflictos ni problemas. Señores, el pueblo no es público decorativo de los actos oficiales. Y los movimientos sociales tienen derecho a expresarse, a organizarse y a reclamar con justicia. Por esto, en el próximo desfile no deberían preguntarse únicamente qué centros educativos participarán o qué bandas estarán presentes. También debería preguntarse si la ciudad está dispuesta a escuchar a quienes tienen algo que reclamar, porque la independencia consiste también en que nadie tenga que pedir permiso para existir políticamente, y que ninguna autoridad se crea propietaria de la palabra y que las voces populares no sean tratadas como ruido.
Las autoridades municipales deben entender que escuchar la población no las debilita, sino que las hace más legítimas. Y la música que acompaña la alegría del pueblo, nunca debe ser utilizada para silenciar las demandas de quienes también forman parte de este bello pueblo de El Progreso, Yoro, “la perla del Ulua”.
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